Roommate stories

Roommate stories

Hay pocas actividades que realmente te enseñan sobre una persona: estas son viajar, porque conoces la actitud de tu compañero durante los malos ratos, el estrés y la euforia; ir a campamentos o misiones, porque verás el estado físico real acompañado de cansancio y sudor; y vivir con alguien. Al convivir en un mismo espacio con alguien podemos ver genuinamente las manías, las malas mañas, las rutinas, las actitudes y las cosas raras que cada persona tiene individualmente.

Así hayas tenido una amiga por toda tu vida, apostamos que conocerás mil cosas que no sabías al convivir una semana con ella en una misma habitación de hotel, casa o carpa.

Para esta edición de #CuéntameMás, decidimos recopilar historias de aquellas amistades que nacieron o se deterioraron, riñas que sucedieron y anécdotas cómicas que solo suceden bajo las instancias que lo ameritan. Aquí lo que encontramos:

“Me mudé a Francia por un año y durante esa etapa tuve unos cuantos roommates. Uno de ellos decidía hacerse las mejores hamburguesas a las 4 de la mañana. Cuando hablo de “las mejores” me refiero a tocineta, queso de cabra y mostaza casera. Al principio lo resentí por levantarme a esa hora por el olor a carne, pero al final terminamos siendo más amigos mientras compartíamos cervezas y birras a las 4am”. – David, 20.

“Estaba viviendo afuera y unos amigos me visitaron. Decidimos salir a rumbear y cuando nos estábamos regresando agarramos un autobús. Uno de ellos había salido con bicicleta y no la podía montar, así que siguió el autobús. En el momento que nos bajamos y llegamos al apartamento, nos dimos cuenta que no nos había seguido. Resulta que él no se dio cuenta cuando nos bajamos y siguió el autobús hasta el otro lado de la ciudad y se regresó como a las 5am a la casa” – Pedro, 20.

“Cuando viví en Francia seis meses me mudé con uno de mis amigos venezolanos. A mediados del tiempo, se mudaron al flat dos alemanes. Al principio hubo un choque cultural, pero todo se arregló cuando intentamos pelear quién podía tomar más cervezas con las ofertas que había. Orgullo venezolano contra orgullo alemán” – Daniel, 21.

“Me fui de intercambio a Inglaterra un año con una familia. El primer día que llegué, la mamá me pidió que cuidara a la hija pequeña un rato mientras iba al mercado. Cuando regresó la mamá preguntó cómo me había ido y la niña empezó a gritar que le había pegado. Esto claramente era mentira, pero entré en pánico. La mamá muy calmada me dijo que ella siempre se inventaba algo así. Con esas personitas compartí un año entero” – Sofía, 19.

Una vez que nos fuimos de misiones en Semana Santa no habían cortinas en los baños, y estos tenían espejos en frente entonces tuvimos que hacer grupos que no le importara verle el paquete al otro” – Andrés, 22,

«Le encontré un dildo negro gigante a mi roommate que le decía ‘Mi Precious'» – Isabel, 23

“Una vez mi roommate me botó de mi cuarto de hotel, cerró la puerta y puso el Do Not Disturb diciendo que necesitaba un tiempo a solas. Después lo confronté y le pregunté qué había pasado y me dijo que necesitaba hacerse la paja urgente” – Santiago, 22.

Es cierto que la convivencia no es fácil, pero hace la vida mucho más entretenida. 

TheA logo
Más artículos
ulay-marina-abramovic-corazon-roto
Dejarás un corazón roto tras de ti y eso está bien