#CuéntameMás: Los mejores y peores cuentos de ‘stalkers’

#CuéntameMás: Los mejores y peores cuentos de ‘stalkers’

Stalker tú, yo, nosotros, vosotros y ellos.

Que lance la primera piedra aquel que nunca ha «stalkeado» a alguien.

Sí, por cierto que en este artículo utilizaremos esta apropiación cultural del inglés, y la adaptaremos y conjugaremos a nuestro antojo.

Volviendo al tema.

Nadie puede, ¿cierto?

Es más, ya el tema no es quién «stalkea», todos lo hacemos. Ahora la cosa se mide más por el grado de stalkers y es ahí donde surgen los cuentos más locos.

En este tema cada vez sale gente más talentosa. Gente que puede averiguar una vida entera consiguiendo hasta documentos de matrimonio y de divorcio, en menos de diez minutos.

Si el FBI consiguiera este tipo talentos para colaborar con ellos, estoy segura no habrían cold cases por ahí.

Como este es un mal moderno, además de ser un tema que escuchamos con nuestros amigos prácticamente todos los días, me propuse a buscar las mejores y peores historias de «stalkeo» y traérselas en este #CuéntameMás.

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“Tengo una amiga que es super pro en este tema, tiene como siete cuentas distintas para stalkear a la gente y todo se le daba súper bien, hasta que un día estaba bastante deep con el «stalkeo» y se le olvidó que estaba en una de sus cuentas falsas, y le empezó a hablar a un chamo con el que estaba chanceando y al que «stalkeaba» muchísimo por ahí. Obviamente el tipo se dio cuenta y ella de la vergüenza decidió no escribirle más nunca”. -StalkerProbs.

“Una amiga estaba saliendo con un tipo casualmente, y sospechaba que el tipo andaba con otra chama. Me pidió que siguieramos a la chama desde una cuenta que ella manejaba y después de mucho insistir, la chama terminó aceptándonos. No vimos nada del otro mundo, y como habían muchas fotos de viajes en su feed pensamos que no vivía en el país. Total, ¿quién vive en Venezuela? (risas). Resulta que nos habíamos mega equivocado, no solo la chama vivía aquí, sino que estaba casi que empatada con el chamo y mi amiga era prácticamente el cacho. Un paquetón”. -Michelle.

“Yo «stalkeaba» a una chama en la universidad desde un Instagram falso. No era mi amiga ni nada, era mi compañera de salón y a veces hablábamos. Un día me está comentando cualquier cosa y yo le contesto algo tipo “sí, yo te vi”. Y la chama, con demasiada malicia me preguntó, ¿y cómo que me viste? Si ni nos seguimos. Nada caída, por siempre”, -Zoli.

“Antes de que mi amiga dejara al zopenco de su ex, ella tenía una lista de tipas a las que le tenía mente y varios Instagrams distintos para brujearlas. Un día «stalkeando» a una de las tipas, vio que había montado una foto con su novio. O sea, el novio de mi amiga. Se enteró en primera persona de manera indirecta que el noviecito tenía una relación paralela. Imposible no pensar en el el dicho de que la curiosidad mató al gato”. -Félix.

“Una vez estaba «stalkeando» a un chamo con el que estaba saliendo, pero al que no le tenía tanta confianza tampoco, y bueno, te juro que tenía mil screens para mostrarle a mis amigas y se me olvidó que los tenía. De repente yo estaba mostrándole unas fotos y boom, llegaron los screens con todas sus fotos o conversaciones que habíamos tenido. Lo vio todo. Me dio demasiada pena”. -Noe.

“Quisiera decir que solo me ha pasado una vez, pero mi pantalla está medio mala y pues me pasa más a menudo de lo que quisiera. Varias veces le he dado likes a exes de mi ex o de mi novio, fotos de hace cinco años o más, porque simplemente se me van. Además de querer quitarme el dedo, los quito, dignamente. O quizás no dignamente, pero los quito y punto”. -Maca.

“Una amiga tenía un crush que se fue a vivir a otro país, y ella no podía tolerar el no saber qué hacía el individuo en cuestión allá. Entonces resolvió abrir una página de Facebook de venezolanos en Madrid. Luego de invitar a sus contactos invitó al tipo, y lo tenía controlado por ahí. No la juzguen”. -Manuel.

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