#CuéntameMás: las peores imprudencias que has cometido

Por más que lo intentemos, y tratemos de tener nuestro lado consciente activo, nunca falta que nos distraigamos un poco y se nos salga algo que no debíamos decir. 

Es una cosa como automática y hasta algo natural. Nos ha pasado, nos pasa, y nos seguirá pasando. Solo nos queda vivir con la vergüenza eterna, y después de un tiempo, una carcajada. 

Hay cosas tontas que se olvidan. Pero hay otras, que son para anotarlas en un libro y no olvidarlas jamás. 

Mi familia por parte de mamá es conocida por ser imprudente. De hecho, mientras una prima estuvo entre los tres y doce años de edad, todos evitaban que entrara en un ascensor por miedo a lo que podía decir. 

Casos como este, sobran. Y como ella no es ni será la única, aquí les dejaré las peores/mejores imprudencias cometidas por personas que por más que lo intenten, no consiguen olvidarlas. 

Ver relacionados:

#CuéntameMás: ¿cómo lidias con las alergias?

#CuéntameMás: ‘Malhablarismos’

“En mi trabajo había una secretaria que era demasiado arreglada. Todos los días desde las 7:00 a.m. llegaba con sombras de colores, rímel, boca delineada, pelo planchado y de más. Un día me sorprendió verla súper cara lavada, y con un moño. De verdad no parecía ella. Y vengo yo de entrépita y le digo: “Ay Fulanita, pobrecita, ¿te agarró la mononucleosis a ti también?” Ella, algo confundida me dice: “No vale para nada”. Entonces insisto en mi entrepitura y le digo: “Ah no, es que te lo digo por la cara, te ves como súper enferma y acabada”. Resulta que simplemente no le había dado tiempo de maquillarse. No sabía dónde meterme”. -Manu. 

“Este caso fue al revés, no la cometí yo pero fue dirigida a mí. Un amigo de mi novio estaba pidiéndome que le presentara a una amiga. Mientras él hablaba de que la chama en cuestión, decía que ella solo salía con tipos feos. “Dígame el ex, ese negrito todo tatuado. Terrible yo no sé qué le pasa.” Y yo: «Ah, sí, cuéntame más de ese ex». El chamo seguía descargando y descargando, y yo preguntando más y más. Al rato le digo: «Mira, ese ex del que hablas, ¿por casualidad es fulano de tal? El chamo me contesta que sí, ese mismo. Y yo: «Mmm, ya, es que ese es mi primo.” La cara del tipo fue un poema. No me habló más en toda la noche”. -La rata Julia.

“Cuando voy a trabajar a la empresa de mi papá, algunos días no me siento en mi oficina sino en las computadoras con los empleados. Una de las trabajadoras, no debe haberse dado cuenta de que yo estaba ahí y empezó a hablar en voz alta, súper mal de la administración de la empresa, que de paso la llevo yo. “Es que en esta compañía el jefe y el hijo se gastan todo en almuerzos carísimos, y que por “reuniones de trabajo” con clientes. Y a uno ni lo llevan, ni le pagan suficiente”. Yo veía como los demás le hacían caras y le pelaban los ojos, pero ella seguía con su cuento. Fue cuando alguien la interrumpió, que se percató de que yo estaba ahí. Esa mujer se quería morir”. -Bernardo.

“Estaba en casa de una amiga, había un gentío, pero entre todos resaltaba una chama que no conocíamos mucho, y hablaba súper alto y era mega intensa. A la chama se le medio iba un ojo, y era raro hablar con ella, eso me tenía incómoda. Apenas se va, le digo a la dueña de la casa: “Epa, esa c*raja era burda de virola, dígalo”, y mi amiga pone una cara de tragedia y me dice, eres demasiado mala, la chama estuvo en coma mucho tiempo después de un accidente y esa fue una de las consecuencias. No hubo más que decir. Aunque no fue directo con la chama, me sentí demasiado mal”. -Caterina.

“Hace mil años estaba en una cena de parejas. Entre tema y tema, salió el de las batatas en las mujeres, ni sé por qué. Salí de lucida a decir y que “sí, como las gallegas, dicen que todas tienen las batatas gigantes”. Sale tu papá y en vez de ayudar me dice Sutaneja, (la esposa del que teníamos al frente) es gallega. Obviamente lo quería matar, pero de lo más natural dije: “Ah sí, a ver Sutaneja, muéstranos tus batatas a ver si es verdad”. (Risas). -Mi mamá. 

“Hay imprudencias muy clásicas. Impelables. Una es esa cuando te consigues a alguien que no ves desde hace tiempo y le preguntas por su novia o novio, y te dicen con un carómetro: “No sé maric*, terminamos hace tres meses”. La otra es cuando ves a una mujer y le dices: “No sabía que estabas embarazada” y ella que si, “solo estoy gorda.”” -Jon. 

“Cuando mi esposo estaba chamo, su mamá le pidió que la acompañara a visitar a un primito recién nacido. Después de conocerlo, al salir de la habitación, mi esposo le dice a su mamá sin percatarse que tenía a una tía del recién nacido atrás: “Oye mamá, qué muchacho tan feo”. La mamá en crisis empieza a pelarle los ojos exageradamente y le dice: «¿Por qué, hijo?». A lo que el respondió, tratando de enmendar la situación: “porque no tiene los ojos azules””. -Imprudencio. 

“La señora que trabajaba en mi casa acababa de tener una bebé, y les juro que el nombre era tan extraño, para no decir horrible y tan complicado, que todo el mundo pensaba que era mentira. Mi prima era una de esas. Yo le repetía el nombre y ella nada que me creía. En una de esas me obstiné, y me dio un arranque por preguntarle directamente a la autora del nombre, sin consultarle a mi prima. Empecé a decirle: “Mira, Pereceja no me cree que tu hija se llama así, dile que es verdad”. Mi prima queriendo morirse trataba de arreglar la situación diciendo: «Pero claro que te creo, cómo no te iba a creer te estaba echando broma». Y yo, sin querer, seguía hundiéndonos y que “si eres mentirosa, no me creías y punto, dile la verdad.” -Vane. 

Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed
TheA logo
Más artículos
#CuéntameMás: ¿qué fue lo mejor del 2018?