La peor rumba a la que has ido

La peor rumba a la que has ido

No puedo recordar cuándo fue que me empezaron a gustar las fiestas, piénsenlo, es un evento en el que mucha gente (la mayoría son desconocidos) se reúne para consumir cantidades preocupantes de alcohol, escuchar música y hablar paja genéricamente. ¿Nos sirve de algo? No realmente, pero cómo nos hace sentir bien.

Creo entonces que me gustó “rumbear” (si así podría llamarse considerando que el alcohol tiene un poder en mi que no dejo que use mucho) en el momento exacto en que la vida me comenzó a dar coñazos. Porque es en esos duros momentos de la pubertad donde tomar alcohol, escuchar música y hablar paja genéricamente se convierte en tu faro de luz, en tu salida de emergencia y sorpresivamente funciona. Tanto, que uno sigue rumbeando hasta pasados los treinta y bueno, supongo que a los cuarenta no se llama “rumbear” precisamente, pero lo seguimos practicando.

Sin embargo hay ocasiones en las que nuestras expectativas con respecto a las salidas de emergencia son demasiado altas y fallan rotundamente en la única función que les damos a las rumbas, que es hacernos felices (momentáneamente al menos). Casi siempre es por gente showsera, otras veces es porque la que monta show eres tú y la mayoría de las otras veces es porque no hay ningún show, ni ningún nada.

Estas personas te cuentan sus experiencias, caídas y faltas en rumbas que terminaron siendo memorables, pero no como ellos pretendían.

“La peor rumba a la que fui fue en casa de una amiga de mi novio, y estábamos tan borrachos que los invitados destrozamos por completo el baño de visitas. Yo reventé el mango de las puertas corredizas de la ducha, alguien se encargó de reventar el lavamanos (sí, despegarlo de su sitio), otro borracho acabó con las dos tapas del inodoro, y eso sin contar el vómito regado everywhere. Básicamente fue la pesadilla de cualquier padre” -Daniela.

“Mi mejor amiga pasó como 2 semanas diciéndome que me preparara para la rumba que íbamos a tener de un amigo de ella y al final termino siendo el cumpleaños del chamo con TODA su familia, ella, dos primos, un amigo y yo… fue horrible” -María Victoria.

“Una vez fui a un ‘zapateo’ loco en La Lagunita donde hubo una pelea de gallos (literalmente gallos peleando) y una amiga hizo pipí en una vasija china súper importante para la familia. Ahora que lo recuerdo, no fue una mala rumba, solo me dejó muy confundida” -Rebeca.

“Verga, ¿mala rumba? Una cervezada de la Universidad Central que hicimos en la Federación Médica de Venezuela y una semana antes había terminado con mi ex. La jeva se había llegado a esa vaina también, entonces se puso a bailar y a zamparse con cualquier carajo frente a mí a propósito y luego, como la vaina era hasta las 2:00a.m., nos fuimos caminando por todas Las Mercedes para buscar un lugar en el que meternos hasta que amaneciera. Pero todos ya estaban cerrando las puertas así que caminamos hasta el Molino y como era noche de Reggae, terminamos de amanecer ahí viendo negras wirchas bailando reggae y a las que les faltaba media dentadura (not joking)” -José Alejandro.

“Una rumba ‘Lleva tu Cava’ a la que no llevé mi cava” -Ainoa.

“Una vez en casa de un pana, estábamos echando vaina y todo el mundo enmarihuanado y a las 3:00 a.m. más o menos ha llegado el olor al cuarto de sus padres, así que bajó el señor en muletas a sacarnos. Yo estaba muerta de la vergüenza y nos dijo que que nos fuéramos ya. Lo que hicimos fue meternos en los cuartos bien callados y a oscuras, ahí nos quedamos hasta que amaneció” –Stephanie.

“Fue un after party en casa de un compañero de trabajo. Llegamos a como a las 10:00 p.m., compraron ron y estuvimos viéndonos la cara en la sala como hasta las 12:30 a.m. que me acosté. FIN” -Gabriela.

“Cualquier rumba que incluya un baño portátil” -Mafe.

Igual, ¿a quién engañamos? Nos encanta rumbear sin importar las pálidas que hayamos sufrido.

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