First Date F*ck Ups, parte 2

First Date F*ck Ups, parte 2

Las primeras citas pueden ser tan emocionantes y divertidas como lo pueden ser incómodas. Después de todo, lo más seguro es que no conozcas a la persona a fondo (quizás son unos cretinos, quizás no), y probablemente algo salga mal en términos de logística, vestuario, química y hasta las señales que se manden entre sí.

Muchos dicen que las primeras citas son para conocerse, pero estamos seguras que en los cuentos a continuación estas personas no hubiesen querido conocer al otro nunca en sus vidas.

“Estaba viviendo en Italia y era la primera vez que usaba Tinder (porque todo el mundo lo usa allá). Hice ‘match’ con un tipo que se veía bellísimo y cuadramos para encontrarnos en el Duomo para ir a una pizzería. Total que no era tan bello como su foto, y a la mitad del viaje en autobús me dice algo sobre que la pizza estaba lista… no estábamos yendo a una pizzería, ÍBAMOS A SU CASA. Como ya tenía la pizza en el horno y me dio pena cancelarle, terminé yendo. Después me intentó lanzar la cara y le dije que quería alcohol. Me fui lo más rápido que pude” – Sofía, 20.

“Estaba llevando a la niña que invité a salir a comer, cuando fui a dar la vuelta en una subida empinada el caucho se dobló y casi nos morimos. Lo más cercano que estuve a acción ese día fue conseguir una grúa” – Andrés, 20.

“Saqué a comer a una niña y me dice que la estaban invitando a una reunión de su primo. Cuando llegamos, resulta que era una reunión íntima familiar con abuelos y tíos, que ninguno falló en preguntarnos si éramos novios. Fue muy incómodo” – Santiago, 22.

“Había un tipo comiquísimo al que le gustaba que me invitó a salir al teatro porque supuso que era una tipa letrada. Mientras estábamos en la cola él estaba súper incómodo, no habían momentos light por más que intentara mejorar la situación. Cuando empezó la obra, me sentí mejor porque podía pretender que él no estaba ahí. Resulta que la obra interactuaba con la audiencia y le pedía que se sostuviera de manos con la persona a su lado y que cerrara los ojos por un momento. Resulta que en ese momento intentó lanzarme la cara pero lo sentí y me moví. Lo volvió a intentar cuando me dejó en mi casa, lo volví a rechazar y más nunca contesté ninguno de sus mensajes” – Ana, 20.

“Invité a salir a una niña a comer, resulta que todo iba bien hasta que me dijo que estaba interesada en un amigo mio y que había aceptado salir conmigo para acercarse a él… no comments.” – Andrés, 19.

“Un chamo me invitó a un restaurante y como no tenía plata le dije que no iba a comer. Él me dijo que me invitaba y cuando llegó la cuenta, ninguna de sus tarjetas pasaban. Tuvo que llamar a su papá a que viniera a pagar la cuenta mientras que la seguridad del restaurante no nos quitaba el ojo de encima” – Carmen, 19.

“Mi mejor amigo me invitó a comer helado y yo pensando que era como cualquier otra vez que salimos como amigos, fui y se me declaró. El resto es historia, se imaginarán el trayecto a mi casa” – Carolina, 23.

“Este niño que conocí en un fin de semana espiritual (de esos católicos) me invitó a salir y pensé ‘¿por qué no?’. Total que primero me llevó a casa de un cura que cumplía años y unos días después me invitó a cenar. Fue rarísimo. El tipo apenas se montó en el carro me agarró la mano y se la quité, y después de la cena en el carro se me lanzó encima de manera insistente. Nunca me había pasado algo así y menos me lo esperaba de alguien como él. Lo aparté bruscamente y me bajé del carro. Más nunca quise escuchar de él.” – María Teresa, 20.

“Salí con un tipo a un restaurante y cuando llegamos era una reservación de mesa compartida. Las otras personas en la mesa eran mi ex con una tipa” – Andrea, 23.

“Un tipo que me estaba cayendo me invitó a salir a un restaurante carísimo. Estaba medio nerviosa con el precio de las cosas pero él me dijo que pidiera lo que quisiera, que él invitaba. Resulta que a la hora de pedir la cuenta me dijo que saliéramos corriendo del restaurante, porque él no iba a pagar y que una vez afuera agarráramos un taxi. Ni loca iba a hacer eso, entonces llamé a mi papá, le conté la situación, vino a pagar y casi mata al niño” – Anónimo, 24.

“Estábamos caminando por la calle. Pisé pupú de perro. Olió por el resto de la cita” – Lucía, 22.

Muchas de estas personas no estuvieron en su mejor momento, mientras algunas de estas historias clasifican directamente a una de las peores situaciones de su vida.

Ah… las primeras citas. Nunca tendremos suficiente de ellas, por eso nos hizo falta un segundo artículo. Si quieres disfrutar más de la incomodidad de otras personas, lee nuestro otro artículo.

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