#CuéntameMás: cuando lo paranormal nos falló

#CuéntameMás: cuando lo paranormal nos falló

Todos hemos vivido algún encuentro cercano con el mundo paranormal que al final del día no estaba tan cercano a los fenómenos antinaturales como creíamos. Específicamente nada cercano, para ser honestas: más como un trauma infantil alimentado por las películas de terror que nuestros papás nos prohibían ver.

Sin embargo, eso no nos impidió alarmar a nuestras amigas con nuestras historias de supervivencia y con una que otra leyenda urbana en una pijamada de esas que tendían a ser hasta altas hora de la noche.

Estas, por supuesto, también incluían los cuentos de ‘una amiga de una amiga que es prima del tío de mi mejor amigo de la infancia’.

Esta vez, le preguntamos a las mismas ‘amigas de una amiga’ el lado de la historia que no llegó a nuestros oídos cuando éramos pequeñas. Con ustedes, las historias menos paranormales del mundo paranormal:

“Estaba en un viaje familiar, se fue la luz y empezaron a sonar cosas raras. El cuarto de mis papás quedaba muy lejos y tenía tanto miedo que terminé durmiendo en el clóset tapada con sábanas para que nada me atacara. Resulta que la mañana siguiente me enteré que era que la parte de abajo estaba alquilada y había gente llegando y haciendo ruido” -Bárbara.

“Una vez estaba viendo la segunda película de Paranormal Activity con mis primos y el DVD no quería leerla; después de intentarlo un millón de veces la pantalla se puso gris con interferencia y se fue la luz. Solo fue Venezuela siendo Venezuela pero todos terminamos durmiendo juntos” -Javier.

“Era la primera vez que mi papá me dejaba usar el carro en la noche y me fui a rumbear con mis amigas. En la madrugada, cuando estaba intentando dejar a una de ellas en su casa, estaba un poco ebria y los seguros “no se abrían”. No importaba qué hiciéramos, estamos atrapadas en una calle sola y con demasiados ruidos fantasmagóricos. Mi amiga empezó a llorar ni sé por qué y mi mente empezó a asumir que La Llorona podía acercársenos. Resulta que hasta el día de hoy no sé qué le hice a los seguros pero estoy clara de que nada tuvo que ver con las mentes que nos hicimos borrachas. Igual dejé de manejar de noche como por dos meses” -Gabriela.

“Cuando tenía como diez años, acababa de ver El Aro (la película) y me acosté a dormir en el cuarto con mi abuela porque tenía miedo. Me paré en la madrugada y juro que vi la forma de un círculo en la pared, como sombras, obviamente pensé que era la niña del aro que iba a salir por ahí. Años después me enteré que la ventada de mi abuela no sé como c*ño refleja esa forma, pero lo hace” -Luis Ignacio.

“Hace poco estaba hablando por celular en la cocina (se ve un poco hacia mi cuarto desde ahí) y juro haber visto un niño chino sentado perturbantemente en mi cama. Yo no sé si fue verdad o me la fumé, pero toda esa semana se me perdieron como mil cosas y siempre que me quejaba mis papás me decían que fue el chinito” -Helen.

“Estaba en plena carretera y se nos cruzó un señor y lo primero que grité fue ‘¡el silbón!’, súper alterado. Después respiré y me di cuenta de que fue la cosa más estúpida del mundo. Todavía me fastidian con eso” -Gabriel.

Por experiencia propia, y ahora ajena, lo mejor para cuando nuestras mentes comienzan a armarse el próximo libro de Stephen King, es huir de la escena del crimen e invadir la cama de tus papás con la excusa de que los extrañas.

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