#CuéntameMás: aversión a las tareas del hogar

#CuéntameMás: aversión a las tareas del hogar

No sé realmente si es un problema millennial, pero sé que afecta a gran parte de la generación que viene después de nuestras abuelas y mamás. El tema de las tareas domésticas, léase, TODAS las tareas domésticas, es un dolor de cabeza para más de uno.

Desde hace aproximadamente cinco años colaboro en mi casa, y hasta el sol de hoy no sé absolutamente nada de esas reglas que deben seguirse para poder lograr ser la role model en la categoría amas de casa perfectas.

Simplemente no me interesa qué tipo de gancho es el más adecuado para guindar un pantalón. Tampoco que ciertos colores no deben ir con otros para evitar que se destiñan en la lavadora y terminemos con un montón de camisas noventeras, teñidas estilo hippie.

Por más que me griten y me lo repitan 19.405 veces, sigo sin saber qué tipo de pantalones NO pueden ir en la secadora. En mí no existe ni un mínimo de interés en saberlo, esas cosas se hacen más por instrumento que por lógica (aunque los resultados digan lo contrario).

Por eso en este #Cuéntamemás hablaremos de la aversión a las tareas del hogar que compartimos algunos:

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“Mis talentos en la cocina consisten en hacer café, sánduches, cereal y quemar cotufas. Ni las arepas me salen bien”.- María Teresa.

“Recién mudada a un nuevo país, me tocó limpiar el baño a fondo por primera vez. Debía hacer como un esquema para no pasar por donde acababa de limpiar, pero realmente no estaba muy clara de eso. Como no quería pasar coleto se me ocurrió lanzar un tobo de agua para que se fuera por el drenaje, pero resulta que el drenaje estaba tapado y se mojó todo lo que estaba en el piso porque se me había olvidado sacarlo. Mientras más trataba de limpiar más ensuciaba y se mojaba todo. Después de como tres horas lo logré y quedé fulminada. Una vez acostada llama el vigilante a decirme que hubo una explosión en el apartamento de arriba, cuando entré a mi pulcro baño a revisar: estaba saliendo tierra del espejo por culpa del vecino. Todo se había j*dido”. – Gabriela.

“Una vez me estaba preparando el almuerzo y dejé la olla esperando a que hirviera. Me distraje y entre una cosa y otra ya el agua se había evaporado. Le puse más y metí la pasta. Luego subí a mi cuarto un rato y realmente se me olvidó que estaba cocinando hasta que empezó un olor insoportable. Había pasado más de una hora, y obviamente mi pasta estaba toda chamuscada y la olla más pegada imposible”. – Yri.

“La última vez que usé la secadora metí absolutamente todo sin ver que algunas cosas eran de secar al aire libre. Cuando las saqué y mi mamá se dio cuenta empezó a gritar como loca. Le había encogido tres pantalones”. – Oriana.

«Si hay algo que he aprendido de las labores del hogar es: nunca barrer descalza. Una vez estaba barriendo, y pisé una cucaracha. Se podrán imaginar. Juro que me lavé el pie como cinco horas seguidas, casi que me pongo cloro. Hasta llegué a cuestionarme su utilidad porque estaba dispuesta a cortármelo». –Verónica.

“Un día estaba lavando ropa y de la nada la lavadora empezó a echar agua como loca. Se rompió un tubo y salía a presión agua con espuma por todos lados. Aunque reaccioné de inmediato ya el mal estaba hecho, toda la casa y los muebles estaban mojados. Entonces me tocó pasar horas secando toda la casa, además de tener que lavar a mano como por dos semanas. Mis uñas no me lo agradecieron”. –Indira.

Evidentemente, somos más los que sufrimos de esa aversión, aunque nunca falta una Bree Van de Kamp en nuestras vidas.

Solo nos queda rezarle a los dioses de la limpieza para que nos iluminen, y al menos nos protejan de encoger la ropa a toda la familia.

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