#CuéntameMás: Anécdotas en moteles

#CuéntameMás: pálidas que has pasado en moteles

Entre las ventajas de vivir en el tercer mundo, donde la gasolina, las peluquerías y los cigarros son baratísimos, está también la típica costumbre familiar de salir de la casa solo y únicamente cuando nos vamos a casar o si tenemos 42 y demasiado dinero para pagar el alquiler de un apartamento.

Por otra parte los gringos, por ejemplo, le dicen good bye, chao chao, sayonara a sus padres al minuto que cumplen los 18 para largarse a la universidad, mientras tú acabas de cumplir 28 y tu mamá te sigue regañando porque no tendiste la cama.

Es más que normal tener la edad para asumir todas las responsabilidades del mundo, y que todavía tu mami te lave la ropa sucia, sobre todo en esta Venezuela donde el sueldo de un treintañero promedio alcanza para sacar a comer a la novia muy de vez en cuando.

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Y como tienes 25 años y un novio, también tienes necesidades que no puedes saciar en tu casa donde viven tus papás y tu hermanito de 18. Por lo tanto, en Venezuela, como en todos los países del mundo existen los moteles; y en este #CuéntameMás recopilamos las mejores historias dentro y fuera de ellos.

«Más de una vez me mandaron a callar «.– Marco.

«Hace años trabajaba de recepcionista en una imprenta. Me lancé una súper rumba con unos panas, y en vez de ir a trabajar nos fuimos a un motel a dormir para que mi mamá no supiera que no había ido al trabajo. Pedimos una habitación con jacuzzi y todo, fue lo máximo». – Grace.

«Después de una rumba me fui a un motel con una chama que conocí ese mismo día. Sorprendentemente ella pagó todo. Yo me asusté y la rasqué en el motel porque pensaba que me iba a sacar un riñón». – Daniel.

«Una vez en un motel de Puerto la Cruz, estaba con una chama esperando en el bar para que nos dieran la habitación. No aguantamos y nos fuimos al baño, donde había un montón de gatos. Pasó todo, y el cuento termina con los gatos lamiendo (el líquido espeso blanco que obviamente no voy a transcribir).» – Álvaro.

«Mi papá una vez me cachó una factura de un motel». – Diana.

«Una vez veníamos de viaje de Valera mi novio y dos amigos más. En Valencia, decidimos dormir en un Motel. Por estúpidos decidimos pagar solo una habitación entrando mi novio y yo, más los dos amigos en la maleta. Al día siguiente pedimos desayuno en la habitación. Cuando nos lo vinieron a entregar, la mujer nos vio a mi novio y a mí acostados en la cama, mientras uno de los amigos recibía la bandeja. La mujer se quedó impactada por mi noche repleta de hombres». – Nadia.

«Una mucama una vez nos abrió la puerta en plena acción». – Diego. 

«Una vez fui a un motel que parecía una funeraria. Me dieron una toalla manchada y hasta el papel tualé te lo daban regulado». – Angie.

«Fui otra vez al mismo motel, y en la cama había una mancha de sangre – otra vez». – Angie.

«Una vez la recepción me llamó a las 8:00 a.m. para decirme que tenían agua hasta las 9:00 a.m. y que llenara tobitos para dejarlos en el baño para el próximo huésped». – Cindy. 

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