Pensamientos inevitables cuando pierdes la virginidad después de los veinte

Pensamientos inevitables cuando pierdes la virginidad después de los veinte

La virginidad casi siempre es un asunto súper importante tengas pene o vagina. La cultura pop se ha encargado de que así sea, y bueno, nuestras mamás también. ¿Quién no recuerda esos discursos que parecen confundir tener relaciones con el pago de una deuda bancaria?

“Cuando te pidan que les demuestres el amor que les tienes, diles que no”. 

Mamá genérica

Y así lo hice mientras mis hormonas parecían buscar puros pubertos p*ndejos. Sin embargo, cuando mis hormonas parecieron calmarse, superaron la ceguera y vieron un mundo lleno de posibilidades, p*ndejos, no p*ndejos, de todo y simplemente no me pude resistir. Sorry mom.

Eso no pasó hasta después de cumplir los veinte, cuando también tuve la posibilidad de confesarme en circunstancias borrachas con otras amigas borrachas. Fue ahí donde descubrí la inmensa galaxia que separa a una chica que perdió la virginidad antes de los veinte y de una que lo hizo después de la turbulenta adolescencia.

Y descubrí que, a diferencia de una chica que cedió ante sus hormonas alborotadas, la que esperó a llegar al segundo piso, en realidad pasó por el dilema del overthinking. Lo que dio a luz a estos inevitables pensamientos.

‘Espero que este tipo realmente valga la pena estos años de espera’

Si decidimos esperar, es para no hacerlo con cualquier pene que se nos cruce por el medio. Queremos sentirnos cómodas con alguien que tenga paciencia durante lo que yo llamo «el proceso», el cual es a veces tedioso y necesitamos de alguien que sepa hacernos sentir tranquilas.

El estar enamorada es algo extra, pero estar cómodas y seguras es un must, y no cualquiera cumple con esos exigentes requerimientos.

‘Esta va a ser la mejor noche de mi vida’

Una vez que tenemos cierto tiempo esperando el gran evento, nuestras espectativas se inflan como el ego del comunismo. Imaginamos las cuatrocientas treinta y ocho posiciones que tenemos en mente hacer, además de las noventa y dos técnicas que hemos investigado, listas para ponerlas todas a prueba.

‘No puedo esperar a decirle a mi (insertar nombre de mejor amiga no virgen que se la pasa chalequeándonos)’

Dice la leyenda que por cada chica virgen de veintitantos hay otras cinco no vírgenes que te chalequearán hasta el término pierda significado. Las mamás llamaban a esta hazaña «presión social», nosotras la llamamos calvario de mal chiste o penitencia.

‘No puede ser tan difícil, ya tengo todo calculado’

La madurez nos ha hecho estudiar cualquier cosa que pueda salir mal a través de distintos materiales de apoyo: películas de adolescentes, películas eróticas y hasta pornográficas, Wiki How, Yahoo Respuestas y amigas de moral distraída.

Así que después de haber estudiado los pros y los contras, trazamos un plan estratégico e infalible para hacer del hecho lo más sencillo y menos peligroso posible.

‘Estoy demasiado nerviosa, pero eso es normal. Solo tengo que seguir los consejos de treintipico de personas’

Y como ya tienes todo calculado, también estás consciente de todas las incomodidades que puedan surgir gracias a todas las fuentes anteriores. Así que las sueles exagerar en tu cabeza sin ningún remedio excepto el pensamiento «es normal».

‘Y, ¿si espero un poquito más?’

Pero a la vez que te dices lo nerviosa que estás, también piensas en la posibilidad de atrasar el evento un poco más, por miedo y por pensar demasiado las cosas: «Total ya esperé más de veinte años, qué mal pueden hacer un par de días». 

‘Si me deja, no me voy a desangrar del despecho’

Si la primera vez es especial, entonces la primera persona con la que lo hacemos lo es aún más. Por lo que si somos sentimentalmente inexpertas vamos a idolatrarlo en lugar de enfocar nuestra atención en lo que es importante que es nuestra propia satisfacción.

Pero si esperamos a tener la cabeza menos nublada por las hormonas, entonces sabremos dominar sin exageración las circunstancias, así que no diremos estupideces como que «pero él fue mi primero» entre lágrimas.

Es más nosotras y menos, él. Porque hacerlo fue decisión tuya y de nadie más.

Esperar es una decisión que tomamos por miedo a arruinar algo que debería ser especial, sin embargo en esa sala de espera nos damos cuenta de algo mucho más importante: de verdad no importa mucho con quién lo hagas, bien podría ser tu fuckboy favorito o el amor de tu vida, lo que importa es la iluminación que buscamos solo en beneficio de nosotras.

Así que lo único de lo que podemos estar seguras es que esa noche será excelente.

En algunos casos.

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