La venezolana que se quedó y la que se fue del país

Claudia tiene 21 años y la semana que viene empieza su séptimo semestre de Economía en la Universidad Católica Andrés Bello.

Verónica tiene 22 años y el lunes comenzó a estudiar Publicidad desde cero en la Universidad Carlos Tercero de Madrid, España.

Claudia empezó su carrera con un grupo de amigos de siete personas, de los cuales uno se retiró de la universidad y cuatro se fueron del país.

Verónica se fue de Venezuela hace menos de un mes luego de una decisión apresurada y desesperada por parte de sus padres, a partir de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente.

En las últimas cuatro semanas Claudia ha ido a por lo menos diez despedidas distintas.

Verónica sale a diario por las calles de Madrid y de cinco conversaciones que escucha, dos son con acento venezolano.

Claudia consideró salir del país como gran parte de sus conocidos; pero por motivos de papeles, tiempo y reválidas universitarias, prefirió terminar sus estudios en Caracas y luego ver la posibilidad de hacer un máster en el exterior.

Verónica tiene pasaporte italiano.

Claudia fue a una fiesta el fin de semana pasado y como cosa rara, vio a las mismas personas de siempre exceptuando el porcentaje que se fue del país.

Las discotecas en Madrid están abarrotadas de venezolanos.

Claudia estudia y vende postres por Instagram.

Verónica no hacía nada con su vida en Caracas, y ahora en España le toca trabajar como profesora de inglés particular para costearse su entretenimiento en euros.

Claudia salió a marchar y manifestarse varias veces con un grupo de amigos, estando en ocasiones dentro de la parte violenta.

En casos específicos, Verónica salía a marchar con sus padres ya que estos no la dejaban manifestarse con otra compañía que no fuese la suya.

Claudia decidió no votar el domingo pasado en las elecciones primarias de la Oposición venezolana.

Verónica ni siquiera sabía que en su país hubo elecciones.

Después de hablar con media humanidad y pagar una millonada, la mamá de Claudia consiguió Harina PAN.

A Verónica casi le da un infarto cuando entró al primer automercado español.

El carro de Claudia va para dos meses en el taller debido a un repuesto que no se consigue.

Verónica se había montado como máximo cinco veces en el Metro de Caracas; ahora en España vive perdida porque no logra aprenderse la estación más cercana.

Los papás de Claudia sudan sangre cada vez que la jóven decide salir de noche los fines de semana.

El sábado pasado, Verónica visitó tres discotecas distintas y todas a pie.

A Claudia nunca la han robado, Gracias a Dios (bendice su mamá).

Un primo de Verónica pasó dos días secuestrado hasta que lo soltaron en la madrugada en la Cota Mil.

En la última semana se ha ido la luz tres veces en casa de Claudia.

Un español no entiende lo que significa racionamiento de agua.

Claudia siente que vive en otro país a pesar de seguir en Venezuela. No tiene a sus amigos, parte de su familia, las colas de carros en hora pico no son tan eternas, la ciudad está mas fea, y todo siempre está más caro. Es sin duda la versión más pobre y deteriorada de Caracas.

Por otra parte Verónica, a pesar de desayunar arepa todos los días de su vida y hablar cotidianamente con más venezolanos que españoles, extraña con locura a su ciudad.

Como bien se sabe, mudarse de país significa canjear unas comodidades por otras. Es pasar al primer mundo de organización y civilización, pero dejando aquí la viveza latina que tanto nos caracteriza y que no se estila del otro lado del mundo. Es cambiar la inseguridad por más trabajo, inflación por formar parte de la minoría, escasez por soledad, y sobre todo miseria por calidad de vida.

En estos momentos para una gran mayoría salir de Venezuela es tan complicado como quedarse. O te quedas maniobrando cómo rendir el dinero y esperando que tu número salga en la tómbola de la inseguridad; o lo arriesgas todo en otro país rezando porque la inversión sea exitosa o que la visa sea renovada. 

¿Cuál eres tú?

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