¿Cómo saber si necesitas hacer un cambio en tu vida o solo es una crisis?

Mid-mid life crisis

A veces estás en un momento de tu vida en el que todo se siente estancado, los parámetros que te mantienen en tu sitio no dejan que desarrolles todo tu potencial y es momento de moverte. Otras veces, solo estás en pánico porque estás peligrosamente cerca de cumplir 30.

¿Cómo diferenciar entre las dos? Básicamente poniéndonos cómodos para tener un intenso monólogo interno que nos de una respuesta.

Hay millones de cosas que pueden pasar en tu vida para que necesites hacer un cambio radical para volver a sentirte a gusto y normalmente se resume en que:

Estás harto de lo que estás haciendo.

Después de los 25, es normal haber pasado por varios trabajos que odiaste con todas tus fuerzas, o tal vez todavía estar en uno de ellos. Todavía eres lo suficientemente “joven” como para terminar en situaciones indeseables por no estar del todo claro en lo que quieres realmente.

La clave para saber que es solo una cuestión de cambio es que no se trata de tu carrera. Lo que haces, o lo que deberías estar haciendo, te entusiasma. Ir a la oficina es lo que te hace querer lanzarte de un puente.

Además, probablemente no sea una cuestión solo profesional, tal vez tu círculo de amigos ya no tiene nada en común contigo, o tu pareja es básicamente un desconocido que se parece vagamente a la persona con la que empezaste a salir hace unos años. Y te das cuenta que estás dedicando todo tu tiempo a dormir todo el día, o porque tu desgaste emocional es tan fuerte que ya te está afectando físicamente y hasta tu abuela te ganaría en un maratón. El punto es que estás atrapado en una rutina que ya no te queda bien pero puedes identificar el problema claramente.

Pero cuando son sólo los 30 acechándote…

Tienes una pequeña voz incitándote a hacer algo raro.

…Y probablemente es exactamente lo contrario a lo que ya estás haciendo. Es casi como un susurro que te dice todos los días cosas ligeramente dementes como “renuncia a todo”, “deberías aprender a tocar la flauta parar pararte en las plazas a hacer covers de death metal a cambio de monedas”, “tu sueño de vida debería ser hacer origami en una cueva”, o “ve a vivir con una manada de elefantes”.

Descubres tu propia faceta de emprendedor.

Empiezas a crear proyectos que desde afuera son claramente un grito de ayuda, pero que afortunadamente solo pueden ayudarte. Una amiga pasó, en menos de un mes, de ser escultora a decidir que tenía que aprender a hacer obras de arte en uñas acrílicas. Escuché que alguien que estudió conmigo sintió la necesidad de convertirse en estilista de mascotas y ahora su perro tiene unos cortes geniales.

Yo me inscribí en clases de ballet para adultos 6 meses después de cumplir 26 y además, gracias a YouTube, estoy segura de que tengo que aprender a hacer figuras feísimas en vidrio porque es mi plan de negocios ideal.

Pasas por una segunda etapa de rebeldía.

Lo bueno es que dejas de querer complacer a terceros, lo malo es que es súper fácil que se te salga de las manos y termines pareciendo uno de los Ramones.

Todo el mundo tiene que deshacerse de expectativas externas, y hacerlo cuando te acercas a los 30 es genial porque es probablemente el momento de tu vida en el que más personas a tu alrededor creen que tienes que “cumplirles” con algo. Aclararle a todos que no tienes ningún interés ni apuro por casarte, tener hijos, o ascender en tu trabajo, es bastante liberador y te deja espacio para ocuparte de otras cosas que sí quieres hacer.

Te conviertes en tus padres.

En algún momento después de los 25 empiezas a hacer cosas de las que no te hubieses creído capaz a los 17. Empiezas a ordenar tu cuarto solo porque te estresa que esté desordenado, o a guardar tus facturas para chequear tus finanzas, o te preocupas porque se te dejen de perder las medias en la secadora, e incluso dejar de iniciar debates estériles que sabes que no van a llevar a ningún lado.

Lo más papá de todo: Empiezas a irte a tu casa temprano y a contar historias de antaño a cada persona menor de 24 que te encuentras por la vida. Intentaría buscarle un lado positivo para esto, pero come on.

Lo bueno de todo esto es que la ciencia dice que vamos a estar bien. Aparentemente tener una crisis de cuarto de vida es justo lo que necesitas para conseguir algo que te satisfaga por el resto de tu vida… Aunque implique encuentros desastrosos con gente indeseable de Tinder y atormentar a todas las personas jóvenes a tu alrededor. 

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