Ser ‘cool girl’ es tan irrealista como querer ser Barbie
cool girl Mila Kunis

El estereotipo de la ‘cool girl’ es tan realista como el de la Barbie

Sea porque es fan a morir de los videojuegos y los deportes o porque no tiene reparos en comer una cuantiosa cantidad de frituras y tomar suficiente alcohol como para desinfectar una herida, las mujeres la admiran y los hombres la desean. Por años, los medios nos han mostrado un estereotipo de mujer que se eleva por encima de las demás y cuyo encanto es magnético, sensual y, sobre todo, irreal: la cool girl, una imagen completamente imaginaria que recientemente fue expuesta y destruida por el famoso monólogo de Gillian Flynn en su novela Gone Girl  y que se hizo popular gracias a la película de 2014.

La cool girl que describe Flynn es un ideal creado por hombres que esperan a otro hombre en el cuerpo de una mujer bonita. Se trata de una Cameron Diaz en There’s Something About Mary (1998), quien fue la inspiración de Gillian Flynn para dar con el estereotipo; de Mila Kunis en casi cualquiera de sus películas; y de Jennifer Lawrence en 2013, cuando era noticia por sus comentarios irreverentes en entrevistas. Ellas son las primeras exponentes del estereotipo de la cool girl que se nos vienen a la mente, aunque los antecedentes del mismo datan de hace algunas décadas.

Cool Girls en los medios
Cameron Diaz en There’s Something About Mary / Mila Kunis en The Tonight Show Starring Jimmy Fallon / Jennifer Lawrence en Red Sparrow
20th Century Fox / NBC / TSG Entertainment

En los años veinte, tiempo en el que reinaba el desenfreno, las flappers eran una representación de la feminidad de la época, creando una nueva percepción de la mujer, esta vez más relajada y sin tantas ataduras sociales. Para ese momento, esta persona, más liberada de aquellas restricciones, se veía reflejada en las actrices de Hollywood. 

Clara Bow, conocida por crear la mítica imagen de la it girl, hizo su debut en la gran pantalla gracias a la película Dancing Mothers (1926), en la que interpretó a Katherine Westcourt, una flapper que se roba la escena con su personalidad irreverente a pesar de no ser la protagonista ni la mujer más femenina del filme. Debido a esta facilidad para mostrar una faceta más divertida, Bow saltó al estrellato como una de las figuras más carismáticas de su tiempo.

Este antecedente, entonces, continuó evolucionando y dio paso al estereotipo que ahora conocemos como cool girl. Las nuevas it girls que aparecieron luego de Bow eran irreverentes y relajadas con respecto a las normas sociales. Eran mujeres que fumaban y tomaban como hombres porque esas eran actividades que se asociaban con la masculinidad en la época y, cuando este ideal de macho comenzó a cambiar un poco, también lo hicieron los intereses de la cool girl, adaptándose siempre a la agenda masculina.

De esta forma, si al protagonista masculino le gusta el basquetbol, tomar cerveza y jugar a las cartas, habrá una Kate Hudson (How to Lose a Guy in Ten Days, 2003) que también disfrute de esas cosas. Lo mismo pasa con los videojuegos, el fútbol e incluso la mecánica, pues por cada uno de esos hobbies, existe un estereotipo de hombre que sirve para moldear personajes femeninos, como son los casos de Megan Fox en la saga de Transformers, de Cobie Smulders en How I Met Your Mother (2005-2014) o de Mila Kunis, una consagrada cool girl en el medio, en Friends with Benefits (2011). 

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Sin embargo, hasta ahora no hay nada de malo con que a una mujer le gusten ciertas cosas que se alejen un poco de aquello que es considerado “femenino” por nuestra sociedad, ¿verdad? El problema aparece cuando nos damos cuenta de que estos personajes fueron creados para atraer a los hombres, no para representar a las mujeres, por lo que se comienza a añadir características poco realistas al estereotipo y se crea una falsa necesidad de llenar estos estándares imposibles.

Uno de los principales rasgos de este estereotipo, y parte de lo que lo diferencia de otros calificativos como tomboy o de ideales clásicos del cine como la “chica ruda”, es que, aunque la cool girl tiene actitudes masculinas y más relajadas que las del resto de las mujeres, esta se mantiene delgada y atractiva sin aparente esfuerzo.

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Además, las cool girls, como lo dice Flynn, “nunca se molestan con su hombre”. Su actitud frente a los problemas es siempre pasiva y no representa ningún tipo de amenaza, puesto que se trata de una mujer que no es capaz de sobrepasar sus habilidades. Esto marca la distinción entre un estereotipo empoderador, con el cual las mujeres se identifican por su fortaleza, y uno que solo minimiza la figura femenina a la de un complemento.

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Cuando la cool girl deja de verse bien o comienza a manifestar demasiada autonomía al alejarse de su contraparte masculina, su máscara de mujer relajada se cae, lo que la convierte en un hombre más, como es el caso de Sandra Bullock al principio de Miss Congeniality (2000), o en otra mujer hipersensible y demasiado preocupada por superficialidades, lo cual hace que el estereotipo deje de ser cool

Si dices “no soy como las demás”, no eres ‘cool girl’; eres otra del montón

El entusiasmo que muchas mujeres muestran por encajar en el estereotipo es otro de los problemas que hay con este y con cualquier etiqueta idealista. Sin embargo, esto se hace mucho más grave cuando le añadimos otra capa de diferenciación. Algo que acompaña el discurso de las cool girls es la típica frase “no soy como las demás”, una condena para nuestro género.

Al decir “no soy como las demás” se deja explícito que hay dos grupos de mujeres: aquellas que disfrutan de actividades masculinas —sea lo que sea que esto implique— y no están constantemente preocupándose por su apariencia, y “las demás”, un grupo radicalmente opuesto al primero. 

Sumado a esto, la frase casi siempre se utiliza como un cumplido, cuyo subtexto es básicamente que aquella mujer “diferente” es mejor por no seguir los estándares de feminidad establecidos, como si ambos grupos —el de las mujeres sensibles y el de las fanáticas de los deportes, por ejemplo— fuesen excluyentes.

Puede comenzar como un halago bienintencionado y transformarse en parte de nuestra idiosincrasia, pero lo cierto es que el pensar que somos diferentes por dejar de lado cualidades y pasatiempos femeninos, o asumir que esto nos hace superiores a otras, no es una fase, es un comportamiento aprendido de la televisión y la mentalidad patriarcal que todavía predomina en algunos medios. 

Barbie es una cool girl para que tú no lo seas

Se supone que la cool girl es todo lo que un hombre desea en un cuerpo matador y con una cara bonita. En esencia, las cool girls son una especie de Barbie en la vida real: perfecta en todos los sentidos. Pero, si sabemos que intentar ser la muñeca más famosa de todos los tiempos es una locura, ¿por qué querríamos convertirnos en una versión de ella? La respuesta es: por aceptación. 

Julie DiCaro, columnista de deportes y presentadora del programa de radio 670 The Score en Chicago, escribió para The Entertainment sobre los peligros de ser una cool girl en la vida real. DiCaro, quien por años personificó el estereotipo para encajar en un ambiente en el que predomina la presencia masculina, dice que la presión para ser la cool girl es abrumadora, pues también llega a ser un requisito para escalar posiciones en el medio.

Esto, además, crea ambientes hostiles en los que las mujeres —que son minoría en campos como el deporte, la ingeniería o la ciencia— deben competir unas contra otras por su posición. Es aquí donde la cool girl tiene una injusta ventaja, dejando por debajo a aquellas que no puedan cumplir los mismos estándares que ella. 

Pero hay algo peor que una o dos personas tratando de encajar dentro de este estereotipo, y eso es que otras mujeres parecen aceptarlo e incluso celebrarlo. Reconocer que no se trata de algo realista ni saludable e identificar que estos comportamientos son tan ridículos como Amy Schumer en este sketch son los primeros pasos para dejar de ser Barbies y evitar que estas y otras etiquetas nos reduzcan a quizzes genéricos de internet en los que somos negro o rosa. No eres una cool girl, nadie lo es, y tampoco deberíamos intentar serlo.

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