Cómo ser feliz comparándote con los demás

Según la mayoría de de las páginas motivacionales de Internet, la clave para ser feliz es dejar de compararte con los demás.

Bullsh*t.

El resto de la humanidad sabe a ciencia cierta que eso es misión imposible.

Incrustado en nuestro ADN está la inseguridad natural que nos obliga a mirar para los lados y darnos palmaditas en la espalda porque nadie se esfuerza tanto como nosotros lo hacemos; o en otros casos, nadie lo quiere tanto como nosotros. 

Es ridícula la cantidad de artículos que se pueden encontrar en el gran mundo del Internet que buscan incitarte a que dejes de compararte con los demás. Desde blogs de autoayuda hasta páginas que con títulos clickbait quieren venderte el antídoto a la felicidad: todos presumen de la introspección como una vía para reducir tus inseguridades.

Por lo que, ahora que hay demasiadas guías de autoayuda para contar, nosotras queremos ser la amiga atorrante que te lleva la contraria cuando tiene unos traguitos de más.

Hay maneras de ser feliz cuando te comparas con los demás.

Por supuesto, con la ayuda de un par de estudios que van a darnos completamente la razón, sin contar que existen otras fuentes que prueben lo contrario, con portadas motivacionales y frases de autoayuda.

Y es que por mucho que la lluvia de teorías psicológicas te advierte que compararte es el camino hacia la infelicidad, algunos autores difieren: los profesores de psicología Shai Davidai, en The New School of Social Research, y Thomas Gilovich, de la Universidad de Cornell, tienen una teoría más dark y menos complaciente con las imágenes aspiracionales de Facebook, que consiente el ideal de destacar también lo negativo cuando evaluemos lo que funciona y lo que no en nuestras vidas.

Lo llaman el fenómeno “headwinds-tailwinds asymmetry”.

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Antes de condenzarnos toda la habladuría psicoanalista, en la introducción a su estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, los autores posicionan un ejemplo como la matriz del pensamiento: lo que ocurre con un corredor de larga distancia o un ciclista.

Para resumirles el cuento, ellos proponen que, cuando los los corredores tienen un obstáculo que superar, sus mentes están naturalmente “más preparadas” para prestarle atención; mientras que las fuerzas que trabajan a su favor, son fácilmente olvidados o minimizadas, porque todas esas cosas hicieron que la carrera fuera más fácil; no hay una amenaza allí como tal.

Entonces, al igual que ellos, nosotros siempre estamos tomando en cuenta los ‘vientos en contra’; es decir, si no obtenemos el ascenso, es más fácil pensar que la compañía tiene favoritismos, que pensar que hay algún otro error con nosotros.

Porque de las dos opciones, la que nos haría más infelices es que el problema seamos nosotros.

Lo que nos lleva al primer signo del fenómeno: pensar que todo el mundo la tiene más fácil. Una trampa psicológica que deberíamos evitar, pero ya que está en la naturaleza humana, nos resignamos y creamos, desde la no profesionalidad, una guía para sobrevivir la habilidad tóxica de compararte con los demás.

1. Busca un grupo de personas exitosas

Y evítalos, tienes que compararte con personas miserables y lo suficientemente no-exitosas como para que ver sus redes sociales no te haga querer comer tu peso en helado y botar tu clóset.

2. Enumera las razones por las que tu cabello se ve más bonito

Después de que consigas a las personas adecuadas, date una buena dosis de besitos en el espejo. Si tu cabello no alcanza niveles más elevados de belleza cuando lo comparas, cómprate todas las ampollas que veas en la peluquería.

3. Repite constantemente “¿por qué a mi?”

Si algo falla y logran algo antes que tú, elige palabras al azar que consigas en un libro de autoayuda que tengas a la mano y publícalo en tu próximo caption de Instagram; porque definitivamente tu vida es más difícil y los mensajes inspiracionales hacen que la lucha por tener un cabello más bonito valga la pena.

Por si el sarcasmo ha pasado desapercibido, la clave a la felicidad se encuentra, claramente, en el arte de dejar de culpar al universo de tus desgracias. O la falta de ellas.

A menos de que se trate de Mercurio Retrógrado. Ahí sí es culpa del universo. 

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