Manual de supervivencia para combatir el ‘Sunday blues’

Les damos la cura para esta enfermedad inexplicable

En este mundo donde la tecnología lo es todo y los humanos somos esclavos del trabajo, existe un grupo específico de personas que padece una enfermedad poco común que solo puede ser combatida de cierta manera.

El Sunday blues, o criollamente conocido como “domingos depresivos”, es una patología bastante millennial que hace del último día de la semana un hoyo negro de pensamientos y amarguras.

Ya sea por el estrés que nos genera no saber qué nos espera esa nueva semana o por el bajón que produce la culminación de la pasada, aquellos que nos identificamos con esta enfermedad sufrimos de tal manera que podríamos llegar a terminar el día llorando abrazados a la almohada recordando a una expareja de hace tres años.

Sonará ridículo, pero una vez que pasas por tu primer domingo depresivo, el virus se repite semanalmente y hasta se contagia entre tus seres queridos, en este caso tus amigas que deben apoyarte mientras lloras por tu ex. Por esta razón, luego de evaluar científicamente distintos casos en diferentes ciudades, decidimos hacer un manual de supervivencia para combatir el Sunday blues.

Acompañado se sufre mejor

Si no eres la única que sufre de esto, júntate con tu amiga que llora todos los domingos al igual que tú y si no tienen dinero para hacer cualquier plan en la calle, vean películas tristes mientras piensan existencialmente en conjunto por ninguna razón y comen cualquier porquería grasienta que puedan cocinar en casa. Suena sarcástico, pero padecer juntas te hará sentir mejor.

NO puedes tener ratón

Regla importantísima. Está comprobado que el haber consumido bebidas alcohólicas en exceso la noche del sábado agudiza de manera bestial el Sunday blues. Si vas a hacer desastres alcohólicos, procura tomarte una buena dosis de acetaminofén antes de dormir para deshacerte del dolor de cabeza del día siguiente.

Ahora, si la resaca todavía invade tu cuerpo el día depresivo de la semana, la mejor receta es tomarte cualquier tipo de jugo natural. Es automáticamente sanador. Si no lo puedes hacer en casa, llama a tu amiga de confianza para que te acompañe a comprarlo.

Sí hay planes los domingos

Si tu problema está en que no quieres quedarte todo el día en casa y además piensas que los domingos todo está cerrado, pues estás equivocada. Desde ir al cine y comerte un helado hasta pasear por tu ciudad, existen planes súper básicos que puedes hacer un domingo depresivo. La cuestión está en tener un buen grupo de amigos infectados por este mismo virus que estén dispuestos a acompañarte.

Si tienes novio, los domingos son sagrados

A menos que sea su cumpleaños o el de su mamá, si tienes novio, debes obligarlo a compartir contigo este día tan tedioso y eterno. Si pasas gran parte del día haciendo absolutamente nada con alguien que quieres y además te puede satisfacer sexualmente, no te pondrás triste.

Acuéstate a dormir temprano

Porque así se acaba el día más rápido.

NO hagas ejercicio

Te deprimiste aún más el domingo al mediodía porque viste a unas amigas haciendo ejercicio en Instagram mientras tú te comías una arepa en pijama. Pues déjame decirte que la gente que hace ejercicio los domingos es todavía más infeliz. Terminas el día sudada, todos los espacios públicos de ejercicio están llenos de gente y el lunes en la mañana te duele todo. Mucho mejor es quedarse en casa viendo un maratón de Netflix y comiendo cotufas.

Cocinar siempre es una buena idea

Como los domingos nunca se tiene nada planeado, apenas te despiertes, en vez de comerte un cereal, puedes esmerarte haciendo un desayuno bastante elaborado. Cualquier receta de Tasty funciona.

No hagas nada

Porque a veces es necesario llorar y no hacer más nada.

Enfermedades como estas no tienen una cura científica. Nosotras, como procrastinadoras profesionales y defensoras de los domingos sin depresión, lucharemos siempre en contra de este fenómeno con la finalidad de contribuir con nuestra comunidad millennial y evitar cualquier caso extremo de una mujer llorando por su novio de la adolescencia pegada a una almohada mientras escucha el primer disco de los Backstreet Boys.

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