¿Cómo saber cuándo mandar a la gente a la m*erda?

¿Cómo saber cuándo mandar a la gente a la m*erda?

Hay muchas situaciones que nos hacen aflorar la vieja malhumorada que todas tenemos dentro. Varían desde personas que no nos dan la cola la única semana que tenemos el carro en el taller, hasta amigas que no nos rescatan de una mala cita después de nosotras haberlo hecho más de mil veces.

En fin, en este mundo sobran razones para hacerlo. Es por eso que necesitamos lo que yo llamo «Un riguroso proceso de selección de pasaje para la m*erda».

Sólo podemos dejar que ciertas personas visiten este lugar después de nuestra mentada, de lo contrario seríamos una «mandadora a la m*erda crónica», lo que nos conduce a ser unas solitarias malhumoradas y nadie quiere eso.

Esto vino a mi mente cuando me di cuenta que realmente soy muy mala haciendo esto. Soy amable con la vendedora de la tienda que me volteó los ojos, me disculpo con la persona que se tropezó conmigo en el metro, y además soy amiga de todos mis ex.

Sin embargo, preferí llamarme una «estricta mandadora de m*erda». Soy muy selectiva y es momento de que tú puedas serlo también para no volverte loca.

1. Tienes que sentirlo en todas partes

Mandar a alguien a comer m*erda es un acto parecido al amor. Tienes que sentirlo en las tripas, todo tu cuerpo grita que necesita que esa persona se j*da.

Lo sabrás porque distintos estímulos lo provocarán. Sea de decepciones pasadas o de una muy grande en el momento.

Si hay una compañera de trabajo que nunca te da la cola o que nunca te da las gracias por alguna segunda, pues la decisión será definitiva.

«F*ck you!»

2. Cuando crees que le haces un favor al mundo

Además de afectarte a ti y a la víctima, mandar a alguien a la m*erda es un hecho que podría compararse con el «Efecto Mariposa», puede tener repercusiones necesarias en todo tu entorno.

Por ejemplo: Mi amigos y yo tuvimos una temporada en la que íbamos a unos chinos en Caracas, ahí había un tipo que nos atendía horrible. Pero como casi siempre estábamos sobrios solo media hora, no nos importaba mucho. Un día, dijo algo como «Eso es lo que hay, sino les gusta, váyanse. Nos harían un favor» (le quité algunas groserías). Fue entonces que nos hicimos nosotros el favor, nos mudamos y dijimos como coro:
«F*ck you!» Además de hablar mal de ese señor por siempre como favor al mundo.

3. Cuando imaginas un paraíso después de hacerlo

Es esa situación en la que ya no puedes más con ese ser. Puede tratarse de cualquiera, un mal novio, una mala amiga o un pésimo jefe, por lo que imaginas las mil y un formas de mandarlos a la m*erda, no solo porque lo merecen sino porque lo necesitas como si fuese la cura de tu cáncer.

Estás rogando por ese «F*ck you!».

Mandar a la gente a la m*erda no es un acto de violencia, es más bien una medicina. Como un remedio que sabe mal en el momento, pero después quitará cualquier rastro de enfermedad de tu vida.

Es un acto de paz con el mundo y contigo. 

Así que te invito a mandar a la m*erda al germen de tu vida. No hay nada más dulce, pero recuerda: no te llenes de dulce porque vas a engordar.

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