Crisis económica ha ayudado a los venezolanos a valorar la comida casera

Cómo la crisis económica nos ha hecho valorar más la comida casera

No importa cuántos trabajos tengas, a menos que seas de esos afortunados que ganan en dólares: el dinero no te alcanza.

Atrás quedaron las salidas todos los viernes a comer sushi, para luego salir a rumbear con tus panas y al día siguiente ir a la playa. Sin que se te pasara por la cabeza ni por un instante, el saldo de tu cuenta bancaria.

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Aunque todo eso no quiere decir que estemos limitados a trabajar y no hacer nada divertido. Todo está muy difícil, eso lo sabemos. Pero tampoco nos resignaremos a ser pobres y de paso aburridos.

Contra todo pronóstico, todavía queda uno que otro plan que nos puede rescatar, y que no requiere vender un ojo de la cara, ni un riñón, para poder costearlo.

Como ya no podemos salir a comer en la calle tanto como quisiéramos, encontramos una solución: cocinar en casa, mientras tomamos un vino y unos cuantos rones también.

Y, con lo que nos estamos ahorrando al no comer en la calle, podemos darnos otro tipo lujos.

Ok, sí, la hamburguesa quizás no es mejor que la del restaurante que tanto te gusta. ¿Pero acaso ellos tienen todos los extras que tú puedes cocinar en tu casa? Y de paso, ¿ilimitados?. No lo creo. Además, en ningún restaurante encontrarás la wasabi mayo que solo tú tienes en tu casa.

¿Abandonar la típica pizza dominguera, a golpe de siete de la noche? Nunca. Ahora el plan es más tempranero, y es totalmente homemade. Puedes hasta darte el lujo de hacer pizza de Nutella, y jamás va a ser tan cara como comerla afuera.

¿Sushi? Ahora hay cocineros que van a tu casa con todos sus implementos, y te preparan exactamente lo que tu quieres. ¿Lo mejor? Mucho más económico, y no tienes que aguantar que el mesonero te ignore cien veces al hacer el pedido, ni que te traigan un plato equivocado.

Noches de comida árabe, tailandesa, mexicana, peruana, y muchas más, son nuestros nuevos planes de fin de semana. En el grupo nunca falta alguien que le mete un poco más a la cocina, y todo mundo aporta algo. El resultado son miles de planes distintos y divertidos, que no te empobrecerán tanto.

Hasta las meriendas afuera han sido sustituidas, ahora nos reunimos con nuestras amigas a tomar café, y a hacer mini postres.

Olvídate de los peros, de los “no hay”, de los pagos adicionales, de tener que aguantar la cola y la lentitud del punto, del ruido, del gentío y quién sabe qué más.

Ahora el plan es compartir con tus panas, hablar, bailar y comer lo que quieras, en la comodidad de tu casa o de las de ellos (se vale rotar), estando seguros y contentos.

Solo queda que te actives, y te pongas a buscar recetas para impresionar a tus amigos cada fin.

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