Como controlar tu microagresión

¿Vale la pena pelear ante cada microagresión?

Las microagresiones suceden a cada rato y normalmente lo que se dice es lo suficientemente casual como para que pase desapercibido. Los ataques son más parecidos al post problemático de Robbie Tripp que a Donald Trump alardeando sobre asaltos sexuales con palabras indiscutiblemente ofensivas.

Es un lenguaje casual y súper low key que se afinca en la cotidianidad de la homofobia, la misoginia o la homofobia. Es el comentario esperado de “yo no soy marico, yo sí soy hombre”, o el “esa gorda fea” utilizado como insulto. Cuando lo señalas probablemente te digan que eres demasiado sensible, o intenso, porque es solo un comentario “que no significa nada”.

Ir en contra de una microagresión, muchas veces te pone en el papel de la vieja loca de los gatos, pero lo contrario es esconderte detrás de tu privilegio y no decir nada. Aún así, creo que no deberíamos confrontar cada comentario y básicamente por dos razones:

1. Señalar cada microagresión te va a llevar a un momento en el que dejas de sentirte como activista y solo te sientes como una abuela fastidiosa. 

Es como salir corriendo hacia una posición de desgaste crónico: ¿Cuántas veces en un día puedes explicar la diferencia entre género y orientación sexual sin querer pasar el resto de tu vida en aislamiento total del mundo? ¿Cuántas veces puedes explicar por qué “las mujeres no odian a todas las mujeres” sin querer empezar un vaginocalipsis? Eventualmente, por más que tengas una buena disposición, vas a estar completamente exhausto de esas conversaciones y vas a empezar a quedarte callado.

2. ¿Podemos quitarle todo espacio a la gente homofóbica/misógina/racista? 

Una parte de mi dice que sí, 100%. No deberían tener un solo espacio seguro para esparcir sus comentarios asquerosos y dañinos. Otra parte de mi dice que si les quitamos todo espacio para tener sus ideas y decir sus estupideces empezarán a hacerse las víctimas como Milo Yiannopoulos cuando fue expulsado de Twitter. A esa gente le encanta inventar una agenda feminista secreta que busca oprimirlos.

Aprendamos a escoger batallas.

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