Conoce a Carmen López de Bastidas, la Maestra Ronera de Carúpano

‘De tal roble, tal añejo’

Debo admitir que el ron y yo nunca nos entendimos más allá del típico Cuba libre en alguna fiesta. Siempre tomaba un traguito con Coca-Cola y limón o forzaba un shot por mi garganta de aquel líquido en estado puro que hacía mis noches más “felices”. No había nada especial, solo la clase de diversión que ves en cualquier viernes por la noche. Sin embargo —y afortunadamente—, esto cambió en la cocina de un primo hace cuatro meses cuando me sirvió un Ron Carúpano 21 y un Ron Carúpano Zafra 1991 en dos vasitos pequeños tras enterarse de mi relación mediocre con este licor. “Esto es ron, no eso que bebes”, me dijo mientras sacaba un chocolate con almendras. “Primero dale un mordisco”, me indicó, “luego toma un sorbo lento, trata de apreciarlo bien”.

Seguí sus instrucciones porque, ¿quién en su sano juicio rechaza dos de los mejores gustos del mundo? Dicho y hecho, esa fue la primera vez que de verdad probé el ron como “Dios manda”, o al menos así lo dijo el primo con mejor paladar en la familia. Sentí una explosión agradable de sabores y quedé atónita ante lo mucho que la disfruté. Pero nada se compara con lo mucho que me sorprendió conocer a la persona detrás de ese mágico momento un tiempo después: Carmen López de Bastidas, la responsable de que de los licores que saboreé con tanta emoción existan y la única mujer venezolana reconocida como Maestra Ronera, una de las cuatro del mundo. Y yo, ahora admiradora de su trabajo, tuve el placer de entrevistarla.

Carmen López de Bastidas, Maestra Ronera

Su trayectoria en la profesión comenzó de forma tan inesperada como mi encuentro con ella. Empezó hace treinta años tras ser citada en el laboratorio de Destilería Carúpano para hacer una fórmula. Al ser evaluada, le dijeron: “Usted es la persona”. Así empezó la travesía de su vida, aceptando la oferta que le hicieron y dejando añejar un talento que nunca imaginó tener. Entró a esa entrevista siendo solo licenciada en ingeniería química y salió como Jefe de Control de Calidad de la prestigiosa empresa. “Me enamoré de mi trabajo desde el primer día, mi destino estaba allí”, suspira Carmen. “El aroma de ese elixir dorado mientras salía de las barricas me dejó sin palabras”.

De no saber casi sobre ron, pasó a convertirlo en su vocación. A medida que su habilidad evolucionó a través de los años, sus productos —o como les dice la Maestra, “sus hijos”— hablaron por sí solos y le dieron un nombre en la industria de licores, lo que la llevó a ser reconocida mundialmente.

Quizás muchos se pregunten cómo una mujer logró obtener un puesto tan alto en un medio dominado por hombres. Sin embargo, no hubo desventaja alguna para la especialista. “No es fácil llegar a donde estoy, pero no es imposible, es cuestión de trabajar y aprender lo más que puedas”, declara. “Tengo la dicha de ser tratada como una amiga entre mis colegas. Somos iguales, no hay celos ni rivalidades, nos ayudamos y nos queremos”.

El mundo fue testigo del ‘antes’ y ‘después’ por el cual pasó Ron Carúpano tras contratarla. Los rones de la marca se transformaron en parte gracias al detalle y esfuerzo que López de Bastidas implementó en los métodos de trabajo, mejorando la calidad y rindiendo honores a la tradición de más de 250 años que tanto caracteriza a la marca. “La verdad es que antes todo era muy artesanal, no se trabajaba en un laboratorio con reglas establecidas para lanzar un producto”, indica. Actualmente están certificados con las mejores normas de calidad y fueron premiados —entre otros galardones— con el Gran Tenedor de Oro este último noviembre, el máximo reconocimiento en Venezuela. «Llegamos a la excelencia», dice con orgullo.

Gran Tenedor de Oro
Ron Carúpano

Pero sus mezclas van más allá de una buena técnica. La raíz de su éxito es su mentalidad. Aplica la mejor filosofía en su pasión, la de tomar su propio criterio como prioridad y luego, después de estar segura, considerar los demás. “Como mujer, siempre busco la perfección y algo distinto, así que primero que nada, mi trabajo lo hago para mí misma, porque me gusta. Luego pienso en lo que le debe gustar a otras personas también”. La clave, según la “Madre de los rones” —así la apodé en mi cabeza—, es amar cada proyecto y ser auténtica con lo que haces. 

Carmen López de Bastidas le pone mucha dedicación y creatividad a lo que crea. Más que rones, para ella son hijos. Y más que solo gustos y aromas, poseen personalidades e incluso género. Como cualquier individuo, son inigualables, únicos, desde su fabricación hasta sus ingredientes y envases. 

Ron femenino

Este néctar de los dioses salió apenas el año pasado y ha sido un éxito. La Maestra lo define como “un poco de todo”. El Zafra 1991 es la referencia más apegada, destacando por su explosión de sabores. Por experiencia propia puedo asegurar que catarlo fue una sensación increíble. Sabía a frutas cítricas, caramelo, almendras y más. Simplemente espectacular. 

Su feminidad empieza con su doble envejecimiento —tiene mezclas de 27 años—, dulzura y entorno. “Tiene esa mineralidad particular de los rones Carúpano, absorbe los aires del mar próximo y estimula la salinidad, razón por la cual es tan fácil percibir todos los potenciales aromas y sabores”, señala López de Bastidas. Es tan conmovedor que incluso confesó haber llorado al terminar su fórmula. 

Ron masculino

El Ron Carupano Legendario es el mejor ejemplo. «Su predominancia es la madera y los años que tiene. Es mi favorito, tiene una personalidad que se hace sentir, lo supera todo. Normalmente lo asocian con habano, tabaco y chocolate». Sus 25 años de añejamiento lo hacen único en el mundo.

El mejor cumplido que recibió la experta provino de esta botella. “Una vez alguien me dijo que con ese ron sentía como si estuviera haciendo el amor”, dice entre risas. Puede que yo lo haya probado esa vez con mi primo, pero puedo certificar que ese testimonio es acertado. 

Mientras más conversaba con la Maestra, más fascinación e intriga sentía por este oficio. Fue entonces cuando me percaté de la gran cantidad de mujeres  que disfrutarían esta profesión llena de vida, precisión y elegancia. Surge, entonces, la duda: ¿por qué no se han dedicado más mujeres a este arte? Si bien hay unas cuantas, no las suficientes. Carmen López de Bastidas sonríe y me dice:

“Hay mujeres que me dicen que quisieran ser como yo, que soy un ejemplo, que morirían por hacer lo que hago y preguntan cómo logré tal éxito. Yo les digo que se hace con trabajo, pero insisto que no es sobre querer lo que yo hago, sino hacer lo que ellas quieran hacer. Si no amas tu profesión es difícil llegar al prestigio”. Si amas el ron, bienvenida seas, pero si no, encuentra tu pasión y ponle todo el empeño que hay en ti. Si algo aprendí con esta profesional es que el amor es la fuerza más grande del mundo y aplicarlo a tu vocación da sus frutos.

Además de valiosas lecciones de vida, tuvimos una ronda de preguntas rápidas que alegraron el día aún más:

¿Trago favorito?

Normalmente tomo el ron puro y sin hielo.

¿Olor favorito?

Sin duda los perfumes Givenchy.

Al pensar en ron, ¿qué canción le viene a la mente?

Cualquier canción de Roberto Carlos y Simón Díaz. 

¿Un dato curioso sobre el ron?

El ron venezolano es un embajador que nos identifica ante el mundo, es motivo de orgullo. Hay que tener ese sentido de pertenencia y apreciar lo nuestro primero. Mientras más aprendes de él, más lo adoras.

¿Tres consejos para degustar un ron?

  1. Cierra los ojos y concéntrate en los aromas, eso acude a la memoria olfativa.
  2. Asocia lo que hueles con lo que percibes para armonizarlo con el gusto.
  3. Toma pequeños sorbos para apreciarlo, mantenlo un poco en la boca y saborea.

De todos los rones, probé los suyos. De todas las personas detrás de este elixir, conocí a la mente maestra. Carmen López de Bastidas es el vivo ejemplo de que todo se puede lograr si le pones empeño, carisma y, más que nada, amor. Agradezco a Dios, los astros o quien sea responsable por la mejor coincidencia que he vivido.

Carmen y yo
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