Sí hay una relación entre tu ansiedad y tu generación

Te apuesto a que nunca habías escuchado más las palabras “ansiedad” y “burnout” que en los últimos cinco años, sobre todo si perteneces a la generación ‘millennial’ o Z.

Personalmente, he sido culpable de decir que sí a más cosas que las que puedo manejar y esperar dar los mejores resultados en todo. Sin embargo, hace dos años tomé la decisión consciente de reducir la cantidad de trabajos u oportunidades que acepto, preguntándome si serán beneficiosos para mí, si tengo tiempo que dedicarles y si daría mi cien por ciento en el desempeño. Este sistema, hasta ahora, venía funcionando muy bien, hasta que me topé con la necesidad de aplicar a un máster. Entre requisitos perfectos, un currículum inmaculado y cartas de recomendación ideales, la preocupación que había logrado controlar por ser “la mejor” se destapó. Así, quise explorar eso que, como yo, muchas otras personas están viviendo para dar respuesta a la pregunta: ¿cuál es la relación entre la ansiedad y mi generación?

La decana de admisiones de MIT, Marilee Jones, dijo: “Están entrando tantos niños que sienten la necesidad de ser perfectos y tantos están medicados ahora”. Cada día la tasa de suicidio, trastornos de ansiedad, alimenticios y perfeccionismo aumentan. Este problema no tiene solo una causa, sino que es multifactorial.

Blair Waldorf
Warner Bros. Television

Los millennials somos altamente competitivos y tenemos que pelear para ser vistos. Un reporte llamado The Disruptive Mindset of Millennials Around the Globe demostró que los millennials somos más competitivos que la generación posguerra y anhelamos ser vistos y reconocidos, por eso podemos ver el a las personas preocupadas por sus likes y comentarios, por ejemplo. Una de las razones para esto, según Thomas Curran y Andrew Hill, es el aumento de la meritocracia neoliberal. En esta los que se gradúan en el tope de sus respectivas promociones en las mejores universidades son los que aseguran los mejores empleos y se destacan en el futuro según Hayes. 

Debido a que las personas no pueden evitar ser clasificadas, tamizadas y organizadas en las escuelas, las universidades y el lugar de trabajo, la meritocracia neoliberal coloca una fuerte necesidad de luchar, ejercer y alcanzar el centro de la vida moderna.

Hayes y autores, 2012

Es decir, estamos hablando de una lucha entre el sistema y nosotros, los millennials, que a la vez nos peleamos entre nosotros para poder entrar en los pequeños cupos que quedan en las mejores instituciones… y después me preguntan por qué estoy tan ansiosa por aplicar al máster.

Gossip Girl ansiedad
Warner Bros. Television

Por otro lado, los millennials queremos ser cada vez más perfectos. No precisamente por motivación propia, sino porque el sistema nos obliga a presentar una versión cada vez más idealizada de nosotros mismos. 

La Asociación Americana de Psicólogos publicó el primer estudio que correlaciona los cambios culturales generales con el perfeccionismo, que es conocido como una intensa motivación personal y externa para prosperar bajo ciertas métricas sociales, por lo cual ponemos demasiada presión y expectativas sobre nosotros mismos. La investigación concluyó que los índices de perfeccionismo han estado aumentado progresivamente desde hace tres décadas, lo cual ha sido impulsado por millennials. El estudio encontró relaciones de intensidades varias entre el perfeccionismo y la meritocracia, el neoliberalismo, la psicopatología, entre otras cosas. 

La perfección ha demostrado estar intrínsecamente relacionada con varios tipos de trastornos como la depresión, la ansiedad, y los trastornos alimenticios y de la imagen, puesto que el ser perfecto es la vulnerabilidad central de este tipo de enfermedades, según Flett & Hewitt. Además, al estar a la merced de la aprobación de otros, la persona es mucho más propensa a ser afectada por esto. 

Seguramente en una conversación con algún adulto ha salido el tema de que “antes se disfrutaba la experiencia”, es decir, que no todo giraba en torno a ganar y ser el mejor. A veces siento que la vida es eso que pasa mientras me preocupo por no sacar menos que la calificación completa en el examen y aunque sé que los momentos que más atesoraré son aquellos que paso con mis amigos y mi familia, las cuentas no se pagarán con memorias bonitas, ¿no? 

Otro factor importante es que los millennials nos sentimos orgullosos de estar cansados y burnt out. Más de una vez he escuchado a alguien alardeando de tener dos días sin dormir por estar estudiando para los exámenes, o de apenas contar con tiempo suficiente para comer debido a que tiene tres trabajos distintos. 

Debo admitir que he sido partícipe de este tipo de comportamientos también, esos que normalizan las conductas patologizantes e insanas, agregándole, además, un elemento de competitividad, pues he invitado a otros a compartir experiencias más extremas que las mías. 

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Encontrar el balance entre competir por un futuro brillante y mantenerse sano es una tarea difícil, puesto que saber decir que no a alguna oportunidad que comprometería tu bienestar cuando habrá millones de personas que dirán que sí es difícil. Es un poco loco que desde tan jóvenes tengamos que determinar los caminos que nos llevarán al futuro que queremos, solo tenemos que recordar que es importante mantenernos sanos mientras lo hacemos. 

Un estudio hecho durante 27 años a más de cuarenta mil personas propuso ciertas maneras en las que podemos mejorar nuestras condiciones de vida en situaciones estresantes como esta: bajar la tensión y el estrés a tu ambiente cercano ―encontrar un lugar así sea físico o imaginario en al casa en la que no pienses en competencia y buenos resultados―, concentrarte en ser auténtico, no necesitar aprobación externa y dejar las redes sociales de vez en cuando. 

Aplicando los tips anteriores y estando conscientes de cómo nuestras conductas nos afectan a nosotros y a otros estaremos más cerca de vivir una vida exitosa, pero también saludable. 

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