Adopté el estilo de vida Hygge

Siempre el cine nos ha manipulado para tener ese estilo de vida mágico en el que no tenemos ni una preocupación en la vida y podemos dedicarnos toda una tarde a pasear por la orilla de la playa, casi todos los días. ¿Quién no quisiera hacer eso en lugar de estudiar o trabajar seis días a la semana?

Decidí hacer de este artículo una especie de terapia de reconocimiento para saber qué le hacía falta a mi vida, no me sentía llena y lo tenía relativamente todo, entonces me pregunté, ¿qué salió mal? Más que “no sentirme llena”, me sentía frustrada y con constantes crisis existenciales.

Me decía a mí misma que no tenía tiempo para nada y cuando lo tenía, prefería dormir y desconectarme del mundo, para que al comienzo de la semana siguiente, me sintiera igual de exhausta y con la sensación de que viví una semana entera sin haber experimentado nada distinto de la anterior.

Entonces lo encontré: hygge.

Se estarán preguntado con qué se come eso. Yo también lo hice, pero en Pinterest se veía lindo así que indagué más al respecto.

¿Qué es el estilo de vida hygge?

Toda la vida nos hemos encontrado frente a marihuaneros, hippies que venden pulseras y abuelas con demasiado tiempo libre que nos dicen que tenemos que disfrutar de las cosas pequeñas de la vida y simplemente dejarnos llevar por lo que nos pase. Algo más o menos así es el estilo de vida hygge. Una filosofía de vida que dieron a luz los daneses y honestamente aún no sé cómo se pronuncia, my guess es que se dice “joogah” porque lo vi en un video.

Pero ya les explicaré mejor.

De acuerdo a la BBC, hygge es el secreto de la felicidad de los daneses. No he ido a Dinamarca a confirmar eso pero supongo que puedo intentar traerlo para acá a ver cómo me funciona. La palabra hygge significa “acogedor” o incluso “calidez” y lo definen como la actitud que hay que tener ante la vida. En todas partes que busco su significado, siempre me aparecen personas ahogadas en suéteres frente a la chimenea.

Así que como principiante que soy en el término, apliqué el siguiente reto. Consiste en ser feliz durante siete días con pequeños actos que te obligan a desconectarte de todo y hacer acto de presencia en tu vida.

El reto de vivir disfrutando de los little moments

Lunes: cocinar yo misma la cena y comer frente a una vela

Algo muy importante dentro de la filosofía hygge es entregarse a la relajación que emana una vela encendida. En especial si es aromática, entonces encontré una vela vieja que olía a vainilla con coco y cociné tostones porque siempre me pareció relajante todo el proceso de freír plátanos.

No me sentí muy distinta a como cenaría en cualquier otra circunstancia, pero sí sentí la diferencia de haber comido con una vela al lado. Te da una sensación de estar en un spa y de tenerte cariño.

Martes: comprar flores o algún tipo de planta y ponerla dentro, en mi cuarto tal vez

Luego, para este día, pasé por una floristería que estaba en mi camino al metro y compré un cactus pequeño a los que alguien siempre le toma una foto y lo pone en Instagram. Pero supe por qué lo hacían. Son demasiado baratos y te hace feliz de tenerlo ahí como una mascota. Lo puse justo al lado de mi laptop y lo nombré Hygge Eustacio.

Miércoles: apagar todo tipo de pantallas, teléfono y laptops, y quedarse en casa con un buen libro

Aquí me caí, eso lo puedo reconocer. Durante un miércoles es bastante difícil permanecer desconectada por toda una tarde, siempre he tenido un pánico de que explote alguna crisis y yo esté tranquila en mi mundo.

Para nada porque no pasó, pero sí me puse a leer un rato El Psicoanalista, ya iba un poco más de la mitad y esta vez puedo decir que me senté a leer. Eso quiere decir que no aparté el libro después de la tercera página por la ansiedad de tener que dedicarme a otra cosa. Pasé un total de dos horas y media leyendo y eso es algo que no hacía desde hace semanas. Desde diciembre, creo.

Jueves: crear algo, tejer, cocinar algún postre o escribir un poema

Aquí, considerando que mi mamá se molesta cada vez que descompleto su plan alimenticio semanal y de su registro de comidas, decidí simplemente escribir en una libreta vieja. Journaling es algo que no hacía desde que comencé la universidad porque nunca encontré la forma de escribir a mano sin decir demasiadas estupideces con errores gramaticales. Pero lo intenté, hice listas de los lugares a los que quiero ir en Caracas y de lo que espero lograr este año.

Después de este pequeño ejercicio supongo que me ubiqué en mi propio plano existencial, mi objetivo y mis logros. Así que me propuse hacerlo de forma semanal.

Viernes: ver una película en familia

Esto es algo que siempre hago, pero por alguna razón, pude apreciarlo por lo que significa. Vimos Wonder, la película en la que un niño con la cara desfigurada termina siendo la persona más fuerte en pisar un colegio. Owen Wilson hace de papá cool y Julia Roberts hace de mamá artista genio.

Son el tipo de películas que hacen a mi mamá llorar, a mi papá burlarse de ella y a mí apreciar todo este show.

Sábado: desayunar en cama con velas y muchas cobijas

Esta vez prescindí de las velas. ¿Por qué alguien desayunaría con velas cuando el sol está en su máxima expresión? Pero sí me acurruqué entre sábanas y café al terminar mientras mi mamá y yo veíamos My Best Friend’s Wedding. Julia Roberts de nuevo.

Estoy decidida a desayunar así todos los sábados.

Domingo: salir de casa y pasear por lugares verdes o incluso caminar por mi cuadra

Siendo Domingo de Ramos, fui a la iglesia con mis papás a la misa dominical, solo que esta vez todos tenían ramas gigantes de palmas para darle la bienvenida a la Semana Santa.

Me gusta todo lo que involucra ir a la iglesia, salir a caminar con mis papás y mi hermana, y tener conversaciones de domingo justo después de salir mientras caminamos de vuelta a casa. Nunca me consideré una católica ferviente, pero sí admiro y respeto todos los rituales y mensajes que están detrás de todo. Asunto que mi papá y yo siempre hablamos en ocasiones que nos lo permiten.

Después de eso, mi mamá y yo caminamos comprando fruta y comiendo mientras llegábamos a la casa.

No sé si ya entendiste de qué trata vivir bajo la filosofía hygge, solo te diré que vale toda la pena del mundo. Me ayudó a deshacerme de la impotencia de contestar todas esas dudas y de sentirme cansada todo el tiempo. Así es el estilo de vida danesa, el secreto de la felicidad.

Puedo relacionarlo también con la filosofía italiana de “dolce far niente” (la dulzura de no hacer nada), solo que la danesa es un poco más satisfactoria por el simple hecho de poder publicar en Instagram. Yo no lo hice porque me lo impuse como parte del reto.

Ahora te toca a ti aplicarlo, no te cuesta nada y lo vale todo. Avísame si aprendes a pronunciar hygge.

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