14 de febrero y otras fechas existencialistas

El 14 de febrero es cuando la fibra feminista, independiente y moderna que nos caracteriza a muchas de nosotras, es movida o en los peores casos, quebrada.

Querámoslo o no, nuestro subconsciente frecuentará ondas afectivas y como aquella pésima película de Matthew McConaughey, nos presentará ánimas de nuestras antiguas, presentes y futuras relaciones.

Los osos de peluche, las publicaciones en Instagram, promociones 2×1, programación especial en la televisión, playlists de amor en la radio, tarjetas de corazones y bombones de chocolate, serán un bonito recordatorio de que el centro gravitacional del mundo no está atraído al dinero, el poder o la fama, sino al amor y al sexo, términos todavía por definir en cuanto a diferencias conceptuales.

Lo cierto es que por más emocionante, indiferente o equis que te dé la primera quincena de febrero, inevitablemente es un momento de crisis personal porque invita a la introspección. Fuerza a todo ser humano sobre la tierra a reconocer su estatus emocional y aspiracional en cuanto a pareja se trata y aún así aquellos afortunados que encontraron a su medio mamón, la sudan pensando en esta fecha.

‘O sea, yo sé que él me ama y yo lo amo, pero ¿será que necesitamos crecer apartados?’

‘Hace tres años que no salgo con nadie, ¿será que la del problema soy yo?’

‘En verdad me sabe a rabo esta fecha, ni me va ni me viene. ¿entonces por qué paso mis momentos de paz gastando neuronas pensando sobre el 14 de febrero?’

Supongo que reflexionar sobre nuestras vidas no debe ser visto como algo malo, pero hay ciertas fechas en el año como esta, que nos obligan a desviar la rutina “baño, comida, trabajo, Netflix, comida, memes, dormir” a pensamientos existencialistas. Digo obligar, porque el bombardeo de estímulos en ciertas fechas festivas se siente como aquel momento en que la protagonista de Destino Final empieza a ver señales por todos lados que describen cómo serán las muertes. Las señales no la dejan en paz y atormentan su día a día.

Más o menos así nos sentimos en estos “días especiales”, bajo el ataque de señales en forma de misiles que anuncian la muerte de nuestra paz mental.

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    De vez en cuando desarrollaremos una tendencia hacia lo existencialista, después de todo, somos millennials y nos llena de gozo nuestra presencia en el mundo, mientras que al mismo tiempo nos amarga.

    De todas formas, el 14 de febrero puede que sea la fecha más severa de todas para caer en esta tentación semi depresiva y gracias a Santa Beyoncé, se encuentra cerca y se va pronto.

    Love is in the air!

    …and we are wearing gas masks.

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