Vivienne Westwood y el impacto de la estética punk - The Amaranta

Vivienne Westwood y el impacto de la estética punk

El punk irrumpió en la cultura mainstream un miércoles por la noche durante el horario estelar de la televisión británica y así, el mundo que todos conocían acabó el primero de diciembre de 1976 con explosiones y gemidos.

The Filth and the Fury fue el titular que el Daily Mirror escogió para describir lo sucedido aquel día: el programa Today de Thames Television había recurrido a la banda Sex Pistols a última hora luego de que Queen cancelara su presentación. En medio de su ebriedad, el anfitrión Bill Grundy comenzó a provocar a los integrantes de la agrupación y a su entourage, dentro del cual se encontraba Siouxsie Sioux, a quien el presentador se le insinuó durante la entrevista. Esto despertó las reacciones agresivas de los miembros de la banda, ya cansados de los ataques de Grundy, y terminó con el guitarrista Steve Jones llamando “bastardo”, “viejo asqueroso” y “maldito cabrón” al anfitrión. El breve intercambio de palabras representó un estallido que llevó al punk a abandonar su naturaleza underground y a adoptar un estatus contracultural que definió los siguientes años y sentó las bases de un movimiento que le daría la vuelta al mundo con toda su suciedad y su furia.

Daily Mirror
Titular del Daily Mirror
Mirrorpix

Si bien era apenas la tercera vez que se decían groserías en la televisión británica, ver a los jóvenes pronunciarse en contra de lo establecido y mostrar rechazo hacia las figuras de autoridad no era algo precisamente nuevo. En la década de los sesenta, Estados Unidos se enfrentó a una juventud que en respuesta a la guerra de Vietnam, el asesinato del presidente John F. Kennedy y la falsa promesa de aquel sueño americano que podía alcanzarse mediante el consumismo, buscaba alejarse de las costumbres y los valores de las generaciones pasadas. Los baby boomers, entonces, comenzaron a experimentar con psicoactivos y a romper con las exigencias de los roles de género a través de la vestimenta con el fin de elevar su crecimiento espiritual y rebelarse ante sus padres.

Posteriormente, el sentimiento de desilusión no hizo más que agravarse cuando la familia Manson cometió los asesinatos Tate-LaBianca el 9 de agosto de 1969, dando pie a la prolongación de la paranoia y la tensión. En su autobiografía, Roman Polanski escribió que la muerte de su esposa, Sharon, lo había hecho pasar de ser “un ilimitado y despreocupado mar de expectativas y optimismo” a ser uno de “eterna insatisfacción con la vida”. Aunque más personales para él que para el resto del mundo, sus palabras podían resonar con todos aquellos que se sintieron de una manera similar en la década de los sesenta.

Un año antes, en mayo de 1968, París había sido el escenario en el que se desenvolvieron distintas protestas cuyos protagonistas fueron los estudiantes, influenciados por el hippismo. A ellos se unieron los sindicatos, el Partido Comunista Francés y grupos de obreros industriales. El descontento surgía del rechazo a la sociedad de clases; a las autoridades, las cuales habían reprimido fuertemente algunas protestas anteriores; a la guerra de Vietnam y a la detención de varios estudiantes del Comité Vietnam Nacional, acusados de atentar contra empresas estadounidenses. Así, lo que había comenzado como una revuelta estudiantil rápidamente cobró fuerza y quienes participaron en las protestas se empeñaron en cambiar el mundo. 

Protestas en París
Protesta en París en mayo de 1968
Reddit

El escritor y periodista de música Jon Savage propone en su libro England’s Dreaming: Anarchy, Sex Pistols, Punk Rock, and Beyond que los disturbios de lo que ahora se conoce como el mayo francés son un antecedente del punk: “La casi revolución que ocurrió en París y el resto de Francia durante mayo de 1968 tuvo un impacto inmediato y estimulante en la juventud alrededor del mundo: en parte porque fue la primera insurrección urbana debidamente televisada, en parte porque marcó a una generación que reclamaba sus derechos políticos [..]. La intensidad violenta del pop que había inundado el mundo desde 1964 se tradujo en una demostración pública de la promesa utópica: que el mundo podría transformarse”. 

Durante estos sucesos, a quienes protestaban se les llamó “les Enragés”, término que hacía referencia a un grupo radical de la Revolución Francesa en 1789, época en la que las palabras “anarquía” y “anarquista” fueron usadas con libertad por primera vez, plantea Savage. En esta ocasión, los términos habían sido traídos de vuelta para hablar de un grupo de jóvenes que querían revolucionar el mundo y que se valían de posters y graffitis para transmitir su mensaje, convirtiendo la estética en una expresión política, algo que rescató el punk algunos años después.

Con la llegada de la década de los setenta, el Reino Unido también desarrolló sus propios problemas: las crisis del petróleo en 1973 y 1979, las cuales también resultaron perjudiciales para Estados Unidos, y la desindustrialización, que significó la pérdida de empleos y el cierre de operaciones de minería y manufactura. De esta forma, el descontento y la angustia que se habían construido en Estados Unidos durante la década de los sesenta, los disturbios en París en 1968 y ahora el comienzo de la crisis económica de Reino Unido prepararon el terreno para que los outsiders se rebelaran ante el sistema y buscaran transformar el mundo a través de su desobediencia.

Taxi Driver moda
Travis Bickle, interpretado por Robert De Niro, en Taxi Driver (1976)
Columbia Pictures

No es coincidencial que Travis Bickle cambie su vestimenta y peinado por una chaqueta militar con parches y un mohawk, ambos elementos propios de la contracultura punk, cuando decide limpiar él mismo la mugre de la ciudad de Nueva York. Quienes participaron en el movimiento eran personas que buscaban hacer una declaración como la de Bickle, que sabían que el mundo no era un lugar maravilloso y que no había futuro.

No future” se convirtió en un lema de la contracultura luego de que Johnny Rotten enunciara la frase en el tema God Save the Queen de Sex Pistols, quienes, por un lado, tenían razón. No hubo un futuro para la agrupación inglesa que había llevado el punk a la cultura mainstream, pues la banda se desintegraría en 1978. No hubo un futuro para Sid Vicious, quien entró como el nuevo bajista en 1977 y murió de una sobredosis en 1979. Y tampoco hubo futuro para Punk, el fanzine neoyorquino al cual se le atribuye haber usado el término por primera vez en la historia, pues su última publicación fue en 1979.

Sin embargo, no todos los personajes e ideas detrás del punk carecían de futuro. La práctica de fabricar las cosas uno mismo, por ejemplo, está directamente relacionada con una filosofía anticonsumista que se ha mantenido a través del tiempo y en la actualidad ha dado vida a redes sociales como Pinterest, donde las propuestas de DIY (Do It Yourself) son la razón principal por la que la gente acude a la aplicación. Este método llegó a caracterizar al movimiento punk y algunos hasta creen que nació con él, pues sus participantes hacían sus propias revistas, camisas, libros, posters y, por supuesto, música. Las bandas del género punk solían encargarse de grabar, distribuir y promocionar sus discos ellas mismas, sin recurrir a grandes sellos musicales.

Malcolm McLaren y Vivienne Westwood punk
Malcolm McLaren y Vivienne Westwood en 1976
AnOther Magazine

Quien tampoco carecía de futuro era Vivienne Westwood, una de las mentes detrás de la tienda de ropa a la cual el movimiento punk le debe su estética y la novia de Malcolm McLaren, mánager de Sex Pistols, por casi dos décadas. Luego de conocerse en 1965, Westwood, entonces una maestra de primaria con aspiraciones intelectuales, y McLaren, un estudiante de distintas escuelas de arte de las cuales nunca se graduó, comenzaron una relación tan tormentosa como legendaria.

En 1971, McLaren caminaba por la calle cuando un hombre se le acercó para hacerle un cumplido por sus pantalones, los cuales habían sido diseñados por Westwood para él. El admirador de la prenda era el gerente de la tienda Paradise Garage, a donde McLaren se dirigió luego de este encuentro. Lo que descubrió el futuro mánager de Sex Pistols en el local fue la oportunidad de hacer dinero y en octubre de ese año alquiló la parte de atrás del establecimiento para vender ropa allí.

Fue entonces cuando McLaren y Westwood se convirtieron en un gran equipo creativo, pues pusieron a la venta algunas piezas diseñadas por ellos en conjunto, entre otras cosas. Tan solo un mes después, en noviembre de 1971, el dueño de la tienda, Trevor Miles, se la dejó a la pareja y esta le hizo una transformación, cambiando su nombre de Paradise Garage a Let It Rock. Aunque para ese momento el par todavía no confeccionaba prendas que incorporaran la estética punk que definió su estilo poco después, sí hacían piezas que se caracterizaban por no encajar dentro de los gustos mainstream. Esto se debía a que tanto McLaren como Westwood sentían una gran desconfianza hacia el hippismo, cuyos códigos estéticos eran los que estaban en tendencia en esa época.

Let it Rock Punk
Malcolm McLaren afuera de Let It Rock
Let It Rock: The Look Of Music The Sound Of Fashion

McLaren y Westwood estaban lejos de comulgar con esa filosofía de amor y paz que estaba en boga para el momento. “Inglaterra no era libre y fácil: era reprimida y horrible. Ambos [McLaren y Westwood] consideraban que las afirmaciones de la cultura hippie de haber cambiado el mundo eran falsas: eran solo un escaparate”, explica Jon Savage. Por esa razón, la ropa diseñada por la pareja reflejaba el rechazo a este movimiento y más bien se apegaba a estilos pasados de moda, como el de los Teddy Boys de los años cincuenta.

A pesar del éxito de Let It Rock que llevó a que personajes como Ringo Starr fueran vistos usando prendas de la tienda, en 1973 el local volvió a cambiar de imagen y Too Fast to Live, Too Young to Die era el nuevo nombre de la boutique ubicada en la calle King’s Road. El motivo de la modificación era un cambio de visión y estilo, pues McLaren y Westwood comenzaron a inspirarse en la estética del rock y los moteros, tomando como referencia películas como The Wild One y Rebel Without a Cause.

Ese mismo año la tienda fue invitada por el hotel MacAlpin de Nueva York a su Feria Nacional de Boutiques, así que McLaren y Westwood visitaron los Estados Unidos, donde conocieron a la banda New York Dolls, a la cual empezaron a vestir para sus conciertos. Tan solo un año después, en octubre de 1974, y con las referencias que habían adoptado en su viaje a Nueva York —como las camisas rotas y con alfileres de Richard Hell, figura emblemática del punk—, el local fue nuevamente sujeto a un cambio de imagen. Too Fast to Live, Too Young to Die le había cedido su puesto a Sex, el nuevo nombre del establecimiento que la diseñadora y su novio habían escogido para manifestar la importancia que también le daban a la ropa y los accesorios fetichistas, inspirándose, según Tavia Nyong’o en su ensayo The Intersections of Punk and Queer in the 1970s, en la pornografía gay, el sadomasoquismo y el bondage.

Pamela Rooke
Pamela Rooke, conocida como Jordan, en la entrada de Sex en 1976
Rex Features

Westwood y McLaren, como explica Lauraine Leblanc en Pretty in Punk: Girls’ Gender Resistance in a Boys’ Subculture, usaban el sexo no como un arma de seducción sino como un medio para horrorizar a otros. En varias ocasiones la diseñadora ha afirmado que la moda, para ella, se trata de sexo y en su autobiografía, escrita en conjunto con Ian Kelly, el autor afirma que “el impulso sexual y la iconografía del comportamiento y la desviación sexual —las cadenas, la goma, la ropa fetichista, por no mencionar los tacones— se convirtieron en íconos de liberación para ambos [McLaren y Westwood] […]. La imaginería de represión y perversión era parte de una propaganda más amplia diseñada para atraer a quienes buscaban la libertad”. 

En su libro, Leblanc habla de sus propias experiencias como una adolescente de 15 años, edad a la cual decidió adoptar el estilo punk. Después de ser maltratada en el colegio, donde sus compañeros se burlaban de su aspecto físico, la autora cambió su peinado por un mohawk y empezó a ir a la escuela usando camisas hechas por ella misma. Según Leblanc, esto le daba una especie de autoridad, ya que podía responderles que se veía así porque quería, porque era su intención, a todos aquellos que hicieran comentarios negativos sobre la manera en que lucía. De este modo, la entonces adolescente usaba prendas cuyo estilo resaltaba su sexualidad, pero lo hacía no para atraer a otros sino para horrorizarlos a través de su libertad.

Además, el punk y, por ende, la tienda que se encargó de popularizar su estética lograron hacer un poco más borrosos los límites que existían entre el género masculino y el femenino. Estaban los hombres que se vestían con ropa de mujer, las mujeres que se vestían con ropa de hombre y quienes no representaban ningún género siquiera. Estos esfuerzos por quebrar las barreras del sistema binario son antecedentes de lo que conocemos por moda ahora que la industria entiende que no tiene por qué existir una correspondencia entre el sexo y el género, y que no hay nada que restrinja la performatividad de este último al binarismo cuando en realidad nos encontramos frente a un espectro del cual podemos escoger o simplemente no hacerlo.

Sex punk
De izquierda a derecha: desconocida, el escritor Alan Jones, Chrissie Hynde, Jordan y Vivienne Westwood en Sex
The Independent

“No fun” era otro de los lemas del movimiento. Sin embargo, es difícil pensar que no había algo de diversión en el acto de romper las reglas de los roles de género y jugar con el sexo tan libremente. Pamela Rooke, mejor conocida como Jordan por el personaje del mismo nombre de The Great Gatsby, era una de las empleadas de Sex, donde también trabajaba Sid Vicious los fines de semana. Sin proponérselo, Rooke se convirtió en un ícono de la moda punk y de la época gracias a sus peinados antigravedad y maquillajes extravagantes. Con su vestimenta y look andróginos, y el cambio de nombre por uno unisex, Jordan parecía evocar esa libertad que plasmaba Westwood en sus creaciones. “Liberarse sexualmente es liberarse políticamente”, escribe Ian Kelly, razón por la que la diseñadora, quien tenía un interés particular en este aspecto de la moda, contrató a Jordan inmediatamente después de conocerla.

En 1976, Sex volvió a cambiar de imagen y entonces se llamó Seditionaries y usó el eslógan “ropa para héroes”. De alguna manera, los anarquistas, les Enragés, pasaron a ser ídolos para algunos y el rebranding del local parecía reconocer esto. Los integrantes de Sex Pistols, quienes formaron la banda un año antes de esta modificación y vestían la ropa diseñada por Westwood que se vendía en la tienda, se convirtieron en héroes para los miembros de la contracultura, esos que estaban cansados de los Bill Grundy del mundo y que celebraban que gente como el presentador fuese humillada en televisión. Por fin había personas que decían las cosas como eran y hacían lo que se tenía que hacer; personas a las que, como Travis Bickle al final del filme de Martin Scorsese, se les atribuía la cualidad de héroes.

Era Vivienne Westwood quien estaba vistiendo a los nuevos héroes de la juventud, quien imponía un estilo a través de ellos, creaba tendencias entre aquellos que encontraron inspiración en la estética y los valores del punk, y creaba códigos visuales que hoy en día cualquier persona podría relacionar con esta contracultura. Si en la actualidad imaginamos, por ejemplo, piezas con estampados de cuadros cuando pensamos en la moda punk, es gracias a la diseñadora británica.

Vivienne Westwood otoño-invierno 2019
Alessandro Lucioni

“El punk era la cultura de la basura que se había vuelto avant-garde y/o el avant-garde que se había vuelto basura, y tal como el dadaísmo había tratado de destruir la institución del arte, los punks parecían empeñados en destruir la institución de la moda”.

Elizabeth Wilson en Bohemians: The Glamorous Outcasts

Claro estaba que Westwood y McLaren querían destruir la moda hippie que dominaba la cultura mainstream, por lo que además de valerse de referencias fetichistas y rescatar estilos de décadas pasadas para lograrlo, dotaron de un nuevo carácter a una tela que siglos antes había sido prohibida: el tartán.

Si bien no se sabe exactamente cuál es el origen del tejido, este se relaciona con Escocia porque en el año 1815 se seleccionaron distintos colores de tartán para identificar a los diferentes clanes escoceses que existían en la época. Sin embargo, antes de eso, la tela había sido prohibida por casi cincuenta años en Gran Bretaña, puesto que en un intento por controlar las Tierras Altas de Escocia, el Parlamento del Reino Unido decretó en 1746 que el uso de los kilts y el tartán era ilegal. Por ende, debido a esta ley de vestimenta, todos aquellos que fuesen vistos llevando una prenda hecha con esta tela se enfrentarían al encarcelamiento o la deportación. Fue así, entonces, como el tartán adquirió otro significado, demostrando nuevamente que la estética y la indumentaria pueden ser una expresión política, algo que llamó la atención de Westwood, quien siempre busca hacer declaraciones de este tipo.

Esos héroes que decían groserías en la televisión y se burlaban de la reina en sus canciones no eran los únicos que estaban siendo vestidos por Westwood. Quienes idolatraban a estas figuras eran outsiders que en Sex —y posteriormente en Seditionaries— encontraron una manera de copiar el estilo de quienes se encontraban en la escena punk, personas que a su vez eran outsiders también. Vestir telas prohibidas que llevaron a muchos a la cárcel o a abandonar sus tierras era una forma de asumir la cualidad de outsiders que los definía, funcionando, además, como una estrategia para adquirir cierto poder sobre su aspecto y su identidad, tal como Lauraine Leblanc había hecho cuando tenía 15 años.

A la tienda se le conoció como Seditionaries hasta septiembre de 1980, cuando el local pasó a llamarse World’s End, nombre que conserva hoy en día. En 1981, McLaren y Westwood presentaron su primera colección formal, la cual llamaron Pirate. Para este momento, el movimiento punk se había vuelto mainstream en parte gracias a Sex Pistols y el escándalo del primero de diciembre de 1976, en parte gracias a Vivienne Westwood, quien, junto a su pareja, había popularizado el estilo. Irónicamente, esto le había traído cierta desilusión a la diseñadora británica, pues significaba que la contracultura había perdido su esencia y, después de todo, no tenía futuro. Por esta razón, buscó referencias en otros lugares y dio con una colección que evocaba la estética de los piratas, los dandies y los bandidos para la temporada otoño-invierno 1981, lo que demostró que si bien podía darles versatilidad a sus diseños, nunca abandonaría a los grupos de outsiders realmente.

A mediados de los ochenta, Westwood y McLaren se separaron, lo cual no impidió que ella siguiera diseñando ropa por su lado y explorando sus gustos y estética. A través de su trabajo no solo terminó descubriéndose a ella misma, como ha dicho antes, ni definiendo el estilo de un movimiento contracultural, sino que también logró inspirar a diversos diseñadores que, gracias a ella, hoy en día traen de vuelta el estilo punk casi cada temporada.

A pesar del famoso “no fun”, quien vea la ropa de Westwood o la presentación de sus colecciones jamás podría afirmar que la diseñadora de 78 años no se divierte haciendo lo que hace. Hay algo sobre su estilo que nace meramente de la despreocupación, lo cual resulta entretenido y hasta inspirador. Westwood ha sido objeto de burlas dada su manera de transmitir ideas —“Encuentro la forma en que Vivienne hace llegar su mensaje casi vergonzosa a veces, muy intensa”, llegó a decir Trevor Miles, el dueño original de la tienda ubicada en King’s Road—, pero esto nunca la ha detenido y quizá resida allí la razón por la cual tantas figuras influyentes de la industria de la moda la encuentran tan fascinante ahora como hace cuatro décadas.

Quizá el punk no tuvo el desenlace que algunos deseaban, pero definitivamente y contrario a lo que cantaba Johnny Rotten, sí tuvo futuro, y eso, en parte, es gracias al aporte de Vivienne Westwood. Algunas de las ideas que se escondían detrás de los maquillajes fuertes y los coloridos mohawks son lo que ha ayudado a darle forma al mundo. Al mismo tiempo, estas ideas estuvieron y están presentes en cada una de las prendas diseñadas por Westwood, quien confecciona ropa que podrá ser calificada de varias maneras, unas más amables que otras, mas nunca de vacía. Por eso, es en sus diseños que podemos encontrar parte de la historia del mundo, de lo que nos ha hecho progresar y nos ha traído a la actualidad, una época en la que tanto modistas y directores creativos bien establecidos como aquellos que apenas están emergiendo —Dilara Findikoglu presentó su colección primavera-verano 2020 hace dos días y esta hacía referencia directa a Vivienne Westwood y su filosofía de comprar menos y mejor— celebran la relevancia del trabajo de la diseñadora, recordándonos, después de todo, que si sabemos cómo luce el punk, sabemos entonces cuál es el legado de Vivienne Westwood.

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