La relevancia del vestuario en el cine de Hitchcock y su influencia en la moda

La relevancia del vestuario en el cine de Hitchcock y su influencia en la moda

Pensar en Alfred Hitchcock es pensar, quizá, en la imagen del ojo de Marion Crane (Janet Leigh) en Psycho (1960) o la del rostro de John “Scottie” Ferguson (James Stewart) cuando ve a un policía caer del techo en Vertigo (1958). Pensar en Hitchcock es pensar, también, en el vestido blanco y negro que usa Lisa Fremont (Grace Kelly) en Rear Window (1954) o en el traje verde de Melanie Daniels (Tippi Hedren) en The Birds (1963). Así, el llamado “maestro del suspenso” —siempre con ayuda de Edith Head— convirtió el vestuario en uno de los elementos más emblemáticos de sus películas y su carrera.

El director inglés jamás pasó por alto el valor de la ropa y, en cambio, vio en ella una herramienta. Para él, una historia se contaba mejor visualmente, por lo que siempre se esforzó en hacer que sus filmes funcionaran aun sin diálogos o sonido: “Una película tiene que ser visualmente interesante, la imagen lo es todo. Intento contar mi historia en imágenes para que el público no se impaciente y se inquiete si el aparato de sonido se descompone en el cine”. Entendiéndose el vestuario como una suerte de extensión visual de la personalidad, Hitchcock vio en él la oportunidad de construir sus personajes y desarrollar sus historias.

Grace Kelly Rear Windoy
Grace Kelly usando el vestido blanco y negro que Edith Head diseñó para ella en Rear Window (1954)
Paramount File Reference

En Adorning the Story: Costume as a Storytelling Tool in Alfred Hitchcock’s Stage Fright and Strangers on a Train, Bridget Alana Shields plantea que el cineasta usaba el vestuario para “describir, ocultar o revelar información sobre alguien, ayudar en el avance de la trama y crear contraste entre los personajes, teniendo influencia en el tono de la escena o la película en su totalidad”. Esto puede verse, por ejemplo, en Rear Window, cinta en la que Grace Kelly interpreta a Lisa Fremont, la editora de una revista de moda que viste ropa traída directamente de París, los cuales modela para  L.B. «Jeff» Jefferies (James Stewart) cuando va a visitarlo en su casa. Si, efectivamente, el sonido de la película fallara al verla, cualquiera sabría que Lisa es una mujer elegante, con estilo y de clase alta. También sabría que el personaje de Stewart, quien la recibe en pijama, no comulga con el modo de vida de su novia, razón por la cual no se siente seguro de la relación, y ese contraste entre los intereses de ambos puede verse en la vestimenta que utilizan y su forma de presentarse al mundo.

El vestuario de Rear Window fue diseñado por Edith Head, quien no murió sin antes ganarse ocho premios Óscar por su trabajo —más que cualquier otra mujer en la historia de la Academia— y recibir 35 nominaciones al mismo galardón. Sus 11 colaboraciones con el maestro del suspenso han inspirado documentales y le dieron tanto al cine como a la moda algunos de sus momentos más icónicos, contribuyendo con la relación simbiótica que existe entre ambas profesiones.

Quienes trabajaron con Hitchcock afirmaban que antes de empezar a rodar sus películas, el cineasta ya tenía una idea de cómo se verían estas. Sabía exactamente cuáles serían los ángulos de las tomas, cuándo cortaría, cómo la editaría y, por supuesto, qué estarían vistiendo sus actores, llegando a incluir esto último en el guion. En su afán por contar la historia visualmente y cuidar cada detalle, el director participaba en cualquiera de los departamentos encargados de llevar a cabo su visión siempre que tuviese la oportunidad y encontró una estrategia sumamente útil y valiosa en delimitar la ropa que usarían sus personajes. “Ahí está, mi querida Edith, en el guion”, era su respuesta a las dudas con las que Head lo confrontaba sobre el vestuario de sus filmes. Todo, absolutamente todo, lo que se veía en pantalla durante la proyección de una cinta de Hitchcock había sido concebido primero en su cabeza.

Hitchcock y Edith Head
Alfred Hitchcock y Edith Head (1970)
Edith Head: Dressing the Master’s Movies (2008)

“Una de las grandiosas cualidades de un diseñador de vestuario es asumir el hecho de que son narradores. Edith Head entendió que cada retazo de tela […] contaba una historia”, declaró Guillermo del Toro en el documental Edith Head: Dressing the Master’s Movies (2008). Si bien la vestuarista trabajaba siguiendo las indicaciones de Hitchcock, fue ella quien realmente se encargó de convertir esa visión en una realidad y de vestir a Hollywood, como muchos afirman. Era su inigualable talento el responsable de la belleza de los atuendos vestidos por grandes estrellas de cine y el que estaba detrás del simbolismo que estas prendas acarreaban en las películas de Hitchcock.

Los atuendos en las películas del director no solo eran una herramienta visual que servía para construir y demostrar características de los personajes, sino que eran usados para transmitir los temas centrales de las cintas. Así como el emblemático traje gris de dos piezas que lleva Kim Novak en Vertigo simboliza dualidad y obsesión, los vestidos de Lisa Fremont y la ropa interior de Marion Crane, por ejemplo, también poseen un significado que va más allá de una función estética o arquetipal.

En Rear Window, el personaje de Grace Kelly, además de hablar constantemente sobre su ropa, la modela para su novio y la cámara, la cual la graba de formas que permiten que el espectador, también, se tome un momento para apreciar su vestimenta. Laura Mulvey, teórica de cine que propuso el término “mirada masculina” en su ensayo Visual Pleasure and Narrative Cinema, expone que debido a su ropa y los close-ups que se hacen de ella, Lisa Fremont es un personaje que constantemente busca ser observado en una película cuyo tema principal es, ciertamente, la mirada.

La lucha y el contraste entre el bien y el mal es una de las temáticas que trata Psycho. Estas cualidades opuestas se reflejan en la película a través de lo que representan Norman Bates y Marion Crane, sus protagonistas, así como mediante la ambivalencia de sus acciones y el color de la ropa interior que usa el personaje de Janet Leigh en diferentes ocasiones. Cuando aparece por primera vez en pantalla, Marion Crane está usando lencería blanca para simbolizar su inocencia. Sin embargo, Hitchcock le pide al espectador que la vea de una manera diferente luego de que esta decide tomar un dinero que no le pertenece. Así, el cambio de color en su ropa interior, la cual ahora es negra, sirve para reflejar que sus intenciones ya no son tan inocentes.

Janet Leigh en el set de Psycho (
Janet Leigh en el set de Psycho (1960)
Paramount Pictures

Fue haciendo uso de las posibilidades narrativas que posee el vestuario que el director logró transmitir su punto de vista, popularizar el estereotipo de la “rubia Hitchcock” —siempre bien vestida y con estilo— e inspirar a numerosos diseñadores de moda que, gracias al impacto del cineasta, aún crean atuendos que Edith Head habría aprobado. La razón por la que el vestuario de estos filmes ha sido capaz de trascender décadas y tendencias hasta colarse en las pasarelas de la actualidad es precisamente la cualidad atemporal con la que Head y Hitchcock lo concibieron en primer lugar.

Por un lado, la diseñadora buscaba alejarse de todo aquello que pudiese hacer que los largometrajes envejecieran en el tiempo que transcurría desde su filmación hasta su estreno, por lo que evitaba apegarse demasiado a los estampados o a lo que se usaba en la época. Sin embargo, sí seguía muy de cerca la moda parisina y tomaba inspiración de Cristóbal Balenciaga y Christian Dior, incorporando a sus diseños aquellos elementos que pudiesen mantenerse a través de los años, elevando el aspecto de los personajes, mas no encapsulándolos en un período específico.

Por otro lado, Hitchcock era tan perfeccionista y controlador que en una ocasión envió a varias extras a su casa sin haber filmado nada por considerar que sus shift dresses estaban demasiado a la moda, algo que haría que la película eventualmente se viera antigua. Esta visión de ambos resultó en atuendos atemporales que eran atractivos entonces y siguen siéndolo ahora, razón por la que casas de moda han puesto sobre sus pasarelas prendas dignas de los filmes de Hitchcock o incluso han creado colecciones inspiradas directamente en él, como hizo Alexander McQueen.

Para la temporada otoño-invierno 2005, el diseñador Alexander McQueen hizo llegar la invitación a su show, la cual consistía en una tarjeta con el póster de Vertigo y el título de otra obra de Hitchcock: The Man Who Knew Too Much (1956). El desfile, por supuesto, hacía referencia al cine del maestro del suspenso a través de trajes grises como el que usó Kim Novak en Vertigo y otros de color eau de Nil, el mismo tono que lucieron Grace Kelly en Rear Window y Tippi Hedren en The Birds.

Kim Novak en Vertigo
De izquierda a derecha: Kim Novak en Vertigo (1958), Alexander McQueen otoño-invierno 2005, Erdem otoño-invierno 2018, Prada otoño-invierno 2013, Dolce & Gabbana otoño-invierno 2013 y Ports otoño-invierno 2013
Paramount Pictures / Vogue

Desde entonces, diversas casas de moda han reinterpretado aquel traje gris que a Kim Novak, en realidad, no le gustaba. Inicialmente, la actriz encargada de darle vida a la protagonista de la película de 1958 era Vera Miles, pero esta tuvo que retirarse del proyecto dado que quedó embarazada antes de que la cinta empezara a grabarse. Entonces, Novak, quien odiaba el color gris, se unió al proyecto y le expresó a Edith Head su rechazo por el famoso traje, el cual ya había sido confeccionado. Cuando la diseñadora de vestuario le comentó el problema a Hitchcock, este simplemente respondió: “Me da igual qué color lleve, con tal de que sea gris”. El empeño del director se debía a que detrás de esta decisión estética existía una función: en la visión que él tenía del largometraje, la protagonista vestía un traje gris que recordaba a la neblina de San Francisco, algo que especificó en el guion.

El asunto fue solucionado cuando Head llevó un enorme catálogo de telas grises a una reunión con Novak y Hitchcock. Los tres llegaron a un acuerdo y entonces otro traje fue confeccionado. Aunque al principio la actriz destacó que sería difícil moverse en él debido a las restricciones que implicaba la silueta de este, luego expresó que fue ese atuendo el cual la ayudó a entrar en personaje.

Esos elementos restrictivos influyen mucho en esta idea del personaje frío y rubio. Hay algo casi fetichista al respecto. No son prendas con las que sea fácil moverse, tienen una especie de feminidad performativa.

Amber Butchart, autora de Fashion in Film
Fila superior de izquierda a derecha: Alexander McQueen primavera-verano 2001 y Alexander McQueen otoño-invierno 2006. Fila inferior de izquierda a derecha: Alexander McQueen primavera-verano 2008 y Alexander McQueen otoño-invierno 2009
Vogue

De la misma manera en que Vertigo se volvió una especie de ícono para la industria de la moda, The Birds fue un tema recurrente en las colecciones de McQueen. El diseñador no encontró inspiración en el cine de Hitchcock por primera vez en 2005, sino que diez años antes, para la temporada primavera-verano 1995, presentó una colección que tomaba prestado el nombre de la película de 1963. Conocido por sus creaciones y desfiles teatrales, el británico vio en aquel ataque de pájaros la oportunidad perfecta para incorporar el drama a su trabajo y desde entonces, las aves se convirtieron en un motivo usual dentro sus diseños por más de una década hasta su muerte.

A pesar de su influencia en ella, la moda realmente no era algo por lo que Hitchcock o Head se preocuparan demasiado, pues sus prioridades se centraban más en el vestuario y menos en crear tendencias. Sin embargo, como suele ser el caso cuando genios exhiben su trabajo, lo que crearon juntos modeló el pensamiento y la estética de millones de personas alrededor del mundo que se sentirán identificadas con las palabras de Laura Mulleavy, codiseñadora de Rodarte: “Hitchcock fue una gran parte de mi comprensión del diseño de moda y Hollywood […]. Ver vestuarios increíbles en una película es algo muy poderoso que nunca te sacas de la cabeza”.

Gracias a su ojo para el detalle y su afán por contar historias visualmente, Alfred Hitchcock convirtió el vestuario en un elemento esencial dentro de una cinta. La ropa, para él, más que cumplir una función estética, era una herramienta que ayudaba a construir personajes y desarrollar la trama. No se trataba simplemente de hacer que sus heroínas se vieran bien, sino de darles una personalidad que pudiesen expresar mediante su vestimenta, de jugar con símbolos a través de un color o una silueta y de hacer avanzar la historia por medio de pequeños argumentos relacionados con la ropa, como sucede con el baile de máscaras en To Catch a Thief o el anillo de boda y la maleta en Rear Window. En el universo de Hitchcock, la indumentaria está lejos de ser algo frívolo, pues es, más bien, un elemento útil y necesario. El legado del director no solo vive en el cine, sino también en la moda, algo que nunca se propuso, pero que logró gracias a su genialidad y sus colaboraciones con la talentosa Edith Head.

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