El imaginario de Truman Capote y su influencia
Truman Capote

El imaginario de Truman Capote: ficción y realidad convergen en la moda

Al pensar en el escritor estadounidense Truman Capote, nos imaginamos la sonrisa de un niño pulcramente vestido, con un encanto que hace recordar a F. Scott Fitzgerald o a Ernest Hemingway. Conocido como una mariposa social, Capote se sentaba, vistiendo una bata, en los sofás de sus amigas opulentas y agraciadas, a quienes llamaba sus cisnes, sus musas. A aquellas que sabían qué leer, él les aconsejaba qué vestir; a aquellas que sabían qué vestir, él les aconsejaba qué leer. Generalmente recomendaba las lecturas de Marcel Proust a quienes podían comprenderlas, libros sobre la realeza a quienes no, y siempre, a todas, sus propias historias, esas que habían sido inspiradas por sus musas.

Truman Capote en su apartamento en Manhattan
Truman Capote en su apartamento en Manhattan
Arnold Newman

Holly Golightly: el ícono de la elegancia cotidiana

En el golden hour neoyorquino, frente a la vitrina de la joyería de Tiffany & Co. de  la Quinta Avenida y con la melodía de Moonriver de fondo, la dama detrás de los lentes de carey, esa del traje negro de satén, se ha convertido en un símbolo de elegancia. Creada por Truman Capote e inspirada en el círculo de sus musas neoyorquinas, Holly Golightly se ha vuelto un ícono de moda. 

En la novela Desayuno en Tiffany’s, publicada en 1958, el narrador nos introduce a un personaje que ha trascendido la barrera literaria para convertirse, también, en un ícono cinematográfico cuyo nombre se ha vuelto un sinónimo del estilo refinado: “Holly llevaba un fresco vestido negro, sandalias negras, collar de perlas. Pese a su distinguida delgadez, tenía un aspecto casi tan saludable como un anuncio de cereales para el desayuno, una pulcritud de jabón al limón […], unas gafas oscuras le ocultaban los ojos. Era una cara que ya había dejado atrás la infancia”.

El bestseller llevó a que a Holly Golightly se le considerara la creación más adorada y famosa de Truman Capote, quien, al igual que su protagonista, deseaba huir del pasado y reinventarse entre la grandeza neoyorquina, cambiando de nombre, ciudad y estilo de vida. Como Holly, el escritor rezumaba un estilo atemporal y una personalidad aventurera cuya energía incesante y sofisticación recordaba a la de sus cisnes Gloria Vanderbilt, Oona Chaplin y la modelo Suzy Parker.

Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffany's (1961)
Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffany´s (1961)
Paramount Pictures

Capote le vendió los derechos de la novela a Paramount Pictures y una adaptación cinematográfica de Desayuno en Tiffany’s, dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Audrey Hepburn, se estrenó en 1961. La actriz, con ayuda de su amigo y diseñador Hubert de Givenchy, personificó la estética de Holly con glamour y sofisticación. Para llevar a la pantalla ese icónico vestido negro que terminó caracterizando al personaje, el parisino combinó aspectos de una elegancia sutil con un escote moderno de bateau, mientras que el torso presentaba cortes vanguardistas y estratégicamente colocados, y se revelaban los hombros de Hepburn de manera sensual. 

La visión de Givenchy se fusionó con la esencia de la protagonista de la novela y acabó representando el estilo de vida de Capote. Holly Golightly personifica lo temerario, desafiante y urbano, y aquel vestido entendía su personalidad confusa y encantadora a la vez. Sin embargo, Givenchy no inventó el pequeño vestido negro, hazaña que se le atribuye a la diseñadora francesa Coco Chanel.

Aunque el vestidito negro se asocie directamente con Chanel, fue Givenchy quien lo revolucionó. Es por eso que, como la historiadora de moda Valerie Steele escribió en su libro The Berg Companion to Fashion, la prenda usada por Hepburn sigue siendo “el más famoso de todos los pequeños vestidos negros». Debido a su estatus emblemático, este ha sido también fuente de inspiración en el área editorial de la moda, por lo que Natalie Portman usó el mismo vestido en en la portada de Harper’s Bazaar de noviembre 2006. 

Natalie Portman en la portada de Harper's Bazaar (2006)
Natalie Portman en la portada de Harper’s Bazaar (2006)
Harper’s Bazaar

Helen Cowley, editora de LOVEFiLM, expresó: “Audrey Hepburn realmente hizo de ese pequeño vestido negro un elemento básico de la moda que ha resistido el paso del tiempo a pesar de la competencia de algunas de las mujeres más elegantes”. La prenda, además, se convirtió en uno de los recuerdos cinematográficos más caros de la historia, puesto que en 2006 fue subastada por $604,000 en Christie’s.

La evanescencia de Holly Golightly se ha reinventado a lo largo del tiempo y en diversas áreas del diseño. La modista libanesa Reem Acra lanzó una colección en 2018 completamente inspirada en Tiffany & Co, con looks que rendían tributo a Holly y Hepburn. Por otro lado, la exdirectora creativa de Givenchy, Clare Waight Keller, homenajeó al difunto Hubert de Givenchy con su colección de alta costura de otoño 2018 y aprovechó la oportunidad para reinventar el vestido de Hepburn, añadiendo capas de terciopelo a la misteriosidad de Holly Golightly.

Colección couture 2018 de Givenchy
Monica Feudi

¿Las mujeres que almuerzan tienen plegarias atendidas? 

A lo largo de su carrera, Capote mantuvo un rol como socialité y se desenvolvió con las it girls del haute Manhattan. Allí, el escritor tuvo bastante exposición al mundo de la moda, de las joyas y del glamour, lo que lo llevó a trabajar en Plegarias atendidas (1986), una novela que retrata la elegante vida de la élite de Nueva York en los ochenta, mucho antes de que surgiesen Sex and The City o Gossip Girl. Es aquí donde Capote nos revela, desde su realidad y con ciertas modificaciones ficticias, aspectos de las vidas de Babe Paley, Slim Keith y Lee Radziwill, hermana de Jackie Kennedy

El grupo circulaba entre almuerzos, galas de caridad, desfiles de moda y bailes de máscaras. El excéntrico escritor retrató una élite social cuyo sol resplandecía sobre las perlas y desenmascaró aquel cielo sin sueños que permeaba la alta sociedad. Las marcas comenzaron a prestar atención al poder y la elegancia moderna de estas socialités presentes en la obra de Capote, y la industria de la moda fue evolucionando para abastecer los armarios de mujeres de varios estratos sociales con la misma esencia que tenían aquellas de la alta sociedad.

CZ Guest, Truman Capote y Diane Vreeland (
CZ Guest, Truman Capote y Diane Vreeland (1968)
Getty Images

Las it girls de los sesenta, setenta y ochenta —entre ellas la socialité Nan Kempner; la editora de American Vogue, Diana Vreeland; y la primera dama Jackie Kennedy— fueron plasmadas en las novelas de Capote no solo a través de sus vivencias oscuras, sino también mediante su estilo, similar al de Holly Golightly y descrito por Robin Givhan como uno que representa a la mujer que “sale  toda la noche y no parece arruinada. De hecho, se ve espléndida”.

Lo que tenían en común las mujeres ficticias de Capote y las de la vida real era un estilo clásico que no rehuía de convencionalismos, más bien los desafiaba. Por ejemplo, en una escena digna de Plegarias atendidas, Nan Kempner causó controversia entre los maîtres del restaurante La Côte Basque al vestir un Le Smoking de Yves Saint Laurent, ya que era inaceptable que una mujer usara un traje de chaqueta y pantalón para la época de los años sesenta..

La princesa Lee Radziwill, Truman Capote y Jane Howard
La princesa Lee Radziwill, Truman Capote y Jane Howard (1967)
Pierre Boulat

Bailes entre plumas y máscaras

En 1966, Truman Capote fue el anfitrión de la que se llegó a conocer como la fiesta del siglo. Con 540 invitados, este baile exigía un código de vestimenta blanca o negra acompañada de máscaras y abanicos. Fue una noche que se comparó con Versalles de 1788 y que recibió a la élite social neoyorquina y a personajes como el actor Henry Fonda, la princesa Lee Radziwill y Frank Sinatra. 

Si bien el evento en el salón de baile del Hotel Plaza se convirtió en el epítome de la elegancia gracias a las máscaras diseñadas por Adolfo y a la música clásica de Peter Duchin que sonaba de fondo, Capote reconoció que las verdaderas decoraciones del baile eran sus invitados. Según Duchin, la escena “cerró una era de elegante exclusividad e introdujo otra de locura a los medios de comunicación”. 

El baile de máscaras de Truman Capote
El baile de máscaras de Truman Capote (1966)
Getty Images

Aquella era y sus vestuarios siguen vivos en los desfiles de Nueva York durante las semanas de la moda. Los looks de la colección de otoño 2020 de Oscar de la Renta, cuyo fundador también asistió a la fiesta en 1966, demuestran fidelidad a la estética propia de aquella década a través de figuras geométricas parecidas a esas de los vestidos de Lee Radziwill y del blanco y negro usual en la vestimenta de Mia Farrow. La colección de otoño 2020, además, se presentó en un salón parecido al del Hotel Plaza, solo que esa oportunidad la decoración no eran los invitados, sino los diseños materializados.

Fernando García y Laura Kim, el dúo creativo detrás de la firma, buscaron inspiración en el encanto de “noches mágicas” como la que organizó Capote en 1966. Con el uso de tafetas de seda, estampados de flores influenciados por el pintor Caravaggio, pedraje drapeado, plumas de colores vibrantes y las telas más finas del couture de los sesenta, vislumbra nuevamente el extravagante sueño de Capote.

Colección de otoño 2020 de Oscar de la Renta
Colección de otoño 2020 de Oscar de la Renta
NYT

Resultó ser que el imaginario de Capote no consistía meramente en sus vivencias personales articuladas de manera periodística, sino también en otras inspiradas en las mujeres que almorzaban en el Ritz o el Plaza, y filtraban los talleres de diseñadores internacionales para recoger las últimas prendas, alimentando su estatus de it girls. Quizá Truman Capote, a través de la ficción, no quiso revelar su realidad desde adentro hacia afuera, sino la vida multifacética de las mujeres detrás de sus historias, aquellas que caminaban por la Quinta Avenida de Manhattan y tras sus pasos dejaban una estela de admiradores.

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