Sobre el tiempo, Virginia Woolf y la Met Gala 2020

Sobre el tiempo, Virginia Woolf y el tema de la Met Gala 2020

Hace poco más de un año el Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York recurrió a la obra de Susan Sontag, específicamente a su ensayo Notas sobre lo ‘camp’, en busca de inspiración. La extravagancia, la artificialidad, la ironía y lo antinatural de la estética que la autora, con sumo detenimiento, describía en el texto le dieron sentido al evento más importante de la industria de la moda, la Met Gala. Luego de haber convocado a sus invitados para una noche inspirada en la contracultura del punk, los superhéroes y la Iglesia católica en años anteriores, el evento parecía ir más allá en su edición de 2019, valiéndose de referencias menos obvias e instigando a entusiastas de la moda a estudiar e involucrarse de una manera más profunda con la temática del evento, a hurgar entre las palabras de Sontag.

Ahora, para la Met Gala del 2020, el Instituto del Vestido, mediante el tema Sobre el tiempo: moda y duración, vuelve a la literatura e integra conceptos filosóficos en lo que será el evento del primer lunes de mayo de la nueva década. El código de vestimenta del mismo y el motivo de la exposición próxima a mostrarse en el Museo Metropolitano de Arte vienen dados por la novela Orlando: una biografía de Virginia Woolf, y por la adaptación cinematográfica de esta, dirigida por Sally Potter y protagonizada por Tilda Swinton.

Tilda Swinton en Orlando (1992)
Sony Pictures Classics

“Una hora, una vez instalada en la mente humana, puede abarcar cincuenta o cien veces su tiempo cronométrico; inversamente, una hora puede corresponder a un segundo en el tiempo mental”, escribía Woolf en las páginas de Orlando, dejándose llevar por la fascinación que sentía por la elasticidad de los infinitos momentos que conforman la existencia humana. Vita Sackville-West era el nombre de la mujer que había inspirado lo que Nigel Nicolson, uno de sus hijos, luego llamó “la más larga y encantadora carta de amor de la literatura”. Fueron los eternos instantes de su vida y, al mismo tiempo, la vida dentro de esos instantes tan eternos los que despertaron en Woolf el deseo de retratar a Sackville-West, su amante, a través del cúmulo de experiencias que un hombre, Orlando, era capaz de recolectar a lo largo de los siglos.

En parte una biografía, en parte una fantasía, Orlando es la historia de un aristócrata sensible y fanático de la literatura, cuya existencia trasciende cualquier esperanza de vida humana y abarca más de 300 años. Sus experiencias —basadas en las de Sackville-West, quien, como Orlando, escribía poesía y pertenecía a la clase alta— se presentan de forma episódica, entrelazándose unas con otras a pesar de la distancia temporal que existe entre ellas, para darle sentido, de este modo, a una sola vida.

La verdadera duración de una vida, por más cosas que diga el Diccionario Biográfico Nacional, siempre es discutible. Porque es difícil esta cuenta del tiempo: nada la desordena más fácilmente que el contacto de cualquier arte.

Virginia Woolf en Orlando: una biografía
Tilda Swinton fotografiada por la directora Sally Potter durante la preproducción de Orlando
Vía W Magazine

La relación entre Woolf y Sackville-West duró una década, eso es, claro, cronométricamente hablando. Juntas, a lo largo de diez años, compartieron una infinidad de momentos y vidas, se transformaron en nuevas versiones de sí mismas y se confiaron quiénes habían sido antes. Los problemas que atravesó la aristócrata para poder conservar su casa —las mujeres no tenían derecho a la herencia o propiedad de inmuebles si no estaban casadas— y sus aventuras vistiendo ropa de hombre en público fueron algunas de las vivencias de Sackville-West que Woolf tomó prestadas para otorgárselas a su protagonista. Así, ella, como Orlando, estaría aquí y allá, entonces y ahora; así, sería inmortal, eterna.

Aunque la amante de Woolf fuese una mujer y el protagonista del libro se presentara en principio como un hombre, ambos compartían una característica que resultó esencial para el desarrollo de la novela: la androginia. Con las palabras “Él, porque no cabía duda sobre su sexo, aunque la moda de la época contribuyera a disfrazarlo” la escritora introduce en la historia al personaje principal, pasos que siguió Sally Potter en su adaptación cinematográfica. Sí, Orlando es un hombre, pero su apariencia no es precisamente masculina; su vestimenta, propia de su tiempo, juguetea más bien con los códigos estéticos que suelen asociarse con el sexo opuesto. De este modo, tanto la película como la novela referencian directamente, desde sus respectivos inicios, algunos elementos clave que años después le dan forma a la Met Gala del 2020: el sexo, la identidad de género, el tiempo y la moda, específicamente la conexión que existe entre los dos últimos.

Tilda Swinton fotografiada por Karl Lagerfeld en el set de Orlando para Vogue
Vogue

La próxima Met Gala pretende destacar la estrecha relación que existe entre la indumentaria y el tiempo. Como explica Andrew Bolton, curador de la exposición que se exhibirá en el museo, el momento en que vivimos es uno de los factores que determina la estética de las prendas que usamos, las cuales cambian y seguirán cambiando de forma constante, pues del eterno transcurrir de los días depende su transformación. A su vez, la vestimenta es un indicador de tiempo infalible, ya que es sencillo trazar un vínculo entre ella y algún período específico, por lo que, como lo pone Bolton, “sirve como un reloj especialmente sensible y preciso”.

La cintura definida, los pomposos zapatos y los colores vibrantes que podían apreciarse en los atuendos que Orlando lucía en el siglo XVII, si bien extrañas hoy en día, son características que remiten directamente a su época, evocando eso de lo que hablaba Bolton en el comunicado que anunciaba el tema de la próxima edición de la Met Gala. En su obra, Woolf no solo se valía de la indumentaria para justificar la apariencia andrógina de su protagonista, sino que el primer esfuerzo que hizo por poner al lector en contexto fue a través de la moda, demostrando así cuán útil puede ser esta para darles una dimensión temporal a las cosas.

Tilda Swinton fotografiada por Karl Lagerfeld en el set de Orlando para Vogue
Vogue

No es una ni son pocas las veces que Virginia Woolf usa la moda como recurso para ambientar o dar a entender un argumento. Si en el siglo XVII Orlando era un joven cuyo sexo no inspiraba ni la más mínima de las dudas, cientos de años después, el personaje principal “cambiaba la honestidad del calzón corto por el encanto de la falda”. Para la escritora, la ropa tenía ciertas connotaciones que no muchos otros objetos son capaces de expresar, por lo que le da particular importancia al vestuario a la hora de describir lo que será el cambio más drástico en la vida de su protagonista: Orlando ya no es un hombre, se ha levantado de su cama un día como cualquier otro y se ha dado cuenta de que habita el cuerpo de una mujer.

“Se había transformado en una mujer — inútil negarlo. Pero, en todo lo demás, Orlando era el mismo. El cambio de sexo modificaba su porvenir, no su identidad”. La diferencia no es gran cosa, la protagonista es la misma persona que había sido durante siglos; solo ha mudado de piel, como había hecho ya tantas veces, mas nunca de una forma tan evidente. La existencia de un individuo —ya sea esta de veinte o 300 años— no se basa sino en mudar de piel una y otra vez, y luego una vez más, y la indumentaria, en ocasiones, no es otra cosa que un medio para exteriorizar el cambio interno que se da cuando dejamos en el pasado a una versión anterior de nosotros mismos.

Tilda Swinton fotografiada por Karl Lagerfeld en el set de Orlando para Vogue
Vogue

Fue una escena de la película en la que Lady Orlando corre por un laberinto al cual entra vistiendo un aparatoso traje del siglo XVIII y del cual sale luciendo un vestido de mediados del siglo XIX la que inspiró el tema de la Met Gala 2020, afirma Andrew Bolton. Quizá en este caso, mudar de piel no implique despertar teniendo senos, pero eso no hace que el acto sea menos significativo. Orlando entra al lugar siendo una y sale siendo otra, y el vestuario del filme, diseñado por Sandy Powell, tiene como objetivo reflejar esta transformación sin ningún tipo de timidez ni discreción.

La temática de la Met Gala 2020 toma, además, el concepto de la durée —duración— introducido en la filosofía por Henri Bergson. Sobre el tiempo: moda y duración no solo hace una revisión de la historia de la indumentaria y pretende destacar la constante evolución que la envuelve, sino que busca traer a la mesa la indivisibilidad del tiempo, la razón por la que los momentos fluyen y se acumulan, pero no pueden ser separados unos de otros.

Christian Dior primavera-verano 2005 alta costura
Marcio Madeira

Sin duda hay un presente ideal: una concepción pura, el límite indivisible que separa el pasado del futuro. Pero el presente real, concreto, vivo […], ese presente ocupa necesariamente una duración. ¿Cuándo se coloca la duración? ¿Está de este lado o de aquel lado del punto matemático que idealmente determino cuando pienso en el instante presente? Evidentemente, está tanto de este lado como de ese; y lo que llamo «mi presente» tiene un pie en mi pasado y otro en mi futuro. En mi pasado, primero, porque ‘el momento en el que estoy hablando ya está lejos de mí’; en mi futuro, luego, porque este momento es inminente sobre el futuro. […] El estado psíquico, entonces, que llamo «mi presente» debe ser tanto una percepción del pasado inmediato como una determinación del futuro inmediato.

Henri Bergson

¿Cuál es la moda actual? ¿Qué la caracteriza? Estas preguntas solo llevan a las afirmaciones que hizo Bergson, pues la ropa que vestimos hoy en día tiene un pie en el pasado y otro en el futuro. Los diseñadores tienen como tarea prever la dirección que tomará la industria luego y, al mismo tiempo, revisar aquello que ya se hizo y demostró funcionar, para seguir integrándolo en los guardarropas de sus clientes.

Thom Browne primavera-verano 2020
Filippo Fior

El tratamiento que hacía Virginia Woolf del tiempo en Orlando no se aleja demasiado de esta concepción. Las influencias son indivisibles de las prendas de ropa a las que dan origen; es imposible pensar en los diseños de John Galliano para Dior, por ejemplo, sin tomar en cuenta sus claras referencias a la indumentaria de siglos pasados. Estamos, así, frente a una suerte de continuidad dada por la combinación de elementos pertenecientes a diferentes eras. De acuerdo a Kelli Egan Nelson en su tesis The Concept of Time in the Novels of Virginia Woolf, “Orlando es un símbolo literal de la continuidad de cada individuo”, el cual “crea y es creado por la historia y, por lo tanto, lleva el pasado al presente”. La moda, Orlando y este preciso instante tienen todos, entonces, un pie en el ayer y otro en el mañana.

Incluso diseñadores cuya estética es indudablemente futurista no pueden evitar revisitar el pasado. Con colecciones y campañas publicitarias inspiradas en el estilo de los personajes de Matrix, la visión creativa que Demna Gvasalia ha llevado a Balenciaga se fundamenta, sobre todo, en las distopías y, por supuesto, en el mañana. Sin embargo, esto no significa que el director de la marca no tome en cuenta elementos de la moda que nos precede. Para su colección de la temporada primavera-verano 2020, Gvasalia hizo uso de las siluetas del siglo XIX y las combinó con un concepto que ha llegado a definir nuestros días: la fluidez de género.

Balenciaga primavera-verano 2020
Filippo Fior

Para cerrar el desfile, aparecieron tres modelos de rasgos andróginos luciendo vestidos de armador que buscaban evocar la esencia de esos que diseñaba Cristóbal Balenciaga en su época. “Se remontan al comienzo de Balenciaga, cuando [Cristóbal] comenzó en España. Hizo, sobre todo, este tipo de silueta. Pero queríamos asegurarnos de que fuesen algo que se pudiera usar. Si quitas la crinolina, tienes una especie de vestido gótico”, expresó Gvasalia sobre las piezas.

Si bien en apariencia los vestidos, para continuar usando las palabras de Bergson, tienen un pie en el pasado y otro, más que en el futuro, en el presente, ya que son algo que cualquiera podría ponerse ahora, lo que los conecta con los tiempos que estamos próximos a vivir son las modelos que los lucen. Sobre su sexo, a diferencia del de Orlando al principio de la novela, sí cabe duda, pues los rasgos de Astrid Holler, Eliza Douglas y Natalie Feshchenko no son convencionalmente femeninos.

Jean Paul Gaultier otoño-invierno 2018 alta costura
Yannis Vlamos

La moda, una industria que busca romper toda regla que encuentre en su camino, se ha encargado en los últimos años de normalizar aquellas cosas que anteriormente eran consideradas disruptivas. Personas cuyo sexo es difícil de identificar, hombres luciendo vestidos en los desfiles, modelos que prefieren no definir su género o cambiaron de sexo y demás caminan ahora sobre pasarelas sin que eso le reste importancia a la ropa. Así como Orlando despertó un día para darse cuenta de que se había transformado en una mujer y luego continuó haciendo lo que tenía pendiente sin mayor distracción, los entusiastas de la moda han dejado de prestar atención a aquellos asuntos que no les competen y han tomado la actitud que Virginia Woolf tenía al respecto: “Que otras plumas traten del sexo y de la sexualidad; en cuanto a nosotros, dejemos ese odioso tema lo más pronto posible”.

En años recientes, los diseñadores y las marcas han dejado de producir ropa para hombres o para mujeres, y han optado por crear piezas sin género. Grandes casas de moda ya no presentan sus colecciones femeninas y masculinas en diferentes desfiles, sino que han decidido hacerlo en uno solo, pues la división poco sentido tiene. Asimismo, compañías de fast fashion se han unido a la iniciativa, instalando probadores neutrales en sus establecimientos y lanzando líneas sin género. Es en el descubrimiento de que no existe nada que impida que las mujeres y los hombres vistan las mismas prendas que está el futuro de la moda.

Calvin Klein primavera-verano 2018
Yannis Vlamos

Si comparamos el retrato de Orlando hombre con el de Orlando mujer, veremos que aunque los dos son indudablemente una y la misma persona, hay ciertos cambios. El hombre tiene libre la mano para empuñar la espada, la mujer debe usarla para retener las sedas sobre sus hombros. El hombre mira el mundo de frente como si fuera hecho para su uso particular y arreglado a sus gustos. La mujer lo mira de reojo, llena de sutileza, llena de cavilaciones tal vez. Si hubieran usado trajes iguales, no es imposible que su punto de vista hubiera sido igual.

Virginia Woolf en Orlando: una biografía

Aún queda un largo camino por recorrer en cuanto a este tema, pero no hay razón para pensar que en los siguientes años la industria de la moda no podría transformarse por completo y librarse de las restricciones que imponen los roles de género, esas que Woolf bien reconocía en Orlando: una biografía.

Y si tanto la novela de la escritora como la adaptación cinematográfica de esta terminan ambas con Orlando viviendo en el presente —1928 y 1992, respectivamente—, ¿por qué habríamos de pensar que el tema de la Met Gala se encasilla solo en épocas pasadas o que los invitados al evento no pueden desafiar los roles de género como lo hizo el personaje principal? ¿Por qué no nos preguntaríamos por el futuro? Lo más seguro es que ambas obras tendrían elementos de la actualidad si hubiesen sido concebidas en nuestros días, esos en los que, como Woolf, cuestionamos las implicaciones que se desprenden del sexo y el género.

Christian Dior otoño-invierno 2000 alta costura
Condé Nast Archive

La edición del año 2020 de la Met Gala permite viajar en el tiempo, con creatividad y sin limitaciones. Aunque seguramente la gran mayoría de los invitados aprovecharán la oportunidad para vestir atuendos sacados de los archivos o inspirados netamente en el pasado, excluyendo todo elemento que pertenezca al presente, lo interesante de Sobre el tiempo: moda y duración es cómo la temática propone desdibujar la frontera que muchas veces pensamos que existe entre las eras anteriores y la nuestra, demostrando que el tiempo sí es, después de todo, indivisible.

Con suerte, aquellos convocados al evento más relevante de la industria de la moda indagarán exhaustivamente en las páginas de Orlando antes de simplemente disfrazarse como personas de otro siglo. El tema de la Met Gala nos invita no solo a observar con cuidado las piezas que vestimos y las que vemos en la pasarela en busca de la pesada carga de influencias que permitieron su realización, sino también a preguntarnos hacia dónde vamos ahora, cuál será la siguiente piel que mudaremos.

Con la Met Gala se inaugurará una exhibición, abierta desde el 7 de mayo hasta el 7 de septiembre, que abarcará un fragmento de la historia de la moda y mostrará piezas tanto del presente como del pasado, algunas de las cuales datan del año 1870. Rindiéndole tributo a su amante, Virginia Woolf —quién actuará como “narradora fantasma” en la exposición— dejó un legado que ahora nos ayuda a escribir nuestra propia carta de amor, esta vez a la moda y su historia.

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