Con la ropa de protesta todo puede salir bien o todo puede salir mal

Con la ropa de protesta todo puede salir bien o todo puede salir mal

A este punto, la única justificación válida para no conocer el movimiento del “protest dressing” es que vivas en las Islas Canarias, sin Internet ni cable, en una choza hecha por ti a mitad de la playa.

Cualquier excusa que se aparte de ese escenario, no está avalada por el sindicato de lo políticamente correcto. 

El uso de la ropa como forma de protesta ha aumentado exponencialmente y, ahora que nos la tiramos de historiadoras, podemos asegurar que rara vez ha existido un momento en la historia después del fin de los dinosaurios en el que se haya protestado tanto como ahora.

Es decir, hoy en día hasta protestan por la producción de películas que respaldan a la comunidad LGBT solo porque los hetorosexuales no deberían actuar en ellas.

Por nombrar algunas motivaciones, podemos contar al acoso sexual, el racismo, la desigualdad de género, la injusticia en los espacios de trabajo, la degradación del medio ambiente y, por supuesto, la política. Es decir, tienen a Donald Trump como presidente.

Es coherente que todos estén sobre la mesa cuando tienen a un señor con peluquín y boca de pato permanente dirigiendo a una potencia mundial.

Así que, era de esperarse que con las alfombras rojas en pleno apogeo, las voces quisieran ser escuchadas en forma de vestidos negros, pines y flores blancas. Un escenario algo nuevo considerando que premios como los Golden Globes, los Oscar y los Premios SAG, siempre han tenido más que ver con ostentación y el glamour que con los mensajes políticos a gran escala.

A diferencia de los Grammys, que tan solo el año pasado juntaron el pantsuit estampado con la palabra PERSIST en la espalda inspirado en Hillary Clinton y vestido por Katy Perry, la chaqueta deIMPEACH de Johnny Stevens, el hoodie de GIRL POWERde Schoolboy Q y el vestido viral de Joy Villa que rezaba Make America Great Again, bajo un mismo techo.

Pero, con la reciente ola de acusaciones a las que se enfrenta Hollywood, era casi inevitable que los otros premios no fuesen salpicados.

Y con salpicados nos referimos a todos usando flores blancas y a Lorde con un pedazo papel pegado en su vestido Valentino.

Puede que los Grammys si hayan bajado sus niveles de protesta comunes, mientras los otros premios subían los suyos.

Con casi todas las industrias de entretenimiento en el paredón por acoso sexual y/o desigualdad de género, la conversación comenzó a enfocarse, casi inmediatamente, en qué tipo de protesta hollywoodense podría hacer ruido lo suficiente como para controlar la Agenda Setting.

Algunas lo lograron, como los Golden Globes, con los vestidos negros; y otras no tanto, como los Grammys con las rosas blancas.

Sin embargo, dichas protestas siguen levantando una misma pregunta: ¿son estas manifestaciones lo suficientemente significativas como para lograr un cambio sistémico?

Para dibujar una respuesta más justificada, podemos evaluar el contraste entre los premios. En el caso de la señalización decorativa de los Grammys, la mayoría de las personas se preocupa por si esto es solo el tipo de protestas de one-click activism, es decir, que no crea ningún tipo de engage, más allá de un click desganado.

Mientras que existe el tipo de activismo que los Golden Globes ayudó a moldear, con la ayuda de más de 300 poderosas figuras femeninas, incluidas las actrices Meryl Streep, Reese Witherspoon y Natalie Portman, agentes y jefes de estudio que tomaron la decisión de alentar el código de vestimenta negro en los Globos. Dicho código abrió la puerta para crear Time’s Up Legal Defense Fund, sembrado por Hollywood con una suma de 13 millones de dólares, y más de 16,000 donaciones. El fondo proporciona apoyo subsidiado a cualquier persona que haya sufrido acoso sexual, agresión o abuso en el lugar de trabajo.

Esto está haciendo algo. Algo más que una palmadita y un orgulloso “estoy con la causa”.

Por supuesto, en la actualidad no se puede desalentar ningún tipo de activismo; porque de voz en voz a algo se llega. Pero, con todo el poder que tienen los involucrados, un guiño más allá de una ramita en el traje es necesario.