El ‘power suit’ como reflejo de la emancipación femenina
power suit

La evolución del ‘power suit’ como reflejo de la emancipación femenina

Si algo caracterizó la moda masculina del siglo XIX en los países industrializados fue la madurez. El look business-like de la burguesía inglesa, compuesto por chupa, casaca y pantalón largo, para entonces ya dejaba atrás por completo aquella costumbre de acentuar atributos de forma exagerada con encajes, calzones cortos y estampados extravagantes, y se entregaba a la sobriedad de los tejidos opacos y a la parquedad de los ornamentos. Con la revolución industrial, el burgués comenzó a tener preponderancia en la sociedad y esta, por supuesto, debía estar acompañada de un traje hecho a la medida que rearfirmara la seriedad y el poder de dicha posición económica: una armadura de los nobles caballeros que ahora vestían pantalón largo y casaca, como el distinguido rey Eduardo VII de Inglaterra. El suit o traje tiene, entonces, sus orígenes como símbolo de elegancia, sobriedad y progreso occidental en la era victoriana. 

Trajes de estilo eduardiano (1868)
Pinterest

Probablemente, si buscamos power dressing o power suit en internet, el primer resultado será una imagen de Joan Collins luciendo sus características hombreras en Dinastía o de Melanie Griffith con su traje blanco y lazo en el cuello en Working Girl, pero para las mujeres, el suit tiene muchas más variaciones e implicaciones que el estereotipo de la ejecutiva empoderada de la década de los ochenta. El traje Armani de dos piezas que lucían las mujeres que se incorporaban a la fuerza de trabajo a finales de los setenta es quizá el resultado de un proceso de emancipación femenina que se fue gestando desde inicios del siglo XX y que, por supuesto, miraba de frente a ese hombre burgués que no hacía tanto había asumido con madurez su parte activa en el progreso de la civilización; pues bien, esa industrialización también tuvo repercusión en la forma en que las mujeres se fueron organizando para exigir su derecho al voto, para luego incorporarse en las fábricas armando aviones durante la Segunda Guerra Mundial en los años cuarenta y para, más tarde, romper con el techo de cristal del mundo empresarial en los ochenta. El uso del power suit para las mujeres fue un indicador clave que reflejó el estatus de su empoderamiento y emancipación a lo largo del siglo XX y es, aún hoy, símbolo de todo ese proceso que sigue gestándose. 

 Working Girl  power suit
Melanie Griffith en Working Girl (1988)
20th Century Fox

En este recuento histórico veremos cómo se ha transformado el uso del traje para las mujeres y qué implicaciones culturales ha tenido a lo largo de este proceso. 

Las ‘suffragettes’ y el traje de la Nueva Mujer

El estereotipo de la Nueva Mujer de finales del siglo XIX y principios del XX estuvo encarnado en aquellas jovencitas reveladas contra la generación precedente de mujeres conformes con su rol impuesto por la sociedad, criadas bajo la rigidez de las costumbres victorianas, aquellas que solo se asumían como madres protectoras del hogar, recluidas en la vida privada. Esta Nueva Mujer es, en cambio, atrevida y deseosa de tener una participación más activa en la sociedad, pero sobre todo, se trataba de una generación ansiosa por tener el derecho al voto y poder decidir sobre su futuro y el de sus hijos. Estas sufragistas se encargaron, además, de desafiar el uso de la estrecha falda tipo hobble, muy de moda durante la primera década del siglo XX, que impedía a las mujeres dar pasos completos. Tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, la nueva generación de mujeres estaba en la búsqueda de opciones distintas, más cercanas a sus ambiciones de libertad y eso inevitablemente se vio reflejado en la moda. 

 Suffragettes
Suffragettes en 1914
Flickr

El atuendo de las suffragettes fue el primero que le empezó a dar forma al power suit, un claro antecedente tanto en lo que se refiere a movilidad como también en cuanto a esa búsqueda de emancipación e independencia. La indumentaria de esta Nueva Mujer incluía una blusa blanca, una chaqueta y una falda amplia hasta los tobillos que le permitía dar pasos con soltura a estas activistas por el progreso femenino. La lucha por la libertad y la superación de la constricción del corsé y de las faldas tipo hobble generó en la moda una opción que contradecía y desafiaba estas viejas usanzas, motivando la soltura, el movimiento y la participación de la mujer en la vida pública. De este modo, en el atuendo de las sufragistas de la década de los diez, había un subtexto feminista que respondía al deseo de las mujeres por caminar libremente y sin restricciones, como parte activa de la sociedad en pleno derecho. 

Coco Chanel, Marcel Rochas y la mujer moderna de la primera posguerra  

En 1925, Coco Chanel introdujo la idea original de su legendario traje de tela tweed en un pequeño show en su salón de la Rue de Cambon en París. Con una elegante chaqueta y una falda a la altura de las rodillas, la diseñadora, conocida por mezclar códigos tradicionales de masculinidad y feminidad, tomó inspiración de los atuendos deportivos que vestía su entonces pareja, el Duque de Westminster. El deseo de Chanel era conseguir una forma de liberar a las mujeres de los constreñidos corsés y de las faldas largas, herencia de la Belle Époque, para ayudarlas a moverse libremente. Aunque el tweed en principio no era considerado lo suficientemente glamoroso, la pasión de Chanel por diversificar el uso de las telas y jugar con los estereotipos de género logró darle el espacio icónico al textil, feminizando su uso y convirtiendo su traje de dos piezas en el atuendo legendario por el cual la marca hoy en día es reconocida. 

Este incipiente power suit canalizó el espíritu de la primera ola del feminismo, impulsada por el movimiento sufragista de varias décadas atrás. El traje ya asociado con la idea de emancipación femenina se acomodaba a las demandas del nuevo estilo de vida de la mujer moderna que ahora empezaba a tomar su lugar en el espacio público de manera más activa. A Chanel le debemos, entonces, el primer power suit, modelo que con el tiempo ha tenido sus variaciones, pero que siempre fue símbolo de elegancia e independencia. Usado en color rosado por Jackie Kennedy en el atentado a su esposo en 1963, este traje de dos piezas se convirtió en un ícono cultural y sello distintivo de la casa de moda. 

Coco Chanel modelando uno de los primeros diseños de su traje
Coco Chanel modelando uno de los primeros diseños de su traje (1929)
Getty Images

No obstante, si la movilidad se asocia directamente con la capacidad de las mujeres para tomar parte activa en la sociedad, serán los pantalones el elemento esencial que hará posible esta libertad de movimiento y que luego conformará el power suit moderno. El francés Marcel Rochas fue el diseñador encargado de introducir a las mujeres al uso del pantalón en el traje a la medida a principios de la década de los treinta, cuando salieron al mercado los conocidos slacks, pieza que hacía juego con una chaqueta de hombros anchos de tela flannel de tonos grises, armando el look de la mujer trabajadora de la época. De hecho, según afirma Susan Ware en su libro Holding Their Own: American Women in the 1930s, para mediados de los años treinta, alrededor de un 24% de las mujeres estadounidenses ya estaban empleadas, cifra que aumentó exponencialmente durante la Segunda Guerra Mundial, de manera que la necesidad de un atuendo para las trabajadoras se hizo cada vez más importante. 

 Marlene Dietrich Morocco
Marlene Dietrich usando slacks durante el rodaje de Morocco (1930)
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La autora Julie Summers, en su libro Fashion on the Ration: Style in the Second World War, explica que el uso del traje de pantalón era vilipendiado por la sociedad del momento e incluso era considerado motivo de reprimenda por parte de la editora de Vogue, Elizabeth Penrose, quien en 1939 acusó a las mujeres de flojas y cómodas por no hacer el esfuerzo de usar falda para verse femeninas. De hecho, el look business-like diurno era completamente aceptado en las mujeres siempre y cuando de noche pudieran lucir elegantes y sensuales vestidos. Sin embargo, actrices como Marlene Dietrich y Katharine Hepburn se hicieron famosas por apropiarse del uso del traje de chaqueta y pantalón de día y de noche para desafiar los estándares sociales y la rigidez de los estereotipos de género, representando a la mujer libre, rebelde, independiente y poderosa de esa primera posguerra. 

El zoot suit, Elsa Schiaparelli y la mujer trabajadora de la Segunda Guerra Mundial 

Luego de que Estados Unidos le declarara la guerra a Japón en 1941, el gobierno de Roosevelt puso en marcha todo el aparato burocrático y publicitario para movilizar a las mujeres hacia los puestos de trabajo desocupados por los hombres que habían partido al frente de batalla en Asia y Europa. La imagen de Rosie the Riveter comenzó a hacerse popular tanto en panfletos como en pinturas de Norman Rockwell en el marco de la campaña propagandística que promovía la inclusión de las mujeres en la fuerza de trabajo. No obstante, aunque el período bélico se permitió unas cuantas licencias en cuanto a las rígidas costumbres sociales, estaba claro que el trabajo femenino y su participación activa en la vida pública formaba parte de una contingencia y no de una motivación real por promover la igualdad de género. Visualmente, la imagen de la mujer trabajadora convivió con la del ama de casa en la publicidad y el cine, de modo que, cuando la guerra llegara a su fin, la transición de Rosie the Riveter hacia “Rosie the housewife” no resultara abrupta. 

 Traje diseñado por Elsa Schiaparelli
Traje diseñado por Elsa Schiaparelli (1936)
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Igualmente, la moda tendrá un lugar importante dentro de la representación de la mujer fuerte y trabajadora durante la guerra, popularizando el look business-like con trajes de pantalón y hombreras anchas, acentuando rasgos del cuerpo asociados con la masculinidad y el poder. En esta oportunidad, Elsa Schiaparelli fue la encargada de diseñar esta nueva silueta en la que el ancho de los hombros contrastaba con la cintura estrecha de los trajes. A través del uso de las hombreras, la italiana logró replicar la portentosa apariencia militar para darles a las mujeres un pedazo de ese poder e ímpetu necesario para ocupar los puestos de trabajo de sus esposos durante la guerra. Este atuendo diurno convivía con los vestidos largos que igualmente resaltaban esos rasgos del cuerpo, pero sin abandonar la feminidad. 

 falda pantalón de Elsa Schiaparelli
Lilí Álvarez luciendo la falda pantalón de Elsa Schiaparelli en el torneo de Wimbledon de 1931
Pinterest

No obstante, fue a esta misma diseñadora a quien se le atribuyó años antes la invención de una falda pantalón que la tenista española Lilí Álvarez usó en el torneo de Wimbledon de 1931, generando la controversia y el rechazo de la prensa británica por lucir una prenda tan poco femenina y asociada al lesbianismo. Aunque el escándalo fue significativo en su momento, el aporte de la diseñadora contribuyó a la libertad y comodidad de las mujeres, en especial de las deportistas y aviadoras que deseaban moverse sin que su ropa se lo impidiera. 

Por otro lado, a mediados de los años cuarenta, en el suroeste de California, un grupo de mujeres trabajadoras de origen mexicano comenzó a usar los trajes de chaqueta y pantalones anchos que llevaban los hombres para dar un sentido de emancipación y confrontar el rol tradicional de la mujer a través de la moda. Según Catherine Ramírez en su libro The Woman In The Zoot Suit: Gender, Nationalism, And The Cultural Politics Of Memory, el uso de la pachuca o del zoot suit hacía que estas mujeres de clase obrera proyectaran una imagen rebelde y ruda, puesto que era un traje asociado con los gángsters de la época.

zoot suit
Retrato de Ramona Fonseca llevando el zoot suit o pachuca (1944)
Los Angeles Public Library

Aunque de cierto modo el uso de esta indumentaria ayudó a las feministas a sentirse empoderadas y emancipadas de su rol social, culturalmente el final de la Segunda Guerra Mundial vendría acompañado de un reforzamiento de los ideales de domesticidad tradicionales como consecuencia del enfrentamiento ideológico que supuso el comienzo de la Guerra Fría. Así, pues, las faldas y los vestidos ceñidos a la cintura, característicos del “new look” de Christian Dior, inaugurado en 1947, ayudaron a cristalizar el estereotipo tradicional de las mujeres, como si la guerra no hubiese ocurrido, señalando el retorno a la vida privada. 

La segunda ola feminista, Le Smoking, el power suit y la mujer con profesión 

Durante la década de los sesenta, la agitación social y el movimiento feminista se revitalizaron en una segunda ola de protestas con repercusión no solo cultural sino también teórica y estética. Los textos seminales de Simone de Beauvoir como The Second Sex, publicado en  1949, o el de Betty Friedan, The Feminine Mystique, de 1963, y otros escritos feministas se cruzaron con eventos tan importantes para la emancipación de las mujeres como la invención de la pastilla anticonceptiva en 1960. Se trataba, entonces, de un momento excepcional para la historia de Occidente. Esta nueva ola feminista ya no solamente se concentraba en temas como el derecho al voto, territorio que ya habría sido conquistado en Estados Unidos años antes, sino que también se expandía hacía tópicos como la desigualdad laboral, el control de natalidad y la sexualidad, así como también asuntos acerca del  abuso sexual dentro del matrimonio, la violencia domestica y el divorcio. 

Le Smoking power suit
Le Smoking de Yves Saint Laurent (1968)
Pinterest

En el marco del debate y la controversia por la liberación sexual de las mujeres durante la década de los sesenta, el diseñador Yves Saint Laurent irrumpió en la escena de la moda en 1966 con Le Smoking, una pieza particularmente escandalosa para la época pero inolvidable para la cultura. Inspirado en el impacto que tuvo el traje de Coco Chanel en su momento, el diseñador francés creó un traje alineado con los fundamentos de esta segunda ola feminista, así como lo había hecho su predecesora con la primera ola. Compuesto de chaqueta, pantalón, camisa y corbata, el esmoquin de Saint Laurent combinaba la androginia con la provocativa sexualidad de las piezas ajustadas y entalladas a la cintura. El icónico diseño causó revuelo en la escena, tanto así que pocos establecimientos públicos permitían la entrada de las mujeres que lo usaban. 

La anécdota de la socialité Nan Kempner, a quien le fue negada la entrada a un conocido restaurante en Manhattan por llevar el esmoquin y quien luego se quitó los pantalones para quedar con un blazer como minivestido, será recordada como uno de los escándalos iniciadores de una revolución en la moda y en las normas de etiqueta usualmente atadas a los conservadurismos. Años después, en 1971, Bianca Jagger llevaría el esmoquin de Saint Laurent en color blanco para su boda con el líder de The Rolling Stones. La era del power dressing había llegado.

Le Smoking de Yves Saint Laurent
Le Smoking de Yves Saint Laurent. Fotografía por Helmut Newton para Vogue París (1975)
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Será durante la década de los ochenta que, con el final de la segunda ola de feminismo, el diseñador Giorgio Armani introduzca en el armario de las mujeres empresarias el power suit, ese traje de hombreras, botones decorados y tonos coloridos que revolucionó la moda. Con sus pantalones a la medida este modelo se adaptaba perfectamente a las necesidades de las profesionales que ahora buscaban un look más serio. El impacto visual del traje ayudaba a desviar la atención del género de las mujeres para que dentro del área empresarial esas diferencias fuesen menos evidentes. Si bien el power suit de Armani de alguna forma moldeó la imagen de la mujer poderosa e independiente, también esos cortes masculinos indicaban que para ser respetadas, las empresarias debían vestirse como hombres, es decir, el poder seguía estando asociado a la masculinidad.

power suit Armani
Anuncio publicitario del power suit de Giorgio Armani (1980)
Pinterest

Así, la diseñadora neoyorquina Donna Karan entró en la escena para darle al power suit la sensualidad que le faltaba, enviando el claro mensaje de que la feminidad y el respeto no son mutuamente excluyentes, de que se puede ser exitosa, independiente y admirada llevando un traje rosado con stilettos. Las mujeres intentaban romper con el techo de cristal del mundo empresarial estadounidense y el power suit pasó a ser símbolo de todo este proceso de ocupación de puestos de poder en las corporaciones por parte de profesionales tan o más capaces que los hombres. 

Asimismo, en el mundo de la política el traje de dos piezas se convirtió en una importante herramienta para dar visibilidad a las mujeres que hacían carrera en el área, quienes además construían una imagen reconocible y más seria dentro de la sociedad vistiendo chaqueta y pantalón; un ejemplo de esto fue la primera ministra británica Margaret Thatcher. El power suit, de este modo, localiza el poder también en la postura y en el cuerpo, enviando el mensaje de estatus elevado y éxito profesional, asociado también con la confianza y la autoestima. 

Joan Collins power suit
Joan Collins en Dinastía
Rex Features

El popular traje fue tan icónico para la época que series televisivas como Dinastía lo aprovecharon como elemento clave para la construcción de personajes como Alexis Carrington, interpretada por Joan Collins. Si bien el power suit formó parte de la opulencia capitalista de los ochenta, también llegó a su concreción como símbolo de poder femenino y de definitiva inserción laboral en el mundo empresarial. 

El movimiento Time’s Up, Thom Browne y el renacimiento del power suit

El nuevo milenio inauguró una era en la que la sociedad ya no exige una determinada forma de vestir a las mujeres para ganarse el respeto de los colegas masculinos en el lugar de trabajo. Ahora ocupando puestos importantes en empresas o incluso siendo dueñas de sus emprendimientos, estas comenzaron a definir por sí mismas el look de las profesionales emancipadas. Ya no es necesario mostrar estatus de poder, ni ajustarse a los cortes masculinos de los trajes de pantalón y corbata, el imperativo es la individualidad y la capacidad de redefinir los estereotipos y cuestionar la tradición a través de la moda. 

 Janelle Monae en Bella Freud
Janelle Monae en Bella Freud (2018)
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La tercera y cuarta ola de protestas feministas, caracterizadas por el uso del internet y la complejización del debate acerca de la igualdad de género, tuvieron como consecuencia la explosión de denuncias masivas por abuso sexual de parte de altos ejecutivos en la industria del entretenimiento estadounidense, además de numerosas protestas alrededor del mundo a favor del aborto y caldeadas discusiones acerca de la identidad y la diversidad de grupos de mujeres en condición de minoridad. En medio de estos intensos debates, ha surgido una nueva manera de construir el discurso y la imagen en torno a la feminidad y al empoderamiento de las mujeres. 

Aunque evidentemente ya no hace falta que las mujeres se vean como Eduardo VII para ser respetadas en el espacio público, también la herencia estética del power suit y su asociación con las luchas por la igualdad de género y la emancipación femenina han sido motivo para la resurreción de este clásico y su consecuente renovación y adaptación a estos tiempos. El movimiento Time’s Up trajo consigo un sentimiento de sororidad importante para el rescate de elementos significativos en el marco de las olas de feminismo del siglo XX. 

La cantante Janelle Monáe ha asimilado el uso del traje como su “uniforme de trabajo”, llegando a afirmar que por medio del atuendo intenta redefinir lo que es ser mujer, y es que, aunque el espacio público es mucho más diverso que en décadas anteriores, los problemas también se han hecho más complejos y es ahora cuando las mujeres han comenzado a asumir el género como un espacio flexible en el que es válido todo tipo de experimentación. 

Naomi Campbell luciendo Le Smoking
Naomi Campbell luciendo Le Smoking para la campaña primavera/verano 2020 de Saint Laurent
Juergen Teller 

La reinvención del power suit y su creciente popularización no solamente entre las figuras públicas sino también a nivel comercial ha resucitado la reputación y el significado de la pieza. Anthony Vaccarello, director creativo de Saint Laurent, rindió homenaje a Le Smoking como diseño ícono de la marca en su colección primavera/verano 2020, mientras que Ralph Lauren diseñó su propia versión del power suit pero de espalda descubierta en su desfile otoño/invierno 2019.  No obstante, será Thom Browne uno de los exponentes más destacados en lo que al regreso del power suit se refiere. El diseñador estadounidense es conocido por reivindicar el uso del traje y por adaptarlo al cuerpo femenino en distintas variaciones, incluyendo el uso de shorts e inspirándose en referentes como Mad Men o el arte barroco.

 Thom Browne oiwer suit
Campaña de la colección Resort 2020 de Thom Browne
ThomBrowne.com

De este modo, la historia del power suit, con todas las variaciones que ha tenido, no solo refleja la madurez del atuendo y el atrevimiento de los diseñadores a lo largo del tiempo, sino también un proceso de transformación que inevitablemente está asociado con ese impulso de las mujeres por emanciparse y sentirse plenas en el espacio público, por tener poder y lucirlo sin complejos para demostrar que un buen traje a la medida es también una forma de definir y de redefinir la feminidad cuantas veces sea necesario. 

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