En defensa de la moda como forma de arte

En defensa de la moda como forma de arte

Desde que la moda nació como industria, ha luchado para difuminar sus fronteras con el arte; con procesos entorpecidos por la globalización, comercialización y el mercantilismo, las pasarelas guiadas por la expresión artística han permanecido a pesar de los años.

Aunque algunas personas se mantienen escépticas porque la moda “es un mundo superficial y frívolo”, las colecciones y colaboraciones que tienen como misión fusionar los dos mundos en una sola pasarela, son las que años después, obtienen puestos en museos de arte y exposiciones dedicadas a exaltar su impacto en la cultura. 

Valerse de la definición de arte es suficiente para considerar a la industria de la moda como parte del concepto: una actividad o producto “realizado con una finalidad estética y también comunicativa”, en la cual se expresan “ideas, emociones, o en general, una visión del mundo”.

Ejemplo, lo que ha hecho Vivianne Westwood, Lisu Vega, Jeremy Scott y Marc Jacobs con sus últimas colecciones. 

La moda es un reflejo de la cultura, la sociedad y la condición humana, al igual que lo son el arte clásico y el moderno. La moda ha evolucionado en sintonía con la sociedad. En en muchas oportunidades ha sido el impulso de las revoluciones, y en algunos casos, el canal comunicativo de las crisis económicas, políticas y sociales.

En un tono más romántico e idealizado, asumimos que la moda expresa nuestra individualidad e historia; es un instrumento visual para hablar libremente sin pronunciar palabra.

Así que reservarle un puesto en los museos es una decisión que estaría respaldada por el concepto de arte. 

Las antiguas civilizaciones de America usaban tatuajes, pinturas corporales, pieles y piercings como identificadores para dar a conocer su pertenencia y estatus. Al igual que los ropajes de los romanos reflejaban las divisiones sociales. Incluso actualmente la realeza manifiesta su posición a través de la ropa.

​La moda ha formado parte de grandes manifestaciones, como en el caso de París entre 1920 y 1930, cuando un grupo de lesbianas inició un movimiento de liberación gay vistiéndose como hombres para reivindicar su sexualidad. Al igual que en los setenta la comunidad lésbica se rapó el cabello y comenzó a vestir camisas y botas de obrero. Años después las parisinas se convirtieron en las musas de Yves Saint Laurent para diseñar el conocido “Le Smoking”, una versión femenina de la pieza básica del vestuario masculino.

La industria de la moda ha estado presente en los hechos históricos más importantes, desde los avances a principios del siglo XX, que abrieron las puertas para que las mujeres vistieran prendas sensuales y libres, hasta los cambios significativos que provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial, adaptando la ropa femenina, con la aparición de bolsillos, pantalones y monos en el closet femenino, para que las mujeres pudiesen tomar los puestos de trabajo de sus esposos cuando ellos estuviesen cumpliendo con su servicio al país.

Hoy en día tanto artistas como diseñadores reconocen más que nunca la idea de que la moda es mucho más que telas, diseños y apariencias. Además de que el ofrecer importantes presentaciones bianuales le da, en cierto sentido, casi tanto poder como el arte.

El acercamiento de los diseñadores al contexto social y a su lenguaje les ha permitido convertir a los que llevan sus creaciones en auténticos lienzos andantes. Así que en fe de su participación en la cultura y expresión de los seres humanos, la moda es, sistemáticamente, arte.

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