Mi historia de acuerdo con mi cabello

Hay personas que necesitan cambiar algo de sus vidas cada cierto tiempo. Algunos actualizan la música de su biblioteca de iTunes, otros usan otro estilo de fotografías en su perfil de Instagram, y varios experimentan con las prendas de ropa. Pero yo y otras miles de mujeres variamos de corte o color de cabello con la misma frecuencia con la que cambiamos las sábanas de nuestra cama.

Parece más bien un TOC que hace que me aburra miserablemente de mi cabello si mantiene la misma forma a la de hace un mes. Es algo ridículo, pero es tal el nivel de aburrimiento que cualquier cambio es válido, sea en manos de la peluquera o en las mías propias, no me importa.

Es por eso que yo no uso la frase “Nuevo corte, nueva yo”, porque de ser así, mi vida habría sido la película de Split.

Así que desde los doce años, cuando mi mamá me dio permiso de tomar mis propias decisiones sobre mi aspecto, me dispuse a hacer lo que me viniera en gana. Empecé con pinturas de uñas negras, moradas y hasta fluorescentes, y a medida que los malos consejos de la pubertad fueron escuchados, los cambios fueron más radicales.

Edad: 12. 

Inspiración: Mia Thermopolis Renaldi (período pre princesa, claro).

Mi cabello natural es rizado. Pero rizado molesto, del tipo que se tragaba los cepillos cada vez que osaban acercarse a él. Cosa que hizo más de un par de veces, y le causaba pesadillas a mi mamá, obligándola a mantener una batalla cada mañana antes de ir al colegio.

Esa batalla me la dejó a mí al cumplir cierta edad y debo admitir que la perdí. Esos rizos pudieron con mis fuerzas. Sin embargo no duraron mucho cuando mi mamá y yo descubrimos la magia de la chan chan chan…¡plancha!

Todas las niñas se estaban planchando el cabello y yo ya estaba fastidiada de tener que pelear todas las mañanas. Así que la decisión fue unánime: los rizos morirían.

Edad: 15. 

Inspiración: Brooke Shields en Endless Love.

El luto por los rizos no duró mucho. Estaba demasiado encantada con todos los beneficios psicológicos que podía otorgar el cabello liso: podía levantarme un poco más tarde todas las mañanas, no sentía al cepillo asesinarme mientras hacía su respectivo trabajo y por supuesto, se veía muchísimo más largo.

Para cuando terminé el colegio, ya lo tenía por las caderas. Pero como siempre pasa, este peinado me pareció demasiado soso, así que opté por algo más extremo.

Edad: 17. 

Inspiración: Winona Ryder en Girl Interrupted.

Así es. Lo corté TODO. Se amoldaba perfectamente a la crisis existencial y asco por el mundo que te pega a esta edad. Cuando llegué a casa de la peluquería, mi papá me dejó de hablar como por dos días. Y lo primero que me dijo luego fue que por fin tuvo al niño que siempre quiso. Love you too, dad!

Lo que pasó en realidad fue que me había fugado a cortarlo acompañada de mi prima, quien era la única que sabía mi malévolo plan. Me dio un poco de miedo, pero luego pensé “Esa vaina crece, qué importa”.

La peluquera me hizo una trenza en todo el cabello y la satisfacción del sonido de esa mujer cortando cabello por cabello fue exquisita. Cinco segundos después sentí como si me hubiesen quitado un morral pesado de la espalda.

Otra motivación fue que decidí donar mi cabello a la fundación SenoSalud en beneficio de las mujeres con cáncer de mama. Mi aburrimiento capilar ayudó a alguien, cosa que me hizo sentir útil y hasta feliz. Además tengo entendido que a mi colega Mafe también.

Edad: 18. 

Inspiración: Cristóbal Colón.

Después de mantenerlo corto por meses pasó lo más predecible del mundo después de Trump diciendo algo misógino: me aburrí de mi cabello…again. Así que lo dejé crecer y me decidí no cortarlo hasta tenerlo por los hombros.

Sin embargo, dejar a mi cabello crecer a su voluntad hizo desastres. Ese desastre en particular animó a mis amigas a chalequearme y a hacer chistes sobre mi cabello. El mejor que recuerdo lo dijo mi amiga Melissa cuando estábamos saliendo de clases en la universidad:

“Carla, entonces ¿te vas en metro o te vas en barco?”

Rogué por que creciera rápido.

Edad: 20. 

Inspiración: Jared Leto.

Ya con mi cabello por los hombros, decidida a dejármelo crecer a lo Rapunzel, pero con las limitaciones que te impone el trabajo de protocolo (de broma me podía poner rímel para trabajar), los cambios permitidos debían ser low profile.

Entonces compré un paquete de L’Oreal Californianas y monté mi propio salón de belleza en mi baño. Este experimento fue algo desastroso porque las puntas doradas que buscaba resultó en ser la mitad de mi cabello anaranjado.

Bueno, en realidad no se veía tan mal, pero siempre he tenido esa obsesión por tener el mismo resultado al de la chica que aparecía en el paquete. El pensamiento que concilió mi sueño fue el que los publicistas mentirosos tienen una parte especial en el infierno.

Edad: 21. 

Inspiración: Cher en los 70.

Claro, después de estar casi cuatro años rogando con tenerlo largo otra vez, no es sorpresa que lo sueñe verdaderamente largo, más allá de la cintura. 

Así podré curar el aburrimiento con el que desde el 2013 el cabello corto ha contagiado mi aspecto. Ahora, el cabello largo es el acompañante perfecto que necesitaba para una resting bitch face creíble que una carrera, un par de fuckboys disfrazados de príncipes y la patria me han impuesto.

Y una vez que lo tenga suuuuuuuuuuuuuper largo, lo más probable es que …chan chan chan lo corte. Porque why not?

En algún punto esta breve historia se convertirá en el ciclo sin fin. La ausencia de conformidad de mi cabello me obliga a quererlo largo cuando lo tengo corto y corto cuando lo tengo largo. Sin embargo, ya he aprendido a amarlo en todas sus formas, pues bastantes ha tenido.

Si cada hebra de cabello tuviera voz, seguramente me mentarían la madre hasta dejarme sorda por todo lo que les he hecho pasar. Lástima para ellas, porque para mí ha valido toda la pena del mundo.

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