La industria de la moda se mantiene en silencio ante la restricción de inmigración de Trump

La moda y la política siempre han estado en sintonía. Cuando las mujeres tomaron las minifaldas como un ícono de la lucha por la igualdad de género, la moda estuvo presente. Cuando decidieron que los trajes masculinos también podían entrar en el closet femenino, la moda estaba presente. Cuando Hillary Clinton lanzó su candidatura, la moda estaba presente. Cuando Gran Bretaña decidió salir de la Unión Europea, la moda estaba presente.

Entonces, ¿por qué ahora que el presidente de los Estados Unidos quiere deportar a los inmigrantes, la moda ha continuado su camino sin inmutarse?

Hace una semana, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que prohibía “temporalmente” a los inmigrantes y turistas de siete países, en su mayoría musulmanes, y congelaba el programa de refugiados de Estados Unidos. Las protestas no tardaron en manifestarse; las personas se reunieron en el aeropuerto internacional JFK en New York, los abogados trabajaron horas extras sin cobrar, las celebridades criticaron la medida por las redes sociales y en los premios SAG, compañías como Netflix, Starbucks, Coca-Cola, Ford y grandes de Silicon Valley como Google, Apple, Microsoft, Facebook y Amazon han condenado la decisión de Trump.

Sin embargo, la industria de la moda se ha mantenido en silencio. Unos cuantos comentarios del CEO de Nike, Mark Parker, hablando sobre la importancia de la diversidad y cómo la medida de Trump viola esos valores, y un par de tweets del CEO de Kering es todo lo que hemos obtenido como respuesta.

Kering es de por sí la empresa matriz de Gucci, Saint Laurent, Stella McCartney y Puma. Cada una de sus marcas han apoyado previamente los derechos civiles y la diversidad tanto en sus campañas y publicidades como en la pasarela. Incluso, antes de que Donald Trump fuese electo presidente, apoyaron en diferentes oportunidades la candidatura de Hillary Clinton. Así que obtener una respuesta de su parte, aunque sea solo de la compañía madre, era de esperarse.

Mientras tanto, uno de sus competidores directos, LVMH, el conglomerado de más de 60 marcas liderado por Louis Vuitton, se reunió con Trump el 9 de enero y salió del encuentro convencido de que los planes de Trump para la desregulación y reducción de impuestos hacían que se sintiese “optimista” con respecto a su presidencia. Cabe acotar que tanto LVMH como otros grandes representantes de la industria, no se han manifestado en contra o a favor del prohibición de inmigración.

De igual manera, las marcas que fueron fuertemente criticadas por vestir a la familia Trump (Ralph Lauren, Carolina Herrera y Oscar de la Renta) tampoco han lanzado un comunicado con su postura ante la nueva política, aún cuando dos de las firmas están fundadas por inmigrantes.

Mientras los líderes de la industria se mantienen callados, algunos de sus influencers, desde las modelos Gigi y Bella Hadid hasta la presidenta del British Council, Natalie Massenet y el presidente de CFDA, Steven Kolb, se han pronunciado en sus cuentas personales ante la orden ejecutiva de Trump. Y aunque sus posiciones también favorecen la campaña contra el immigration ban, cada uno de ellos se ha manifestado en primera persona en vez de ser la voz de sus respectivas marcas.

Por más de que tratar de justificar por qué la moda no se ha manifestado como en todos los otros conflictos políticos y movimientos sociales es caer en la especulación, el silencio en la industria, cuando el mes de la moda está apenas comenzando, es la epítome de las plataformas desperdiciadas, más cuando tomamos en cuenta el el poder revolucionario del medio. 

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