Hablemos de la verdadera importancia de la unión entre Meghan Markle y Príncipe Harry

Hablemos de la verdadera importancia de la unión entre Meghan Markle y Príncipe Harry

Paren el mundo que hoy es la boda real.

La pobreza no existe, el cambio climático en realidad no nos afecta, Trump agendó todas las rupturas de acuerdos para mañana y el comunismo decidió descansar por un día.

Por lo que nuestra única prioridad es evaluar todos los detalles del vestido, bucearnos al príncipe y analizar como se debe hasta el más mínimo gesto de la reina.

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Casi como un deber moral, social y, por exagerar, político, toda nuestra atención debe estar en dos seres humanos al otro lado del charco que están viviendo su historia de amor y aristocracia sin ninguna de las preocupaciones que nosotros, los mortales, tenemos el resto de los 365 días del año.

Sin embargo, con toda la expectativa rodeando cada uno de las uniones del trono real británico; desde Charles y Diana, William y Kate, y ahora Meghan y Harry, está demás decir que el mundo está cautivado por todas las nupcias reales, de una manera que muy pocos eventos pueden reunir.

Específicamente 23 millones de americanos frente a sus pantallas solo por unos votos de amor.

Y aunque esta es una excelente oportunidad para estar hablando del largo vestido que Meghan va a usar…

La verdad es que preferimos dedicarle nuestra atención a lo irreverente que es la relación per se.

Resulta que el matrimonio entre Harry y Meghan Markle es diferente del resto porque, primero, es americana, segundo, es una persona de color, y para rematar es católica y divorciada.

Podemos sentir el apego tradicionalista que le queda a la reina sufrir incluso a tantos kilómetros a distancia. 

Aunque el corazón de la antigua monarquía británica está siendo destrozado, pisoteado y despachado, porque nos encanta el dramatismo, Meghan ha sido muy bien recibida en el reino actual.

En especial con el tema del divorcio. Las separaciones eran unas de esas circunstancias que hacía que la cena en el palacio resultara tan incómoda y frívola que todos carraspearan y suenen sus cubiertos.

De esas cosas que el trono era reacio a abrazar hasta hace 20 años. Un miembro de la familia real no podía casarse con alguien divorciado, a menos de que su ex-pareja estuviese tres metros bajo tierra.

Y el ex de Meghan, Trevor Engleson, está bastante vivo, de hecho.

Por lo que, hace dos décadas el romanticismo que vemos en Meghan y Harry hubiese sido más como la historia trágica de Romeo y Julieta, y nunca hubiésemos llegado a ver su largo vestido.

Con esta unión la familia real oficialmente hace su entrada a la era moderna, por la puerta grande; pero siempre podemos distraernos con la belleza de Harry, las muecas de la reina y la cola del vestido de Meghan. 

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