La masculinidad homoerótica y la tendencia ‘cowboy’ en la moda
estética cowboy

La masculinidad homoerótica y la tendencia ‘cowboy’ en la moda

Cómo los vaqueros queer subvierten los estereotipos de género

Solemos pensar que el vaquero es el epítome de la masculinidad, después de todo ¿quién puede ser más viril que John Wayne en Río Bravo (1959) o que Clint Eastwood en The Good, The Bad and The Ugly (1966)? Pero también sabemos que esos hombres a caballo, solitarios en el campo, a leguas de distancia de las mujeres, lejos de las constricciones morales de la sociedad, conviviendo entre ellos noche y día, durmiendo juntos en carpas, comiendo y tomando whiskey, compartiendo extenuantes faenas, arriando ganado y viviendo en la naturaleza se pueden enamorar apasionadamente, o al menos eso fue lo que vimos que ocurrió entre Jake Gyllenhaal y Heath Ledger en Brokeback Mountain (2005). Hay, entonces, en el arquetipo del cowboy un homoerotismo latente que ha existido desde siempre y que las subculturas queer han asimilado para subvertir los estereotipos de género a través de la moda, redefiniendo la idea de masculinidad.

 Brokeback Mountain
Brokeback Mountain (2005)
Focus Features

La tendencia cowboy,aunque desde hace un par de años la hemos visto resurgir en las pasarelas de la mano de marcas como Maison Margiela, Fendi, Helmut Lang, LaQuan Smith y, más recientemente, Off-White, tiene sus orígenes en la apropiación que hicieron las contraculturas queer y punk de los años setenta para cuestionar los conservadurismos, pero también como parte de un proceso natural de expresión de ese homoerotismo latente en el estilo de vida del cowboy tradicional, tal como ha ocurrido con los marineros, los leñadores o los motociclistas.

Off White cowboy
Colección otoño 2018 de Off White
Viktor Vauthier

La raíz queer del vaquero estadounidense

El punto de convergencia entre la cultura queer y el estereotipo del cowboy tiene su raíz en la literatura western previa a los años 1900 en Estados Unidos. El imaginario del hombre conquistador, del rebelde que pasaba sus días en la frontera combatiendo a los forasteros y buscando aventuras fuera de la ley comenzó a moldear el estereotipo de masculinidad estadounidense del hombre libre, sin ataduras familiares; del maverick que vive al margen de la sociedad y sobrevive por sus propios medios, similiar al romántico aventurero europeo, pero esta vez encarnado en un hombre poco culto, reservado, con gusto por las armas y los caballos, algo así como un buen salvaje neo-rousseauniano que cabalga los áridos campos de la frontera.

En su libro Queer Cowboys: And Other Erotic Male Friendships in Nineteenth-Century American Literature, Chris Packard explica que entre la década de 1860 y la de 1890, la popularización de relatos sensacionalistas de vaqueros tuvo bastante repercusión en la formación del ideal del cowboy, sobre todo en los años posteriores a la Guerra Civil. Las portadas de estas económicas novelas pulp que se imprimían masivamente representaban visualmente este ideal, ayudando a la cristalización del estereotipo del vaquero que luego veremos en la televisión y en el cine western.

Como héroe popular, el vaquero encarna los valores nacionales estadounidenses de libertad, autosuficiencia y dominio de la naturaleza. Estos justicieros encuadran el modelo de masculinidad emulado por los jóvenes de la época, en contraposición al de domesticidad y docilidad de la mujer. El estereotipo del vaquero es, en la era previa a los 1900, especialmente misógino, racista, antisocial, rebelde y agresivo. Sin esposa, sin hijos, sin estatus social o religión, el cowboy está fuera de la sociedad, no se adhiere más que a sus propias leyes. Se trata, entonces, de un Adán americano.

 autobiografía del vaquero Nat Love,
Portada de autobiografía del vaquero Nat Love, publicada en 1877
Narratively

La figura del sidekick o del compañero fiel que siempre estaba al lado del vaquero en sus aventuras implica también un apego sentimental fuerte y una intimidad que parece solo ser cultivada entre los hombres. De algún modo, esta literatura western previa a los 1900, cuando todavía no existía la definición del homosexual como paria social, favorecía la camaradería entre hombres más que las relaciones hombre-mujer. Como afirma Packard: “El vaquero en esencia es queer: es extraño; no encaja; se resiste a formar parte de la sociedad; desprecia los compromisos con mujeres, pero se inclina a formar vínculos sólidos con sus compañeros masculinos”. Con el tiempo, estos westerns comenzaron a disminuir la ligereza con la que los personajes masculinos expresaban afecto entre ellos, sobre todo después de los 1900, cuando el sexo entre hombres empezó a ser clasificado por la ciencia social como anormal.

Según el GLBT Archive, se cree que las relaciones afectivas entre hombres eran bastante frecuentes en comunidades de trabajadores, lo cual también explica la fetichización de los marineros o de los leñadores en la cultura gay. Aunque no existe evidencia directa de actividad sexual, hay registros fotográficos de estos vaqueros en la vida real durmiendo, comiendo, acicalándose y bañándose juntos, por lo que su representación tanto en la literatura como en la televisión y el cine siempre ha estado ligada a una compenetración más íntima de estos personajes con sus contrapartes masculinos, de ahí este homoerotismo latente en el estereotipo del cowboy

Dos vaqueros tradicionales
Dos vaqueros tradicionales c.1849
Hornet

La redefinición ‘queer’ del vaquero en la cultura popular 

Con la popularización de los westerns en el cine y la televisión, el estereotipo del cowboy pasó a tener una dimensión más universal, una imagen reconocible en todo el mundo como epítome de la masculinidad y del ideal del hombre americano. Algunas de estas películas tendrán un contenido homoerótico solapado —vaqueros sudados y aceitosos en el oeste cultivando vínculos fuertes de amistad entre ellos—, algo que, según el GLBT Archive, es una forma sutil de representación de la atracción sexual masculina. Luego, entre la década de los sesenta y los setenta, los westerns dirigidos por realizadores italianos, mejor conocidos como spaghetti westerns, explotaron aún más la dimensión queer del vaquero estadounidense.

Aunque algunos de estos directores eran homosexuales, otros tomaban inspiración de las comunidades queer clandestinas italianas para darles un giro homoerótico a estos filmes de vaqueros tan populares entre el público desde mediados de los 1910, acentuando los vínculos emocionales masculinos y la presencia de hombres musculosos para jugar con la homosexualidad latente que existe en el estereotipo del vaquero estadounidense. Además, fue en los setenta que empezaron a hacerse populares los rodeos gay en los Estados Unidos como una forma de subversión del ideal masculino, pero también como medio para crear camaradería y comunidad entre los homosexuales marginalizados del sur. De esta manera, la asimilación del ideal del cowboy y la adopción del look y la vestimenta de estos míticos aventureros por parte de las comunidades gay fueron cobrando fuerza desde finales de los sesenta, época en la que los movimientos sociales cuestionaban los conservadurismos cimentados por el macartismo de la posguerra.

The Big Gundown
The Big Gundown (1966)
Columbia Pictures

Filmes de Sergio Leone como The Good, The Bad and The Ugly (1966) y Once Upon a Time in the West (1968) cobraron notoriedad por incluir iconografía hipermasculinizada de violencia sadomasoquista en contextos homosociales en los que se les daba prioridad a las dinámicas entre hombres, dejando a la mujer relegada a la posición de prostituta o de interés amoroso. Los spaghetti westerns fueron muy populares tanto en Italia como en Estados Unidos entre 1964 y principios de los años setenta, puesto que erotizaron esa imagen mítica del vaquero mezclando elementos de la cultura queer italiana. A través de los close-ups altamente sexualizados, los realizadores daban subtexto homosexual al género desde la espectacularización del cuerpo musculoso y aceitoso de los hombres, al tiempo que profundizaban las relaciones de “amistad” y los vínculos afectivos entre los  personajes masculinos.

 The Good, The Bad, and The Ugly
The Good, The Bad and The Ugly (1966)
United Artists

Será a finales de los sesenta —específicamente en 1969, con la película Midnight Cowboy, protagonizada por Jon Voight y Dustin Hoffman— que este estereotipo del vaquero cristalizará la dimensión queer del ideal masculino del cowboy americano. Como parte de la corriente del Nuevo Hollywood, en la que jóvenes cineastas revisan a contrapelo los mitos de la cultura estadounidense, el filme dirigido por John Schlesinger cuestiona los ideales del sueño americano y la masculinidad tóxica que proliferó durante guerra fría al presentar en su protagonista, Joe Buck, interpretado por Voight, a un vaquero oriundo de Texas que va a probar suerte en Nueva York como prostituto. Las escenas en las que el personaje admira su atuendo de cowboy o su torso desnudo en el espejo yuxtaponen este ideal masculino con la percepción homoerótica del propio cuerpo. Según Robert Lang en su libro Male Interests: Homoerotics in Hollywood Films, Buck tiene una necesidad de ser admirado y, aunque viste acorde a la iconografía del vaquero americano para acentuar la masculinidad, el acto de admirarse en el espejo por vanidad representa un lado femenino que denota la ambigüedad sexual del personaje.

A lo largo de la película, el vínculo emocional que ambos personajes masculinos mantienen sugiere una intimidad y camaradería que emula las dinámicas de los vaqueros con los sidekicks de los relatos western clásicos. No obstante, en una de las escenas, Ratso, interpretado por Dustin Hoffman, rompe con la burbuja ingenua de Joe Buck al informarle que vestir de vaquero en Nueva York es algo que solo hacen los homosexuales, que eso ya no es símbolo de (hetero) masculinidad. “John Wayne! You wanna tell me he’s a fag?” (¡John Wayne! ¿Vas a decirme que es un maricón?), contesta Buck, claramente conflictuado por la caída de sus ídolos. Lo que seguirá de la película será una lucha interna del personaje con su propia sexualidad y con el ideal de heteronormatividad que construyó desde niño. Aunque el filme no ofrece una conclusión con respecto a la identidad de Buck, sí hace una crítica a los estereotipos de heterosexualidad y homosexualidad; es, a grandes rasgos, una revisión acerca de cómo estos se transformaron en la década de los sesenta, de cómo el sueño americano ha sido destronado por la contracultura y de cómo el vaquero también se ha convertido en un ideal queer

La tendencia ‘cowboy’ y la iconografía del vaquero ‘queer’ en la moda

Ya para inicios de los setenta, el hombre Marlboro va dejando de formar parte del ideal de masculinidad y solo permanece intacto en la valla de Sunset Boulevard como la figura del macho que poco a poco se va quedando atrapado en el tiempo. Ese estereotipo pertenece ahora a una iconografía que ha sido asimilada por la cultura queer para subvertir los estereotipos de género y cuestionar los conservadurismos cimentados por la sociedad estadounidense de la posguerra, ese sueño americano, ese American way of life que excluye a las minorías y no tolera la diferencia. 

 Valla de Marlboro en el Sunset Boulevard
Valla de Marlboro en el Sunset Boulevard
Tumblr

Desde su inmersión en la cultura popular, el concepto del vaquero gay se ha colado en los ámbitos más inesperados, incluyendo el punk rock. SEX, la tienda de Vivienne Westwood, uno de los íconos de esta subcultura, fue un ambiente que ejerció gran influencia en la moda detrás de la música. Una de las franelas más famosas de la diseñadora, llamada Cowboys, incluía a dos vaqueros parados frente a frente sin pantalón, con sus penes casi rozándose entre sí. La controvertida imagen, en principio atribuida a Tom of Finland, fue creada en 1969 por el fotógrafo e ilustrador Jim French, quien se dedicaba a dibujar vaqueros, luchadores, motociclistas y otros estereotipos del macho bajo estos códigos homoeróticos de la cultura queer. En esta oportunidad, la ilustración de los cowboys llegó a los ojos de Westwood y Malcolm McLaren luego de haber sido publicada en la revista Manpower! en 1974. 

Ilustración camiseta Cowboys (1975)
Ilustración camiseta Cowboys (1975)
VivienneWestwood.com

Así como todas las camisetas producidas por Malcolm y Vivienne en la década de los setenta, la de los vaqueros fue, en efecto, escandalosa. Muchos de los clientes que compraron la pieza fueron arrestados por indecencia en las calles de Londres. La provocativa camiseta fue apropiada por el punk y llevada con desparpajo por personajes tan emblemáticos del movimiento como Sid Vicious. Esta asimilación de la iconografía del vaquero gay por parte de las contraculturas fue una forma de enfrentar el status-quo, devolviéndoles a los sectores más tradicionales de la sociedad una versión homoerótica de sus propios estereotipos, algo que sirvió también para influir en la moda. 

Fue durante la década de los setenta que estas tendencias subculturales en la vestimenta comenzaron a permear el mundo mainstream. Como explica Cally Blackman en el libro 100 años de moda masculina, la influencia de los atuendos contestatarios que los grupos de jóvenes enfrentados con la cultura dominante han utilizado como herramienta política para resistir y desafiar al sistema a lo largo del siglo XX ha sido un elemento invaluable que ha contribuido a la aceptación de la diversidad y a la fragmentación de estilos y tendencias en la industria de la moda. Los aportes del movimiento punk al estilo callejero y a la proliferación de imágenes provocadoras como la de los vaqueros homosexuales han sido, junto con las contribuciones de la subculturas queer, corrientes significativas para la transformación de la estética cowboy en la referencia cultural que es hoy.

 Sid Vicious llevando la camiseta Cowboys
Sid Vicious llevando la camiseta Cowboys
VivienneWestwood.com

En su libro A Queer History of Fashion: From the Closet to the Catwalk, Jonathan D. Katz explica que la moda es un ámbito de producción predominantemente gay, además de ser un área en la que este grupo se ha permitido explorar diversas estéticas y sensibilidades, estableciendo una relación de reciprocidad con la cultura popular. De esta manera, la presencia de los códigos LGBTQ+ demuestra la centralidad de esta comunidad para la creación de tendencias en la moda. En el caso de la iconografía del cowboy gay y de toda la trayectoria que este ha recorrido a lo largo de la historia, sus elementos más característicos siguen siendo relevantes en la moda actual e incluso han vuelto a ser motivo de inspiración para grandes firmas. Tal es el caso de Gucci, que en su campaña primavera-verano 2020, dirigida por Yorgos Lanthimos, incorpora algunos guiños de esta estética. Quizá la referencia cultural más resaltante que hace este video promocional a la tendencia cowboy queer es el uso del tema principal de la película Midnight Cowboy: Everybody’s Talkin’ de Harry Nilsson. 

Y es que con el estreno de series como Westworld, el nacimiento del country wave y la llegada al mundo mainstream de la música gay, el resurgimiento de la tendencia cowboy pareciera estar tomando más y más fuerza en la cultura popular, pero también en las pasarelas. Desde el double denim de Ralph Lauren, pasando por las botas de vaquero que Raf Simons diseñó para Calvin Klein en 2017, hasta Anthony Vaccarello para Saint Laurent con su colección primavera-verano 2019, inspirada en Midnight Cowboy (1969), la alta costura y las casas de renombre reclaman de nuevo la iconografía del vaquero como fuente de inspiración en la actualidad. Lo que Kacey Musgraves denominó yee-haw couture en la alfombra roja de los Country Music Awards de 2018 ahora recupera su lugar en la cultura de la mano de grandes diseñadores que han redescubierto en la tendencia cowboy la receta para subvertir estereotipos y jugar con las referencias estéticas heredadas de la contracultura queer

 Yves Saint Laurent cowboy
Colección primavera-verano 2019 de Saint Laurent
Getty Images

El más reciente lookbook de Versace es prueba de esta miríada de estilos y creaciones inspirados en la tendencia cowboy. Con sus tradicionales elementos del arte barroco, la casa de moda también mezcla la herencia cultural del viejo oeste, incluyendo en su catálogo botas de vaquero, cinturones de chapa y anillos dorados en forma de herradura. Quizá el haberle confeccionado el traje vaquero de cuero rosado a Lil Nas X para los Grammy celebrados este año será prueba irrefutable de la relevancia de la iconografía del cowboy actualmente, cuando además evidencia esta redefinición del estereotipo conservador del macho en la cultura que desmitifica estos ideales. Se trata también de un artista abiertamente queer que incluye en su música y en el concepto visual que la acompaña elementos del western, creando nuevas posibilidades de sentido a través de la intersección de géneros musicales que parecen tan opuestos como el rap y el country. 

Lil Nas X en los Grammy 2020
Lil Nas X en los Grammy 2020 con su traje Versace
Getty Images

En esa alfombra roja también brillaron otros artistas queer que han asimilado la tendencia cowboy. Este es el caso de Orville Peck, quien con su álbum debut, Pony, llega al mundo mainstream, trayendo consigo toda esa herencia estética del vaquero gay, pero también el sonido de la tradición y las raíces de la música country. Vestido con su indumentaria de cowboy, Peck incluye en su look una máscara que hace referencia al Llanero Solitario, concepto del cual se apropia agregándole flecos para darle el giro queer que forma parte de su misteriosa identidad. Como exponente de un género musical conservador, Peck, junto a otros artistas LGBTQ+ que siguen reivindicando su lugar en el country, tensa los límites de este estereotipo tradicional, alineándose en este renacer del movimiento cowboy, ahora atravesado por todo el imaginario gay que se ha desparramado no solo en el ámbito musical sino también en el de la moda. 

Orville Peck cowboy queer
Orville Peck para British GQ
Louie Banks

Aunque la indumentaria cowboy tradicional ha formado parte del imaginario norteamericano desde el siglo XX, la asimilación de sus principales elementos como el sombrero, las botas o las camisas flannel por parte de la cultura queer es lo que ha vigorizado esta estética, bien sea a través de la música o de la moda, subvirtiendo de esta forma los códigos de género y erotizando lo más vernáculo de la cultura estadounidense. Tal es el caso de la era Joanne (2016) de Lady Gaga, en la que la reapropiación de la tradición desde el código queer y del glam de los setenta funcionó como una manera de elevar la propia cultura, pero también como un medio para incluir la diferencia desde el estilo propio. 

Lady Gaga en su gira mundial de 2017, Joanne
The New York Times

Varios años han pasado desde que la valla del hombre Marlboro fue desmontada en Sunset Boulevard, desde que ese ideal de masculinidad dejó de ser referencia para los defensores del hombre vernáculo, del pistolero temerario y aventurero. Cuando la historia pasa todo por la centrífuga de la revisión y la crítica a contrapelo desafía las herencias y las tradiciones supuestamente inalterables, las ideas se desparraman y permean los ámbitos más insólitos de la cultura, generando nuevas formas de sentido, nuevos sonidos, nuevos estilos y nuevas indumentarias. El resultado es esa fragmentación, son esos retruécanos que transforman la vida y que calan en individuos cada vez más dispuestos a defender la diferencia y a explorar las posibilidades de creación en la moda, en el arte y en la música, sirviéndose de la historia y de la tradición para transgredir los estereotipos y definir su propia noción de masculinidad o feminidad.

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