La estética del sadomasoquismo y su influencia en la moda

La mujer Gucci, ya sabes lo que busca. La mujer Saint Laurent te va a torturar un poco. Puede que tengas sexo, pero hará gotear un poco de cera caliente sobre ti primero.

Tom Ford

La intersección que existe entre la moda y el sexo, entre la industria encargada de producir ropa y un acto que usualmente requiere que sus participantes se desvistan, quizá no sea obvia para todo el mundo, pero los diseñadores como Tom Ford no son todo el mundo. Este punto de encuentro no puede reducirse a algo tan superficial como una minifalda, un escote o cualquier prenda que alguien decidió calificar de sexy, sino que va más allá y juega con las fantasías y las perversiones del consumidor, con sus deseos más primitivos. Es entonces donde entra el sadomasoquismo para las grandes mentes creativas de la industria de la moda como Ford.

Cuando le preguntaron al diseñador de 58 años cómo describiría a la mujer que usa las prendas de dos casas de moda de las cuales fue director creativo en el pasado, fue bastante claro: sí, la mujer Gucci quiere sexo —y si las campañas publicitarias de la marca durante la era de Ford son prueba de algo, sabemos que lo obtiene—, pero la mujer Saint Laurent quiere otra cosa y la naturaleza de sus deseos se aproxima más a la dominación y al sadomasoquismo que a la simple seducción.

Yves Saint Laurent sadomasoquismo
Campaña de Yves Saint Laurent para la temporada otoño-invierno 2003, cuando Tom Ford era director creativo de la marca
Craig McDean

“¿Quién dice?”, fue la pregunta que hizo Don Draper en Mad Men al ser confrontado con la premisa de que el sexo vende. “Tú sintiendo algo es lo que vende, no el sexo”, explicó. Se cree que las campañas publicitarias de Tom Ford no hacen más que convencer al consumidor de comprar un producto mostrándole una fantasía sexual bastante simple, pero un hombre famosamente apodado el “marqués del sexo” sabe y entiende que hay algo más allá de eso. 

Quizá mujeres y hombres desnudos, o la G afeitada en el vello púbico de una modelo tomaron por sorpresa a quienes rápidamente acusaron a Ford de vender sexo, pero lo que se esconde detrás de estas provocaciones es, en realidad, una fantasía de poder. Lo que importa, lo que verdaderamente importa, no es la letra que decora el área pélvica de Carmen Kass, sino el hombre que se arrodilla ante ella.

Ha pasado más de una década desde que Ford dejó de trabajar para Gucci y Saint Laurent, y aunque estas casas han modificado su estética desde entonces, el diseñador sigue llevando esa fantasía de dominación y sumisión al consumidor. Tom Ford, la marca, fue fundada en el 2004 y sentó sus bases sobre aquel mensaje que ahora más que nunca parece estar vigente en la industria de la moda y en el mundo: en la vida todo es sexo, menos el sexo; el sexo es poder.

 Gucci Tom Ford
Campaña de Gucci para la temporada primavera-verano 2003
Mario Testino

Si el sexo está reprimido, es decir, destinado a la prohibición, a la inexistencia y al mutismo, el solo hecho de hablar de él, y de hablar de su represión, posee un aire de transgresión deliberada. Quien usa ese lenguaje hasta cierto punto se coloca fuera del poder; hace tambalearse la ley; anticipa, aunque sea poco, la libertad futura.

Michel Foucault en Historia de la sexualidad 1. La voluntad del saber

El sadomasoquismo no es una actividad nueva y su estética característica no nació ayer. Aunque es difícil trazar sus orígenes exactos, quizá la razón detrás de esa ambigüedad sea precisamente lo que hace que vestir acorde a su estilo resulte fascinante. El motivo por el que es tan complicado descifrar dónde y cuándo el sadomasoquismo se convirtió en algo legítimo es porque por años la vergüenza y el prejuicio llevaron a las personas a borrar, negar y condenar cualquier registro de esta práctica erótica. Antes tan reprimida, esta estética ahora podría interpretarse como una manera de hacer una declaración de rebeldía, de colocarnos “fuera del poder” de la sociedad.

Campaña de Tom Ford sadomasquismo
Campaña de Tom Ford para la colección otoño-invierno 2017
Tom Ford

Si bien es cierto que hablar del sexo y su represión —al igual que incorporar en la vestimenta los códigos estéticos que caracterizan una práctica erótica— podría colocar al individuo fuera del poder, el sadomasoquismo no se deshace de este completamente sino que lo transforma en una especie de juego. Según Michel Foucault, filósofo francés, alcanzar un punto en el que seamos libres de todas las relaciones de poder es imposible, pues tal cosa no existe, pero sí podemos idear una estrategia alrededor del poder para cambiarlo: “No significa que siempre estamos atrapados, sino que siempre somos libres, […] que siempre existe la posibilidad de cambiar”.

El sadomasoquismo es una práctica que demuestra que el poder realmente no es malo, sino que al igual que otras cosas en la vida, como el amor o el sexo, se trata de un juego de estrategia. La dominación no es unilateral, los roles siempre pueden invertirse y quien se encuentra en desventaja hoy podría ser el poderoso mañana. Sin embargo, a pesar de que esto aplica para todas las relaciones de poder estratégico, el sadomasoquismo posee una característica diferenciadora: en otras circunstancias amorosas o pasionales, las estrategias del juego no representan más que el medio para un fin, que es el acto sexual; pero esta práctica erótica, en cambio, opera dentro del sexo. Por esta razón, el filósofo francés sostenía que el sadomasoquismo era la erotización del poder estratégico.

 Phil Poynter
Fotografía tomada por Phil Poynter en el 2006 para GQ
Phil Poynter

El sadomasoquismo, entonces, podría entenderse como un juego o, en las palabras de Foucault, “una actuación de las estructuras de poder a través de un juego estratégico que es capaz de dar placer sexual o corporal”. Se trata de una actividad con reglas, en la que existe la posibilidad de que los roles sean invertidos. Incluso cuando los papeles del/la amo/a y el/la esclavo/a son fijos, hay un acuerdo entre ambas partes, las cuales, sin importar quién domine a quién en determinado momento, ejercen poder una sobre la otra debido a que siempre tienen algo que perder. 

El sadomasoquismo no es una relación entre el (o la) que sufre y el (o la) que inflige sufrimiento, sino entre el maestro y la persona sobre la cual este ejerce su dominancia. Lo que les interesa a quienes practican el sadomasoquismo es que la relación es, al mismo tiempo, regulada y abierta. Se parece a un juego de ajedrez en el sentido de que uno puede ganar y el otro perder. El amo puede perder en el juego si descubre que no es capaz de responder a las necesidades y exigencias de su víctima. Por el contrario, el sirviente puede perder si no cumple o no puede soportar el desafío impuesto por el maestro.

Michel Foucault en Subjetividad y verdad
Kylie Jenner sadomasoquismo
Edición de diciembre 2015/enero 2016 de Interview Magazine con Kylie Jenner en la portada fotografiada por Steven Klein
Interview Magazine

La industria de la moda —la cual, recordemos, tiene una relación simbiótica con la cultura mainstream— encuentra inspiración en la diversión que naturalmente implica un juego de poder estratégico como lo es el sadomasoquismo y en la rebeldía que conlleva vestir acorde a un estilo previamente escondido y condenado por personas e instituciones. Es por esta razón que ahora los códigos estéticos del sadomasoquismo pueden encontrarse en casi todos los rincones —si no todos— de la cultura popular, algo que el escritor Peter Tupper señala en su libro A Lover’s Pinch: A Cultural History of Sadomasochism:

El sadomasoquismo se ha extendido a una cultura más grande. Cambia los canales de televisión, hojea las revistas, haz clic en la web. Los héroes y los villanos visten patente y cuero negro. Las dominatrices con látigo venden de todo, desde autos hasta mentas para el aliento. Los artistas pop cantan sobre el dolor mezclado con placer, el cautiverio, la sumisión y la dominación. Cada diseñador de moda tiene su momento de elegancia con botas de tacón alto, abrigos oscuros y brillantes, y corsés con cintura de avispa. La estética está tan omnipresente que apenas se nota, es casi un cliché.

Peter Tupper en A Lover’s Pinch: A Cultural History of Sadomasochism
Constance Jablonski
La modelo Constance Jablonski fotografiada por Giampaolo Sgura para la revista Antidote en el 2011
Antidote

No hay que ir demasiado lejos para reconocer la estética del sadomasoquismo en el contenido que consumimos. Basta con pensar en un joven manos de tijera que viste un arnés y cuero negro de pies a cabeza, y que no puede más que hacerles daño a otros cuando intenta tocarlos; o en el vestuario que Kym Barrett diseñó para las películas de Matrix, en las cuales la gente participa en peleas de artes marciales usando atuendos negros de patente o cuero. Esta estética, antes mal vista y escondida de cualquiera que no perteneciera a la subcultura de los Sadie Mazzies —como se les empezó a llamar en secreto durante los años treinta a aquellas personas que disfrutaban de esta aproximación poco convencional al sexo—, ahora difícilmente es algo que no pueda encontrarse en una revista, en la televisión o en una pasarela.

No fue una forma de vender sexo lo que la moda descubrió en el sadomasoquismo, sino una manera de hacer tangible la fantasía de un juego de poder, de permitir, en las palabras de Don Draper, que el comprador sienta algo. Además, en una práctica como esta la industria de la indumentaria encontró un reflejo:

Hay infinitas variaciones, innovación, experimentación, transformación. Los débiles se vuelven fuertes, los viejos se vuelven jóvenes, los hombres se vuelven mujeres, las mujeres se vuelven hombres, el dolor se vuelve placer, el encierro se convierte en libertad. Este es un laboratorio para desarrollar nuevos placeres e intimidades que no se pueden obtener de otra manera.

Peter Tupper en A Lover’s Pinch: A Cultural History of Sadomasochism
Madonna fotografiada por Steven Klein
Madonna fotografiada por Steven Klein para la edición de verano de 2014 de V Magazine
V Magazine

¿Qué es la moda si no un medio de expresión, de transformación, de descubrimiento o de experimentación? A través de la indumentaria podemos conocernos, entablar un diálogo con nuestro cuerpo y nuestros gustos, saber quiénes somos, quiénes nos gustaría ser y quiénes podríamos ser. La vestimenta nos permite explorar nuestra identidad y las diferentes facetas que la conforman, nos hace capaces de ser alguien hoy y otra persona mañana. Podría decirse que, a su manera, la moda también es un laboratorio para desarrollar o quizá conectar con aquellas dimensiones de nuestro ser a las cuales no tenemos acceso de otro modo.

A Michel Foucault le llamaba la atención el modo en que el sadomasoquismo dispone del cuerpo, pues en dicha práctica las personas se valen de este y sus “partes extrañas” para obtener placer. La moda, ciertamente, también necesita del cuerpo, y más allá de simplemente cubrirlo con trapos y telas, los creativos de esta industria buscan jugar con él, explorarlo, transformarlo y deconstruirlo, aprovechando cada centímetro o “parte extraña” para hacer arte.

Alessandro Lucioni
Versace otoño-invierno 2019 menswear
Alessandro Lucioni

Hay pocas, si alguna, líneas rectas en la historia del BDSM. La metáfora más adecuada para [describir] este campo particular del esfuerzo humano […] es una casa de espejos. En lugar de una imitación directa, hay interminables reflexiones, distorsiones e imitaciones.

Peter Tupper en A Lover’s Pinch: A Cultural History of Sadomasochism

¿No estaba Coco Chanel rodeada de espejos cuando observaba sus desfiles? Interminables reflexiones y distorsiones de sus diseños eran las que veía Mademoiselle entonces y las que aún se pueden ver hoy en las pasarelas. Modelos caminan usando prendas cuya invención quizá no habría sido posible de no ser por los pasos que dieron otros antes. La moda es un ejercicio de creación a través de la reinterpretación que da origen, también, a interminables reflexiones, distorsiones e imitaciones.

Bajo esta óptica, el hilo que une el sadomasoquismo con la industria de la moda es uno bastante fuerte, por lo que la decisión de incluir los códigos estéticos de esta práctica erótica en diseños de alta costura o prêt-à-porter de pronto no parece demasiado espontánea.

Si bien hoy en día son más los directores creativos que no temen en hacer evidentes los paralelismos que existen entre la industria y el sadomasoquismo, en años anteriores el uso del cuero y la creación de prendas que tomaban prestado el estilo característico del bondage eran motivo de controversia.

Atelier Versace otoño-invierno 2013 alta costura
Atelier Versace otoño-invierno 2013 alta costura
Marcus Tondo

Cuando Gianni Versace presentó una colección que adoptaba esta estética para la temporada otoño-invierno 1992, las críticas fueron duras y llevaron a James Servin a escribir un artículo al respecto para The New York Times. Chic Or Cruel? era el título del texto y la pregunta que muchos se hacían entonces. Sin embargo y a pesar de los comentarios negativos que se hicieron acerca de la colección, llamada Miss S&M, el mundo estaba empezando a convertir este estilo en el cliché del que hablaba Peter Tupper.

1992 fue el año en que Madonna lanzó su disco Erotica, el cual acompañó con la publicación de Sex —el polémico libro por el que la cantante fue criticada— y una forma de vestir que hacía referencia a la estética del sadomasoquismo. También fue el año en que se estrenó la película Batman Returns, en la que la Gatúbela de Michelle Pfeiffer aparecía por primera vez, vistiendo un ceñido traje de látex y una máscara que recordaba a la indumentaria BDSM. Finalmente, fue el año de aquel controversial desfile que, a pesar de haber sido odiado por unos y amado por otros, despertó la curiosidad del mundo.

Versace otoño-invierno 1992
Versace otoño-invierno 1992
Condé Nast Archives

El diseñador estaba complacido con lo que había logrado: “¡Imagínense! Mostramos una colección similar en Dallas hace 15 años y nos encendieron las luces. Les había parecido desagradable. Dijeron que esta ropa pertenecía a los bares de fetichistas. Y ahora, anoche, ¡había 200 socialités vistiendo bondage!”, dijo luego de una gala benéfica que tuvo lugar poco después del desfile.

Versace fue acusado de hacer ropa de mal gusto y, como Tom Ford, de vender sexo, pero al ser confrontado con esta presunción, el diseñador aclaró: “Ninguna de estas chicas está a la venta. Es una fantasía”. Gianni Versace lo entendía y luego de su muerte, la casa de moda se aseguró de que el resto del mundo lo entendiera también. Su sucesora, Donatella, sigue encontrando inspiración en el sadomasoquismo, por lo que esta estética se ha convertido en uno de los sellos de la marca.

Alexandro McQueen 2011
Alexander McQueen otoño-invierno 2011
Yannis Vlamos

No obstante, Versace no fue el primero en introducir elementos sadomasoquistas en la industria de la moda ni esta fue influenciada únicamente por películas de Tim Burton o de las hermanas Wachowski. Casi dos décadas antes del polémico año de 1992, Vivienne Westwood y su exnovio Malcolm McLaren administraban una pequeña tienda llamada Sex en la calle King’s Road en Londres. Allí vendían prendas diseñadas por ambos y confeccionadas por Westwood, además de ropa y accesorios fetichistas. El establecimiento era el paraíso de las subculturas en la capital inglesa, pues era un punto de reunión para los outsiders y un sitio para comprar piezas inspiradas en el punk o en el sadomasoquismo.

Pocos años después, Westwood inventó el traje bondage, el cual consta de una chaqueta y unos pantalones —los cuales tienen un cierre en la entrepierna y correas que restringen el movimiento— sin género que combinan elementos estéticos del ejército, la ropa fetichista y los moteros, quienes muy probablemente sean los culpables de que el cuero terminara por colarse y popularizarse en la industria de la moda.

Givenchy 2012
Givenchy otoño-invierno 2012
Monica Feudi

Antes asociado con militares, aviadores, trabajadores, policías y pilotos de carreras, el cuero, específicamente la chaqueta de cuero, se convirtió en un sello en la vestimenta de quienes rechazaban los tiempos de paz, como los moteros. Luego, la apariencia de estos fue adoptada por hombres homosexuales para lucir como los íconos de la masculinidad que rompían la ley, como Marlon Brando en The Wild One; también para disuadir a los enemigos y protegerse de ellos; para camuflarse entre los moteros heterosexuales; y finalmente, para seducir, pues, de acuerdo a Quentin Crisp, los homosexuales fantaseaban con que los amara un pilar de la masculinidad. Por eso, según explica Peter Tupper, “el look llegó por lo menos a tres grupos: moteros, hombres homosexuales que usaban cuero, pero no practicaban el sadomasoquismo y hombres homosexuales que sí lo hacían”.

Fue así, entonces, como terminó de establecerse la subcultura leather, la cual incluía tanto a gays como heterosexuales y sadomasoquistas. Sobre esto, Thom Magister escribió en One Among Many: The Seduction and Training of a Leatherman: “Los mundos de los sadomasoquistas, los leathermen y los moteros estaban entrelazados. Los moteros gays y los heterosexuales se mezclaron sin mucho conflicto. Lo que tenían en común era el cuero, las motocicletas Harley-Davidson y los recuerdos dolorosos de una guerra que los había desfigurado física, emocional y espiritualmente”.

Gareth Pugh
Gareth Pugh primavera-verano 2019
Luca Tombolini

Cuero, correas, látex, arneses, máscaras y tacones altos. La estética del sadomasoquismo es un collage que la moda ha hecho suyo con mucho gusto, alimentándose también de referencias artísticas y cinematográficas. El trabajo de Allen Jones —conocido por transformar a mujeres en piezas de mobiliario a través de sus esculturas eróticas— ha servido de inspiración para editoriales como el de la revista Interview con Kylie Jenner. Mientras tanto, la película The Night Porter de Liliana Cavani es una obra que se ha vuelto referencia para diferentes diseñadores.

La cinta, un drama erótico con elementos sadomasoquistas, ha adquirido un estatus de culto en la actualidad. Si bien fue prohibida en diferentes países al momento de su estreno, en la última década se ha convertido en el motivo detrás del trabajo de diseñadores como Marc Jacobs y Gareth Pugh. “Si hay una imagen que personifica la perversión de los años setenta, es Charlotte Rampling en The Night Porter (1974) de Liliana Cavini [sic]”, escribe Peter Tupper. El autor adicionalmente explica que los protagonistas del filme “son la ambigüedad del deseo en un mundo que solo quiere blanco y negro”. Visto así, el hacer referencia a una película como esta quizá busque tener el mismo efecto de transgresión deliberada que implica hablar de sexo en un mundo que lo reprime.

De izquierda a derecha: Gareth Pugh otoño-invierno 2017, Charlotte Rampling en The Night Porter (1974), Louis Vuitton otoño-invierno 2011
Yannis Vlamos/AVCO Embassy Pictures/Monica Feudi

La industria de la moda tiene un afán por romper las reglas, ya sea hablando de sexo, vistiendo de forma erótica, presentándole grises a un mundo que solo quiere ver blancos y negros, o haciendo que las modelos caminen por las pasarelas usando prendas que no necesariamente califican como ropa. Esto último es lo que hace Rei Kawakubo, la diseñadora detrás de Comme des Garçons.

Conocida por algunos como la madre de la deconstrucción, Kawakubo nunca se ha planteado confeccionar prendas de vestir: “Limitaría demasiado mi mente si solo pensara en hacer ropa”, afirmó. Lo que hace la diseñadora es poner sobre el cuerpo objetos que no fueron concebidos para ser vestidos, sino para ser mostrados. Sin embargo, que la creativa japonesa no se apegue a ninguna fórmula de lo que normalmente se entiende como moda no quiere decir que no explore los temas que les interesan a otras figuras de la industria.

Kawakubo, también, ha llevado el sadomasoquismo a sus diseños, lo cual es hasta poético. Michel Foucault pensaba que esta práctica consistía en la desexualización del placer debido a que los individuos usaban otras partes de su cuerpo para satisfacerse. Por otro lado, lo que hace la directora creativa de Comme des Garçons se presenta en forma de colecciones, pero difícilmente podría llamarse moda. Entonces, el sadomasoquismo vendría siendo una práctica sexual que se traduce en desexualización y Kawakubo hace moda que realmente es antimoda. Por esta razón, el tema del BDSM le cae como anillo al dedo a la diseñadora.

Comme des Garçons 2014
Comme des Garçons primavera-verano 2014
Fabio Iona

Así como Rei Kawakubo jugó con los elementos del bondage para su colección primavera-verano 2014 y los hizo suyos, otros diseñadores también han incorporado la estética del sadomasoquismo en sus creaciones. Sarah Burton lo hizo para Alexander McQueen durante la temporada otoño-invierno 2011, contrastando las líneas suaves y femeninas con la dureza de los arneses. Dolce & Gabbana lo hizo para el otoño de 2007, cuando las modelos desfilaron al ritmo de la música de Madonna para subrayar el mensaje que querían transmitir los diseñadores con su ropa. Estos no han sido los únicos y tampoco lo serán, pues ahora más que nunca las personas quieren hablar de sexo, romper las reglas y desafiar el poder, incluyéndonos.

La industria de la moda, queramos o no, nos alcanza a todos tarde o temprano, por lo que antes de preguntarnos quién se vestiría como un sadomasoquista para salir a la calle, deberíamos fijarnos en nuestros armarios y determinar si tenemos chaquetas de cuero, bralettes con detalles de tiras, chokers, medias de red o pantalones de cuero, porque muy probablemente la respuesta a esa pregunta seamos nosotros mismos. Nunca nos vendieron sexo, nos vendieron una fantasía de poder y todos la compramos.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

TheA logo
Más artículos
La moda como una herramienta política