El estrés estaba destrozando mi cara y el aceite de árbol de té me curó

Después de intentarlo todo, esta fue mi última opción

Todos tenemos días en que las cosas se nos vienen abajo y todo parece estar en nuestra contra. Esos días pueden convertirse en semanas y esas semanas en meses. Cuando tienes 23 años, estás terminando la universidad, trabajas, tienes problemas con tu familia, una relación sentimental complicada y para variar vives en la ciudad de Saltadilla —es decir, Caracas, Venezuela—, sentirte al borde del colapso no es una sorpresa.

Con tantas emociones juntas acumuladas y sin querer drenar ninguna con nadie, mi cuerpo reaccionó somatizando todo. Comenzó por la espalda y un poco más abajo con uno que otro granito, luego pasó al pecho y después empezó a aparecer en mi cara un acné desmedido como si estuviera regresando a la pubertad.

Acné

El Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel (NIAMS, por sus siglas en inglés) define el acné como “un problema médico que afecta las glándulas sebáceas y los folículos pilosos”. Básicamente tus poros se cierran por la cantidad de grasa que estás produciendo y aunque no es un problema de salud grave, puede manchar tu piel.

Esta condición espantosa aparece cuando somos adolescentes por los cambios hormonales que atravesamos durante esa etapa, pero también puede reaparecer en adultos jóvenes, ya sea durante el Síndrome Pre-Menstrual (SPM), por el uso de anticonceptivos o estrés.

Acné por estrés

A veces subestimamos nuestro cuerpo y la manera en cómo nos comunica que algo no está bien, y optamos por dejarlo pasar. El estrés produce distintos síntomas en nosotros que se clasifican en: conductuales, psicológicos y físicos, y es en este último que entran los problemas dermatológicos como el acné.

De hecho, existe una investigación realizada por el Departamento de Dermatología de la Universidad de Stanford en estudiantes con un rango de edad entre 22 y 25 años para demostrar cómo la reducción del sueño y los cambios de alimentación producidos por el estrés existente durante las evaluaciones estaban directamente relacionados con el empeoramiento del acné.

Como les comenté al principio, estaba teniendo una serie emociones fuertes en cada uno de los ámbitos que conforman mi vida. Todo esto me dominó por completo y, además de todos los problemas que tenía, no descansaba y prefería no comer. Por supuesto, mi cuerpo colapsó.

Imagínense el mar de inseguridades en el que nadamos las mujeres a diario teniendo que aceptarnos cada día un poquito más como para tener que lidiar con más estrés, problemas emocionales y por si fuera poco tener acné. 

Estaba viviendo una pesadilla. No podía maquillarme porque, aunque tapaba un poco las manchas, aplicar la base en el resto de los granos para mí era particularmente desagradable. Sin embargo, la inseguridad que me producía no tener ni una gota de maquillaje me consumía, lo cual supuso una preocupación más.

Fui a terapia para tratar de calmar mi ansiedad y problemas emocionales, y también al dermatólogo, en donde me recomendaron una serie de productos antisépticos que debía agregar a mi rutina facial para ver algún tipo de mejora, pero que eran agresivos con mi piel y hacían que mi cara se sintiera irritada todo el tiempo. Como era de esperarse, tampoco mejoré. Ahora no podía ni siquiera pensar salir sin maquillaje porque tenía muchas más manchas y el acné no se detenía. En resumen, fue como una segunda —y horrible— pubertad.

Llegó un punto en el cual me había resignado, muy amargamente, a tener la piel así porque simplemente nada funcionaba. Ni lo que veía en Internet. Ni lo que me mandaba el dermatólogo, al que dejé de asistir cansada de no ver ningún resultado positivo o por lo menos un mínimo avance.

Como fanática del maquillaje y del cuidado de la piel —cosa que hacía más traumática mi experiencia— sigo a una cantidad importante de bloggers de belleza, entre ellas la venezolana que ahora reside en México, Rosshanna Bracho (@mm.blogg). Paseándome por su canal encontré un video titulado: ÁDIOS MANCHAS Y ÁCNE – ACEITE DE ÁRBOL DE TÉ. Nunca había escuchado o leído sobre ese producto, así que le di clic al video y luego empecé a buscar todo acerca del aceite de árbol de té.

Aunque en el video ella comentaba que el aceite de árbol de té era para manchas puntuales, quise probar sin demasiadas expectativas, pero sí con un poquito de esperanza, a ver cómo funcionaba en mi piel, que es de tipo mixta a grasa. Por supuesto, fue un tema encontrar el producto en Venezuela porque básicamente no existía. Le conté a mi mejor amiga, que está en otro país, y ella lo compró y me lo regaló porque conocía de cerca toda la travesía por la que había pasado mi piel y lo mucho que me afectaba. Una vez que tuve el aceite y empecé a usarlo, me curé.

Aceite de árbol de té

Su nombre científico es melaleuca alternifolia y es de origen australiano. Se llama así porque el capitán James Cook, de regreso de una de sus expediciones, encontró que sus hojas aromáticas servían como sustituto para el té. Años después, el Dr. Arthur Penfold descubrió los componentes químicos de las hojas del árbol de té, encontró que tenían propiedades antisépticas y empezó a utilizarlas como aceite esencial para tratar las infecciones por heridas.

El aceite de árbol de té es de uso tópico. Sus propiedades antimicrobianas han tratado hongos en las uñas, pie de atleta, infecciones vaginales y acné.

En cosmética favorece sobre todo a las pieles grasas y viene en dos presentaciones: una pura y otra diluida. Es importante que sepas que por nada del mundo deberías aplicarte la primera versión directamente en la piel porque es abrasiva y podría quemar tu rostro. Por eso antes de utilizarlo, incluso en su versión diluida, pruébalo en otra parte de tu piel —muñecas o cuello— para ver cómo reacciona.

En mi caso, utilicé el aceite de árbol de té de manera localizada, es decir, luego de hacer la prueba para saber cómo reaccionaba mi piel a su potencia, tomé un hisopo y puse el aceite en los lugares donde tenía los granitos más recientes antes de irme a dormir. En la mañana observé que estaban desinflamados y seguí haciéndolo por un par de días hasta que vi que desaparecían.

Me sorprendí por la manera tan rápida en la que el aceite de árbol de té había hecho efecto, así que decidí integrarlo en mi rutina diaria. Desmaquillaba, limpiaba y exfoliaba mi rostro una vez a la semana, y pasé de utilizar cotonetes en granos localizados a un algodón por toda mi cara, cubriendo también las manchas. Hice esto por aproximadamente dos meses, alternando la rutina a un día sí y un día no porque, insisto, es fuerte y puedes sentir ardor en el rostro.

Luego de cumplir religiosamente mi rutina empecé a ver los cambios que ninguna otra cosa había logrado: mi acné se estaba curando. Las manchas empezaron a desaparecer, mi piel estaba limpia y por fin respiraba, podía maquillarme sin sentir que solo cubría granos horribles y lo mejor de todo: me sentía mejor conmigo misma y podía darme el lujo de salir sin maquillaje sin ningún problema.

El cuidado personal no es una cuestión de narcisismo. Es el tiempo que te dedicas a ti para darte todo el amor que mereces y ser menos dura contigo. Porque no hay nadie que nos exija y señale más que nosotros mismos, y eso también lo aprendí por todo lo que el estrés me hizo pasar.

El aceite de árbol de té curó mi acné, se convirtió en un indispensable dentro de mi rutina y me ayudó a no ahogarme en mi mar de inseguridades. Esto me funcionó a mi, no todas las personas tenemos la misma respuesta sometiéndonos a químicos, por eso es importante consultar a tu médico, pero sobre todo escuchar lo que tu cuerpo te dice. Préstale atención.

Bájale dos al estrés —yo sé que cuesta, es fácil para mí vivir en una angustia y estrés constante—, no es sano. Trata de alimentarte mejor, tomar mucha agua y, por amor a Dios —o en lo que sea que creas—, descansar. Repito, yo sé que no es fácil, a mí también me cuesta, pero tenemos que aprender a cuidarnos, escuchar a nuestro cuerpo y darnos más amor.

Permítete tener por lo menos un día a la semana para consentirte y hacerte un cariñito, tú sabes lo que te gusta así que tú pones tus reglas. Y cada vez que pienses o quieras decirte algo horrible y quejarte de cómo luces, recuerda que este tema de la aceptación y amor propio lleva tiempo, y aunque probablemente de vez en cuando te salgas de tu zona zen y pierdas el control —porque es normal, recuerda que sigues siendo humana—, todo va a ir mejor cuando saques la bandera blanca en la guerra de la autocrítica destructiva e innecesaria.

Por ahora, yo me voy, hay una rutina de belleza que debo continuar. Si después de leer este artículo tienen alguna duda, les dejaré el link del video que yo vi. Ah, y antes de que se me olvide…

Gracias, Rosshanna; gracias, mejor amiga, y gracias, aceite de árbol de té.

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