El color en el vestuario de ‘Rosemary's Baby’

‘Rosemary’s Baby’: la semilla del buen estilo

“¿Cuál es tu película de terror favorita?” fue, por mucho tiempo, una pregunta que me sentía incapaz de responder. No era porque fuese fan del cine de terror y se me hiciera imposible escoger solo una; al contrario, no suelo ver películas de este género porque la gran mayoría recurre a los jump scares y no hay cosa que deteste más que que me asusten de forma abrupta.

La pregunta siempre se quedó al aire y no fue sino hasta que vi Rosemary’s Baby (1968) que pude responderla. Más allá del verdadero temor que produce la primera película de Hollywood de Roman Polanski, del hecho de que es una cinta capaz de dejar a cualquiera pensando por días o de lo bonita que era Mia Farrow en los sesenta, este largometraje también es muy poderoso visualmente.

Parte de esta riqueza visual recae en la dirección de arte y el vestuario. Ambos elementos son usados para contar una historia que si bien se beneficia del sonido y los diálogos, también podría entenderse a partir de las imágenes que en la pantalla aparecen.

Cuando Rosemary aparece por primera vez en la película está usando un vestido blanco, color que simboliza pureza, luz, inocencia y virginidad. Esto, de alguna manera, hace que el personaje nos agrade y nos parezca confiable, aun si no la conocemos. Además, la convierte en la candidata perfecta para llevar al mismísimo hijo del diablo en el vientre.

Paramount Pictures

De todos modos, el blanco no es el color favorito de la protagonista. Luego de demostrar que su idea de remodelar un apartamento es poner cortinas, sábanas y flores amarillas por todo el espacio, además de forrar casi todas las paredes del mismo color, el personaje interpretado por Mia Farrow rápidamente puede ser asociado con el color amarillo, el cual simboliza alegría, calidez y felicidad. A estas alturas, Richard Sylbert, el director de arte de Rosemary’s Baby, y Anthea Sylbert, vestuarista de la película, ya nos convencieron de que la protagonista es una mujer que no merece todo lo que está a punto de sucederle. Sobre esto, la diseñadora de vestuario comentó:

«Roman [Polanski] me dijo: ‘Hagamos que piensen que están a punto de ver una película de Doris Day’. Él quería que todo se viera ordinario. La gente baja la guardia ante lo ordinario […]. No quería que nada sobre esta película pareciera siniestro».

Y así como el vestuario de la protagonista de Rosemary’s Baby suele mantenerse entre los amarillos y el blanco, los otros personajes también tienen colores que los representan. Guy Woodhouse, también conocido como “el peor esposo del mundo”, se inclina hacia los azules. El rojo se asocia con los Castevet, pues es el color de su apartamento y de las prendas que viste Roman Castevet.

Aunque ninguno deja sus colores característicos de lado en ningún momento, a medida que la película avanza, los límites entre sus paletas de colores se hacen más flexibles. Cuando los Castevet adquieren mayor presencia en la vida de los Woodhouse, Rosemary comienza a usar azules y rojos en momentos clave.

El azul representa la pérdida de control que tiene la protagonista sobre su vida. El color siempre aparece en ocasiones que determinan que el futuro de Rosemary está en manos de los demás, como cuando Minnie Castevet le obsequia un collar o cuando organiza un encuentro con su amigo Hutch, quien nunca llega al lugar.

Con respecto al rojo, Anthea Sylbert lo aprovechó al máximo e hizo una maravilla con él. El color que suele asociarse con el peligro, el erotismo y la sangre es esencial en los momentos que más tienen que ver con la presencia del diablo.

Esto empieza cuando Guy sorprende a su esposa con varios ramos de rosas rojas para proponerle tener un hijo, por lo que Rosemary, muy emocionada, se prepara para tener una cita con él, sin saber que su esposo la vendió al diablo y todo esto no es más que un engaño.

Para su cita con el diablo, Rosemary usa un traje rojo que rápidamente se convirtió en uno de los más icónicos de la película. Su color alude al carácter maligno, peligroso y sexual del momento. Luego, no vemos a la protagonista de Rosemary’s Baby usar este color de nuevo hasta que el bebé comienza a moverse en su vientre por primera vez. “¡Está vivo! ¡Está vivo!”, es lo que exclama mientras lleva un vestido rojo oscuro con cuello Peter Pan, aunque por como iban las cosas, también pudo haber celebrado con un “Hail, Satan!”.

El outfit final de Rosemary, sin embargo, no exclama glamour, puesto que se trata de una bata de maternidad, pero sí es el atuendo con mayor simbolismo.

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En la escena de esta foto, Rosemary se encuentra paseando por la ciudad mientras espera a su amigo, Hutch. En una de las vitrinas hay una figura de la Virgen y la protagonista, una futura madre, repara en ella por un instante. Segundos después, se encuentra a Minnie y la imagen de la Virgen es rápidamente olvidada. Este momento, lejos de durar mucho, podría pasar desapercibido, pero sirve como presagio para el final de la película.

Es por eso que cuando Rosemary usa su bata de maternidad en la escena en la que ve a su hijo por primera vez y sucumbe ante el instinto maternal, podemos reconocer los colores de su vestimenta. El famoso atuendo es azul y blanco, como el de la Virgen María.

Fue así entonces como Richard y Anthea Sylbert, cuñados en la vida real, lograron un resultado hermoso. Rosemary’s Baby es una obra maestra con mensajes que van mucho más allá de una simple historia de terror y absolutamente todas las personas deberían verla al menos una vez en sus vidas.

Su influencia en la cultura pop también es innegable: el corte pixie de Mia Farrow marcó una era, la canción Rosemary’s Lullaby fue parte del soundtrack del desfile de Prada de la temporada otoño-invierno 2006 y, más recientemente, la serie Chilling Adventures of Sabrina (2018) hace varios guiños a la película de 1968.

Así que si no tienen planes para el día de hoy, ¿qué están esperando? ¡Vean este clásico!

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