La cultura del cigarro en la moda no es tan importante en el 2017

La cultura del cigarro en la moda no es tan importante en el 2017

La moda y el cigarro han mantenido una relación de amor y odio incluso antes de que las mujeres comenzaran fumar. Primero, un alboroto social para hacer las paces con el hecho de que las mujeres sí podían adoptar el hábito del tabaco sin rayar en un “acto inapropiado”, y después toda una estrategia publicitaria para promover la liberación femenina con cigarros “exclusivos para mujeres”.

Pasamos de 1923, cuando solo el 5% de los cigarros en el mercado eran comprados por mujeres, a comienzos de 1930, cuando la industria de tabaco se lucró bastante con los cigarros femeninos de Virginia Slims, para terminar en los 90’s, cuando comenzó el declive del tabaco como actividad extracurricular glamurosa.

En un historial tormentoso, la mayoría del tiempo, parecía que la moda seguía su ejemplo, hasta que las imágenes de modelos raquíticas nadando en humo y café negro dejaron de ser tan interesantes a finales de los 90’s.

Y es que no hace falta remitirnos a los números, que sí existen, para darnos cuenta que nuestra fascinación por los cigarrillos ha ido disminuyendo. A mediados del siglo pasado, fumar en la pantalla grande era un acto casi omnipresente, después se convirtió en un símbolo para parecer sofisticado, rebelde y cool, y ya para nuestros tiempos, incluso ha sido utilizado para marcar la personalidad de un villano, enmascarar la muerte y decadencia o representar una crisis emocional. No es un recurso para enaltecer a los personajes al estilo de los 60’s, ahora se acerca más a un hábito de los nerviosos e infelices.

El verdadero movimiento para ensombrecer la imagen del cigarro en una industria que lo había tachado como algo glamuroso por casi 20 años comenzó a principios del 00’s.

Después de que los excesos de los 80’s y 90’s pasaron factura, cambiando el rock and roll por entierros y visitas al hospital, el comienzo del milenio borró la idea del estilo de vida vicioso. Modelos como Miranda Kerr, Heidi Klum, Tyra Banks y Gisele Bundchen cambiaron los clubs por gimnasios y la comida orgánica; la meditación y el modelo de día activo se convirtieron en algo más cool que los excesos que traía consigo la vida nocturna.

Una nueva Era cambió la perspectiva que tenía la industria de la moda del tabaco. Con pioneras como Christy Turlington, conocida por todos por sus hábitos con el cigarro, se convirtió en la protagonista de un movimiento de la moda para dejar de fumar; después de que su papá muriera de cáncer de pulmón y ella fuese diagnosticada con etapa temprana de enfisema.

Sin embargo, aun en el 2017 las editoriales y campañas con modelos fumando siguen existiendo. Sí han disminuido, pero una fuerza tan masiva y global, que además está asociada con la rebelión femenina, es difícil de erradicar.

Hace un siglo, una mujer prendiendo un cigarro en público era desafiante en todos los niveles que conocemos: tanto por las reglas sociales, como por las de género y clase. Así que incluirlos en la industria como símbolo de protesta y rebeldía era un mensaje que la moda definitivamente quería expandir. Fue un movimiento de empoderación femenina que pegó, hasta el punto de que es normal que el concepto surja de vez en cuando en la actualidad.

Algo así como un throwback irónico a un momento en que las políticas de identidad y las discusiones de género eran tan comunes en las publicaciones de moda como las etiquetas de diseñador.

Ahora, un siglo después, lo que una vez fue un accesorio de rebeldía y revolución compite con los estándares que el 2017 tiene. Fumar ya no es rebeldía, encender un cigarro no reta al sistema, ni promover el tabaco garantiza titulares escandalosos; porque el cigarro en la industria es una demostración mundial de hasta qué punto la estética de la moda se ha desprendido de la conciencia pública.

Así que una musa con adicción al cigarro, al estilo Kate Moss en 1995, no es un gran acontecimiento en el 2017. 

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