Dolce & Gabbana debe tener superpoderes para poder sobrevivir a sus controversias

Dolce & Gabbana debe tener superpoderes para poder sobrevivir a sus controversias

Cuando hablamos de Dolce & Gabbana, no tenemos ni la menor idea de por dónde comenzar.

Podríamos probar las aguas señalándolos por ser la firma que más ha intentado mezclarse con el grupo generacional que se hace llamar millennials, con pasarelas forzadas que reúnen a Maluma y a todos los influencers que han tocado las plataformas sociales de Internet en un mismo desfile; porque ellos creen que eso es todo lo que nos importa.

O quizás podríamos comenzar señalando la ironía de sus directores creativos, Domenico Dolce y Stefano Gabbana, que se han ganado más el odio que el amor entre sus seguidores, gracias a las controversias y la prohibición del medio en sus desfiles.

Porque ellos son los diseñadores con más tendencia a poner a los editores y medios importantes en la lista negra de sus pasarelas, solo por comentarios que no se alinean con su pensamiento crítico. 

La censura es un privilegio que deciden usar a menudo. Sobre todo cuando no están siendo sarcásticamente atorrantes con sus autoboicoteos.

Pero aún cuando intentamos contar todas sus hazañas, en estos últimos 33 años, todavía nos cuesta entender por qué en medio de la tensión política y las controversias, Dolce & Gabbana encuentra la manera de subir sus ventas.

Estamos hablando de la marca que, aunque sus diseñadores son abiertamente homosexuales, manifestaron públicamente su oposición al matrimonio igualitario y sus creencias de cómo debía ser “la familia tradicional”: mamá, papá, hijos.

Entonces, como si no fueran demasiadas declaraciones erróneas para una sola pareja mediática, también se encargaron de decirle al mundo que estaban en contra de que parejas del mismo sexo tuviesen hijos, llamando a los bebés producidos por fertilización in vitro “sintéticos”.

Eso les costó peleas con Elton John y cualquier personalidad con cuatro dedos de frente que decidió enfrentarse a la casa de diseño.

Desde entonces, también le han prohibido a editores de The New York Times, Vanity Fair, W Magazine, WWD, CR Fashion Book, Vogue Italia y Business Of Fashion, entre otros, pisar sus shows en uno que otro punto en el tiempo. Dependiendo de su humor en vísperas de la Semana de la Moda.

Y en los más recientes enfrentamientos, justo cuando habían terminado de pelear con Miley Cyrus, se enfrentaron a una ola de críticas por vestir a la Primera Dama de Estados Unidos y apoyarla en su periodo en la Casa Blanca, después de que la mayoría de sus colegas se habían puesto de acuerdo para no hacerlo.

Sin embargo, volvemos a lo mismo: sus ventas siguen en aumento y nosotras no podemos evitar preguntarnos si tiene que ver con sus esfuerzos sobrehumanos por juntar todo lo comercial y mainstream en colecciones vestidas por influencers venerados por niñas de quince años, o si las controversias ponen a la firma en los titulares de la agenda setting mundial.

Sea como sea, son la excepción de la regla cuando de controversias que arruinan empresas se trata. No importa que tengan un zapato que se llame “sandalias de esclavos” con imágenes anticuadas y racistas de mujeres negras. Todo va bien en Dolce & Gabbana.

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