La rivalidad que no conocías entre Coco Chanel y Elsa Schiaparelli

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A pesar de estar pensada para las mujeres —estas gastan tres veces más en ropa que los hombres—, la industria de la moda es, básicamente, liderada por figuras masculinas. Según una encuesta conducida por Business of Fashion (BOF), solo el 14% de las principales casas de moda son dirigidas por mujeres. Aunque esta cifra es bastante decepcionante, la verdad es que en el pasado la situación era incluso peor. Ahora, al pensar en directoras creativas de importantes marcas, nombres como los de Rei Kawakubo, Miuccia Prada, Donatella Versace, Iris van Herpen, Clare Waight Keller y Sarah Burton vienen a la mente. Sin embargo, en el período de tiempo que transcurrió entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial solo dos mujeres dominaron la escena de la moda en París. Sus amigos las conocían como Coco y Schiap; el resto del mundo, como Gabrielle “Coco” Chanel y Elsa Schiaparelli.

No dispuestas a aceptar el éxito de la otra, entre ambas diseñadoras existía una intensa rivalidad que llevó a la mujer a la que se le atribuye la invención del little black dress a incendiar el traje de su competencia en un baile de disfraces. En Elsa Schiaparelli: A Biography, Meryle Secrest relata que en uno de los últimos eventos antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, Schiaparelli aceptó la invitación presuntamente inocente de Chanel para bailar. Dado que el resto del tiempo ambas mujeres incluso evitaban saludarse, el gesto aparentaba ser uno de tregua. Sin embargo, mientras danzaban, la francesa, disfrazada de sí misma, fue empujando delicadamente hacia un candelabro a su enemiga, cuyo traje que la hacía lucir como un árbol surrealista rápidamente se prendió en fuego, por lo que otros invitados tuvieron que ayudarla a apagarlo, echándole soda a su vestido.

Coco Chanel
Lipnitzki, Roger Viollet—Getty Images

Lo que su rivalidad no las dejaba ver es que, a pesar de que sus orígenes y su forma de abordar la moda fuesen más que evidentemente diferentes, ambas tenían mucho en común. A diferencia de Schiaparelli, Chanel no venía de una familia de aristócratas ni intelectuales. Nacida en Saumur, Francia, la fundadora de la marca con el logo de la doble C tuvo que acostumbrarse a un estilo de vida poco glamuroso que le pedía compartir habitación con sus cuatro hermanos. A sus 12 años, luego de la muerte de su madre, Chanel fue enviada a un orfanato donde, a pesar de haber trabajado sin descanso bajo la supervisión de monjas, dio el primer paso para la construcción de su imperio: aprendió a coser.

Cuando se hizo mayor y abandonó el lugar, empezó a trabajar como costurera y a cantar en cabarés, donde adoptó el sobrenombre por el cual hoy todo el mundo la conoce. Según algunos, el apodo de Coco venía de los títulos de las canciones que cantaba en los clubes, como Ko Ko Ri Ko y Qui qu’a vu Coco, pero de acuerdo con The Atlantic, la misma diseñadora alguna vez comentó que le decían así por cocotte, la palabra que usan los franceses para denominar a la amante que un hombre mantiene a cambio de sexo.

A pesar de sus lujos y reconocidos familiares, Schiaparelli se crió sintiéndose incomprendida por su allegados, quienes eran tan conservadores que no pudieron evitar sentirse preocupados por la diseñadora italiana cuando esta escribió un poemario cuyos temas consideraron poco apropiados. Ante esta situación, sus padres la enviaron a un convento, de donde la creadora de los pantalones culotte se propuso huir, llegando a someterse a una huelga de hambre para lograrlo. 

Elsa Schiaparelli
George Hoyningen-Huene

Una vez de vuelta en casa —y habiendo conocido un mundo parecido al que Chanel vivió de cerca a partir de sus 12 años—, se le presentó la oportunidad de trabajar lejos de su Roma natal. Aunque cuidar a niños huérfanos en una casa de campo en la Inglaterra rural demostró no ser su trabajo ideal —razón por la cual lo abandonaría más pronto que tarde—, Schiaparelli se negó a volver al hogar de sus padres, así que decidió probar suerte en Londres, Nueva York y posteriormente París, luego de que su esposo la abandonara con su única hija. En esta última se integró a un círculo social de artistas, entre los cuales estaban Man Ray, Marcel Duchamp, Edward Steichen, Jean Cocteau, Salvador Dalí —con quien colaboró en numerosas ocasiones— y, por supuesto, Coco Chanel.

“Una infancia sin amor generó en mí una violenta necesidad de ser amada […]. Considero mi éxito una prueba de amor y me gusta pensar que, cuando la gente ama lo que creo, están amándome a mí también, amándome a través de mis creaciones”, le expresó Chanel a la escritora Louise de Vilmorin alguna vez. Aunque seguramente jamás lo habría admitido, este era un sentimiento con el cual Schiaparelli podría haberse identificado, ya que sus padres siempre estuvieron demasiado ocupados en sus propias cosas como para prestarle atención a su hija. Meryle Secrest afirma que la diseñadora era considerada una molestia en casa, por lo cual llegó a negar el parentesco que compartía con sus padres y comenzó a decir que era adoptada.

Si bien la francesa y la italiana venían de entornos diferentes, para el momento en que se iniciaron en la moda ambas habían experimentado tanto la crueldad del mundo —no solo por razones personales sino porque también vivieron la Primera Guerra Mundial de cerca—, como los cambios que este experimentaba en el período de entreguerras. Esos años hicieron evidente que la Nueva Mujer, esa figura que había surgido a finales del siglo XIX, había llegado para quedarse y que la evolución de los roles de género sería una de las cosas que caracterizaría el período interbellum

Lilí Álvarez enseñando una “falda dividida” que Elsa Schiaparelli había diseñado para ella
Getty Images

Habiendo nacido poco antes de la Primera Guerra Mundial, Coco Chanel y Elsa Schiaparelli eran nuevas mujeres que, además de vivir como tales, ayudaron a redefinir la identidad de esta figura a través de la indumentaria, tomando en cuenta lo que ellas entendían como las nuevas necesidades de la mujer. En Fashion Design and Social Change: Women Designers and Stylistic Innovation, Diana Crane propone que “la moda femenina es siempre una declaración sobre los roles de las mujeres y cómo se desempeñan o deben desempeñarse”. Quien entienda esto no encontrará sorprendente, entonces, que Chanel optara por rechazar el uso del corsé en sus diseños y que Schiaparelli le diera algo de qué hablar a la prensa británica luego de que fuese vista usando una “falda dividida”, prenda que el mundo no conocía y que terminó convirtiéndose en los pantalones culotte.

A pesar de que ambas pretendían —y lograron— actualizar el estilo de la mujer moderna, las diseñadoras tenían una forma muy diferente de abordar la moda, lo cual contribuyó al problema que existía entre ambas. Los atuendos de cada una en aquel baile de disfraces eran un reflejo fiel de sus personalidades: mientras que Mademoiselle Chanel fue vestida, pues, como Mademoiselle Chanel, Schiaparelli usó un traje que la hacía lucir como un árbol surrealista. La clave, para la francesa, eran la simplicidad y practicidad; para Schiaparelli, eran la extravagancia y la expresión de la individualidad.

Esta diferencia en la filosofía de ambas también puede notarse en los colores que las caracterizaban y que a veces se usan para darle un nombre al conflicto que existía entre las dos. Muchos hablan de esta pelea como una lucha entre el rosa shocking y el negro, dado que el primero fue un tono de fucsia que Schiaparelli inventó y usó durante toda su vida, y el segundo fue el color que Chanel adoptó de sus días en el orfanato e incorporó a sus diseños, dando pie a la invención del “vestidito negro”.

Encantados por su extravagancia, los surrealistas de la época buscaban colaborar con Schiaparelli, cosa que no apreciaba Chanel, quien buscaba menospreciar su talento y se refería a ella como “esa artista italiana que hace ropa”. Sin embargo, esta expresión escondía un cumplido: artista. En vida, Schiaparelli colaboró con la eternamente debatida visión de la moda como arte cuando habló de su profesión como tal y se llamó a sí misma una artista. 

Independientemente de que ella supiera que tras sus palabras había un elogio para Schiap o de que ella, al igual que la italiana, considerara que la moda era un arte, Chanel era, también, una artista. Más allá de los incidentes pirotécnicos, lo que ambas aportaron a la industria y a la sociedad tiene un valor inmenso que ninguna de las dos pudo haber predicho. Se encargaron de vestir a una nueva mujer con un nuevo propósito y a marcar un antes y un después en la industria, acercando la moda al arte de diferentes maneras.

A pesar de haber competido por el reflector, Elsa Schiaparelli y Coco Chanel dieron los primeros pasos hacia una industria por y para la mujer. Las cifras de BOF demuestran que el camino por recorrer sigue siendo largo, pero gracias a una Schiap y a una Coco tenemos hoy en día un mundo con Miuccias y Donatellas.

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