Cindy de la Mode: hablemos de jeans

Si existe una prenda que nació para modificarse, tiene que ser el jean. 

Por más de que en los años de oro los jeans no salían de los rectos, tubitos y bota ancha, hoy en día gozamos de un infinito catálogo de versiones en denim que harían llorar de la felicidad a Justin Timberlake y Britney Spears. 

Y llenarnos de tela azul las alfombras rojas. 

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Aunque en un principio eran una pieza únicamente vestida por hombres, para ir a trabajar y desenvolverse por el mundo en pantalones más resistentes y cómodos, la entrada forzada de las mujeres a la vida laboral cuando sus esposos se fueron a la guerra nos permitió adueñarnos de los pantalones de denim, que por un tiempo se mantuvieron bajo el mismo diseño. 

No fue sino hasta un par de años después que los hacedores de moda se dieron cuenta de que las mujeres tenían una silueta diferente a la del género masculino que los jeans se convirtieron en una oportunidad de mercado e innovación. 

Así que tomemos como pionero a Calvin Klein y todos sus comerciales escandalosos y controversiales para una sociedad altamente susceptible a los jeans en niñas de 15 años. 

Sin embargo, en la actualidad los jeans son una de las piezas más versátiles y entregadas a las modificaciones que conocemos. Los últimos años se han paseado por el arte de los huecos, con versiones más aceptables conocidas bajo la tendencia de Boyfriend Jeans, y otros modelos más aventureros que juegan con la línea de lo socialmente aceptable. 

Además, los hemos visto con cortes altos y bajos, de diferentes tonos y cada vez con más agregados que tienen como fin alterar al básico que utiliza toda mujer. 

Entre esas propuestas, este año hemos visto más alteraciones, pequeñas, pero bastante populares, que tratan más de jugar con el estilo personal que de exagerar y busca, incanalejarse totalmente de las funciones y diseños de un jean común y corriente. 

Entre ellas:

El veredicto

En líneas generales, todas están aprobadas: primero, porque prefiero esto a los jeans invisibles, y segundo, porque existe una tendencia para cada gusto y estilo personal, que particularmente no pone en riesgo el sentido de la vista de cualquier ser humano que se aproxime a ella.

Y ¿cómo me uno a la tendencia sin afectar a ningún ser humano?

Antes de correr a una tienda, abre tu clóset, sincérate contigo misma y aparta todos los jeans que ya no usas sin otra discriminación más que su frecuencia de uso.  

Velo como tu proyecto sustentable del año. 

Agarra tijeras, un collar o un tinte para tela que pueda ayudarte a confeccionar y modificar dichas prendas sin necesidad de invertir demasiados dígitos en una nueva pieza. 

Si, como yo, te consideras bastante inútil con tijeras entre las manos, apóyate en las maravillas del Internet y presume de tu conciencia sustentable y amigable con el ambiente que recicla antes de comprar compulsivamente.

You’re welcome, climate change.

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