Christian Siriano: alta costura y moda inclusiva para todos los cuerpos

Christian Siriano: alta costura y moda inclusiva para todos los cuerpos

“Todas las personas son bellas. No hay talla, contextura, raza o edad correcta”, escribió Christian Siriano en una carta abierta para Teen Vogue en 2017, indignado por las continuas restricciones y los condicionamientos existentes en la industria de la moda. Y es que desde 2008, cuando fundó su marca luego de convertirse en el ganador más joven de Project Runway, el diseñador ha tenido una filosofía que se inclina hacia la libre creación y hacia un entendimiento del cuerpo no como un objeto para controlar o modificar, sino como un lienzo y un reto artístico. Siendo uno de los defensores más notables de la moda inclusiva, Siriano ha vestido a numerosas personalidades y estrellas de Hollywood con cuerpos tan diversos como los de Oprah Winfrey, Julia Butters o Jonathan Van Ness. 

Jonathan Van Ness vestido por Christian Siriano
Jonathan Van Ness en los premios Emmy 2019, vestido por Christian Siriano
Reuters

El diseñador se viralizó cuando, en la alfombra roja de los premios Óscar de 2019, vistió a Billy Porter con un esmoquin/vestido de terciopelo negro, acaparando la atención de los medios y haciendo una declaración de principios al diseñar para un hombre negro y homosexual que desafiaba las normas de género en un evento tan acartonado y conservador. Aunque desde sus inicios Siriano ha promovido la moda inclusiva incorporando modelos de tallas grandes en sus desfiles o vistiendo a celebridades que usualmente suelen ser rechazadas por otros diseñadores debido a su tipo de cuerpo, fue en ese año que realmente cobró notoriedad en el mundo mainstream por sus arriesgados vestidos.  

 Billy Porter en Christian Siriano
Billy Porter en los premios Oscar 2019
Reuters

Desde muy joven estuvo decidido a incursionar en el mundo de la moda, tanto es así que antes de cumplir los veinte años, Christian Siriano ya había logrado ser pasante de Vivienne Westwood y de Alexander McQueen mientras vivía en Londres, adquiriendo una destreza y una ética como creativo que luego fueron clave para su futuro como diseñador. En una entrevista reciente con la modelo Ashley Graham, explicó cómo esos años en Inglaterra dieron forma a su entendimiento de la moda como un medio de creación que ante todo debe estar libre de restricciones y abierto a la experimentación. Para él, la moda no es algo superficial, sino una herramienta para la expresión individual que nos permite reinventarnos y que ante todo debe ser divertida y estar despojada de constricciones que limitan esa libertad creadora y condicionan al diseñador a vestir solo un determinado tipo de cuerpo o a un grupo social específico. Es sobre esa base que Christian Siriano ha cimentado su modelo de negocios y su filosofía como empresario, promoviendo la confección de indumentaria de alta costura en varias tallas e igualmente incursionando en el mercado masivo al colaborar con marcas como Puma y J.Jill. 

Si bien mandar a confeccionar varias tallas de una misma pieza para un desfile requiere más tiempo y más trabajo, también Christian Siriano ha demostrado que es posible y necesario incluir modelos de diversas siluetas en los shows de alta costura. Progresivamente ha intentado convertir la diferencia en la nueva norma, aunque como explica en su carta para Teen Vogue: “El concepto de ‘reglas’ en la moda siempre me ha parecido un oxímoron […] y para mí, las restricciones son la antítesis del arte”. Por eso lanzarse al reto de crear para todo tipo de cuerpo, raza o género, sin normas ni condicionamientos estéticos, ha sido el elemento que ha diferenciado su marca, pues al vestir a todo tipo de celebridades para las alfombras rojas ha logrado poner en la mesa un tema de conversación frecuentemente zanjado por la industria de la moda: la inclusión.  

La batalla de Versalles
La batalla de Versalles (1973)
Getty Images

En estos últimos cinco años, la presión de las redes sociales y de la opinión pública ha resultado en una progresiva pero lenta apertura de la industria con respecto a temas raciales, de tallas, y de género, pero esa aprensión hacia la diversidad no siempre estuvo presente en los desfiles ni en la confección de indumentaria. En 1973, por ejemplo, Bethann Hardison hizo historia por ser la primera modelo negra de alto perfil que desfilaba en uno de los eventos que supuestamente marcarían un punto de inflexión en la industria de la moda con respecto al tema de la diversidad: la Batalla de Versalles.

En este show organizado por Eleanor Lambert y el curador Gerald Van der Kemp con el fin de recaudar fondos para la restauración del palacio, diseñadores franceses como Yves Saint Laurent, Hubert de Givenchy y Christian Dior se enfrentaron a contrapartes americanos como Anne Klein, Oscar de la Renta, Stephen Burrows y Bill Blass, convencidos de que la moda en Estados Unidos no era más que ropa deportiva. El resultado de esta “batalla” marcó un hito en la industria, ya que los diseñadores americanos se robaron el show al incluir en el desfile a once modelos de color, un número sin precedentes en la historia de las pasarelas, dándole además un aire juvenil y fresco al evento para asombro y deleite del público francés, acostumbrado a la rigidez de sus diseñadores. 

El legendario desfile significó un quiebre en el tradicionalismo impuesto por la industria europea en la alta costura, puesto que estos diseñadores americanos trajeron consigo la influencia de las luchas sociales por los derechos civiles, el multiculturalismo, y la diversidad racial, necesarias para sacudir la escena y dar inicio a un movimiento que se extendió hasta principios de los ochenta y en el que diseñadores como John Galliano y Jean Paul Gaultier decidieron explorar y dejarse influenciar por esta corriente de diversidad que parecía ser definitiva. Sin embargo, la norma y el convencionalismo en la industria volvieron una vez que esta fiebre por el exotismo se aplacó. 

Helmut Lang para Vogue (1995)
Campaña del diseñador Helmut Lang para Vogue (1995)
Steven Meisel

Con las nuevas y menos glamorosas tendencias de los noventa, y una industria dominada prácticamente por hombres blancos, los desfiles empezaron a inclinarse por modelos caucásicas, casi todas provenientes del este de Europa, por lo que las pasarelas se convirtieron en monolitos de homogeneidad racial. De este modo, la diversidad en la moda se hizo cada vez menos frecuente y más restrictiva. No obstante, con el auge de las redes sociales y la transformación política y cultural que trajo consigo el nuevo milenio, la conversación acerca de la moda inclusiva comenzó a cobrar relevancia en el mundo mainstream. Al mismo tiempo, el mercado globalizado y las exigencias del público consumidor cada vez más heterogéneo y demandante se cruzaron con los escándalos mediáticos y las insensibilidades en campañas y diseños de firmas famosas como Dolce & Gabbana, Gucci o Burberry, impulsando este tema lo suficiente como para poner sobre la mesa el problema de la moda inclusiva y transformar la industria paulatinamente.

Desde hace cinco años el tema de la heterogeneidad ha sido incorporado de forma gradual tanto en lo que respecta a las tallas como en lo referente a la participación de personas de color en pasarelas y en posiciones de poder. Según datos recopilados por The Fashion Spot, la proporción de modelos de otras razas en los desfiles más importantes pasó de ser un 15% en 2015 a convertirse en un 35% en 2019. Aunque evidentemente falta mucho por recorrer, el número de modelos de tallas grandes, transexuales y no binarios ha aumentado paulatinamente. Asimismo, la opinión pública ha obligado a las marcas a tomar en cuenta las demandas de los grupos más diversos en sus decisiones creativas, tal es el caso de H&M con su colección para el público musulmán o de Tommy Hilfiger con su sección especialmente dirigida a personas discapacitadas

 Christian Siriano primavera 2019
Christian Siriano primavera 2019
Imaxtree

No obstante, estas transformaciones han sido en su mayoría estéticas y no de fondo. Claramente no es suficiente con que se incluyan modelos de distintas tallas y colores de piel en los desfiles, sino también los cargos importantes dentro de la industria deben ser ámbitos en los que predomine la diversidad y en los que se promueva la moda inclusiva. Quizá la sinceridad de estas iniciativas todavía se ponga en cuestión, pues la apertura hacia un público más diverso por parte de diseñadores y empresarios es más bien tímida y reticente. Aún hoy existen diseñadores que se niegan a vestir a determinadas celebridades por su tipo de cuerpo, aún hoy existe un predominio de mujeres blancas y esbeltas en las pasarelas, y aún hoy hay quienes consideran que la moda inclusiva es solo una tendencia, tal como ocurrió en los setenta. Es por esto que la presencia de diseñadores como Christian Siriano es, entonces, más necesaria que nunca. 

 Christina Hendricks vestida por Christian Siriano
Christina Hendricks en los Globos de Oro de 2010, vestida por Christian Siriano
Associated Press

Después de casi 12 años de fundar su compañía, el ahora mentor de Project Runway se ha destacado por defender cabalmente la diversidad tanto en la pasarela como en las alfombras rojas de los más prestigiosos premios de la farándula estadounidense. Vistiendo a celebridades como Leslie Jones, Whoopi Goldberg o Christina Hendricks, el diseñador no solo reivindica la validez de la heterogeneidad corporal sino que envía un mensaje claro al resto de la industria. La moda, entonces, puede ser una postura política frente a la rigidez, a las normas que hoy están dislocadas de la realidad global y de las exigencias del consumidor; si bien la ropa no cura el cáncer, es un vehículo de expresión individual que al mismo tiempo refleja los valores culturales en determinado momento histórico, es por eso que una prenda representa mucho más que sus atributos estéticos y debe estar hoy en día impregnada de una intención sincera por dar visibilidad a todos los cuerpos, etnias y culturas, tanto en la alta costura como en la moda masiva. 

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